Comparemos las hormigas con los humanos...




Font: http://www.xtec.cat/~lvallmaj/academia/wilson2.htm

E.W. “…Una colonia de hormigas es un superorganismo. Son increíbles, sobre todo algunas de ellas. Son una creación maravillosa, puesto que tienen una serie de comportamientos muy complejos por medio de los cuales cooperan los miembros de comunidad. Utilizan de diez a veinte tipos de señales químicas...”

Edward Wilson, el naturalista


Naturalist”, así es como el biólogo, etólogo, entomólogo Wilson (Birmingham, Alabama, EE.UU., 1929) se ve a si mismo en su autobiografía titulada justamente “Naturalist” (1994). Desde pequeño se sintió cercano de la naturaleza, compartiendo la vida con peces, serpientes, pájaros e insectos. Y a los siete años, pescando en su natal Alabama, perdió su ojo derecho sacando del agua un pez con espinas dorsales; pero con su aguda vista del ojo izquierda pudo observar pluralidad de insectos, especialmente hormigas.

Acabados sus estudios de biología en la Universidad de Alabama, inició formalmente su especialización en el estudio de las hormigas. Incorporado en la prestigiosa Universidad de Harvard (1951), presentó la tesis doctoral sobre la anatomía y fisiología de un determinado género de hormigas. Después, recorrió un buen número de países recogiendo y estudiando sus hormigas, llegando a ser poco a poco una primera figura sobre la taxonomía de estos insectos. 

En 1971 publicó una grandiosa síntesis sobre los insectos sociales, “The Insect Societies”, y en 1990, junto con el mirmecólogo alemán Bert Hölldobler, publicaron “The Ants ”, donde se recoge todo lo que se sabía sobre las hormigas.

Buscando hormigas por todas partes, Wilson observó directamente la destrucción de pluralidad de ecosistemas y la desaparición de bosques primarios. Desde este momento, el compromiso con la conservación de la naturaleza será una constante en su vida. En el libro “Biophilia” introdujo la noción de biofilia para indicar el placer espontáneo que sentimos cuando conectamos con la naturaleza salvaje. Editó, también, un libro colectivo “Biodiversity”; posteriomente y siguiendo con su compromiso, publicó la influyente obra “The Diversity of Life”.

Wilson se centró en la comunicación entre las hormigas; no en la comunicación visual, imposible en los oscuros hormigueros, sino en la comunicación química. Adoptando el concepto de feromona como desencadenante químico de la comunicación entre hormigas, identificó la glándula que las produce y descifró el vocabulario químico de comunicación: constató que hay feromonas que atraen, otras que provocan alarma, otras que comunican la presencia de un cadáver; entre diez y veinte feromonas se emplean en la regulación de la organización social de una colonia.

Las hormigas no aprenden prácticamente nada a lo largo de su vida: desde su nacimiento están programadas, y con un cerebro pequeño como una mota de polvo, llegan a realizar comportamientos muy complejos.


De la etología a la sociobiología
¿El comportamiento animal es resultado de un aprendizaje o bien responde a una preprogramación genética? En la primera mitad del siglo XX y con la psicología conductista (Watson, Skinner), el aprendizaje era considerado el elemento explicativo clave. En la segunda mitad del siglo y con la consolidación de la etología por obra de Niko Tinbergen, Konrad Lorenz y otras, el elemento explicativo clave se ponía en la predeterminación genética. Lorenz aislaba y estudiaba pautas fijas de acción con base genética en diferentes animales; en este contexto, Wilson se sintió estimulado por la obra de Lorenz y buscó pautas fijas de comunicación entre las hormigas y otros insectos.

Si bien la gran mayoría de animales son insectos (del millón y medio de especies conocidas, tres cuartas partes son insectos), Wilson no se conformó con la descripción y explicación del comportamiento de estos, sino que buscó una teoría unificadora que explicara tanto el comportamiento de colonias de insectos sociales como el de las hordas de primates. Este amplio objetivo lo obligó a adentrarse en un estudio general del mundo animal, especialmente de los primates. Esta teoría unificadora constituirá la nueva síntesis que él denominó sociobiología.
La etología explicaba las pautas individuales de acción de animales de diferentes especies: una psicología generalizada. La sociobiología pretendía explicar las pautas sociales de acción de las diferentes especies: una sociología generalizada. La magna publicación de 1975 “Sociobiology: the New Synthesis" es el resultado de esta aspiración. En ella se habla mucho de insectos sociales, pero también otros especiales sociales de vertebrados: aves, mamíferos, ungulados y elefantes, carnívoros y primates. La obra generó polémica inmediatamente: en el último capítulo aplica a las sociedades humanas los mismos principios y planteamientos de orden biológico que había descubierto en el comportamiento animal.
Una de las principales dificultades que tuvo que superar la sociobiología era la explicación de los comportamientos altruistas y cooperativos tan frecuentes en las sociedades animales, dificultad que arrancaba especialmente de la explicación darwinista según la cual la evolución selecciona los genes que inducen a conductas egoístas, no altruistas. Comportamientos que se explicaban haciendo hincapié en la cultura; Wilson los explica recurriendo a la biología. Igualmente, la prohibición del incesto, que se da en todas las sociedades humanas, es explicada por muchos antropólogos como uno a prohibición cultural que obliga a buscar esposas en otros grupos, estimulando intercambios organizados. Según Wilson, al contrario, el incesto ha sido frenado por la evolución, y su prohibición está inscrita en nuestros genes; es producto de la selección natural: el incesto conduce a la degeneración, al empobrecimiento del patrimonio genético. Es una prohibición que también se encuentra en otros mamíferos, así en los chimpancés.



La naturaleza humana
El posterior libro “On Human Nature”, 1978, es un intento de resolver o matizar las críticas de determinismo genético que había provocado su tratado de sociobiología. El ser humano no puede hacer de él mismo lo que quiere, tiene una naturaleza biológica: el conjunto de sus genes. Y todos los seres humanos compartimos las mismas necesidades, impulsos y deseos; cómo todos los animales, estamos programados para hacer unas y no otros cosas.

En oposición a otros darwinianos que ven hoy en el homo sapiens sólo una evolución cultural, Wilson defiende que los seres humanos continuamos evolucionado biológicamente y que no existe necesariamente una unidad de la especie humana. Somos prisioneros de nuestros genes y esta herencia continúa evolucionado; ahora bien, Wilson niega la determinación biológica de nuestras ideas sobre el bien y el mal: nuestros genes predisponen a un determinado comportamiento o a otro.

Pero esta herencia genética está entrelazada con la red cultural que adquirimos con el aprendizaje: nuestra capacidad cultural depende de nuestros genes. Separar lo que es heredado de lo que es adquirido, es decir, trazar la frontera entre naturaleza y cultura, entre ‘nature' y nurture' ‘ (natura y crianza) es una tarea que de momento nos sobrepasa. El comportamiento humano se explica tanto por el patrimonio genético heredado por la evolución biológica cómo por la cultura adquirida.

Del mismo modo que buscó una teoría unificadora explicativa del comportamiento animal, buscó una teoría unificadora de las diferentes ramas del conocimiento. Su libro de 1998, “Conciliense: The Unity of Knowledge”, es una decidida defensa, rompiendo barreras entre disciplinas, de la unidad de la ciencia, del establecimiento de puentes entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, entre la cultura científica y la cultura humanista.



Textos escogido de Edward O. Wilson

1. La sociobiología
«Esto nos lleva al centro del problema teórico de la Sociobiología: ¿cómo puede el altruismo, que por definición merma el éxito individual desarrollarse por selección natural? La contestación es por parentesco: si los genes causantes del altruismo son compartidos por dos organismos a causa de una ascendencia común y si el acto altruista de un organismo aumenta la contribución conjunta de estos genes a la próxima generación, la propensión al altruismo se propagará al sustrato génico. Esto ocurre aunque el altruista haga menos de una solitaria contribución al sustrato genético que el precio de su acto de altruismo.

»He planteado un problema de ética para señalar la esencia de la Sociobiología. La Sociobiología se define como el estudio sistemático de las bases biológicas de todo comportamiento social. De momento, centra su interés en sociedades animales, su población y estructuras, castas y comunicaciones, conjuntamente con toda la fisiología que subraya las adaptaciones sociales. Pero esta disciplina también está interesada en el comportamiento social del hombre primitivo y en sus características de adaptación y organización dentro de las sociedades humanas contemporáneas más primitivas.

»La meta principal de una teoría general en Sociobiología debería ser la capacidad de predecir las características de la organización social, a partir del conocimiento de los parámetros de esta población combinados con la información acerca de los condicionantes del comportamiento impuesto por la constitución genética de las especies.»


2. Características comunes en los insectos sociales
«Los insectos sociales «auténticos», o insectos eusociales, como son denominados de manera más técnica, incluyen a todas las hormigas y termes, así como a las abejas y avispas más altamente organizadas. Estos insectos puede distinguirse como un grupo por la posesión común de tres rasgos: 1) los individuos de la misma especie cooperan en el cuidado de los jóvenes; 2) hay una división reproductora del trabajo, con individuos más o menos estériles trabajando en beneficio de los compañeros de nido fecundos; y 3) hay un solapamiento de al menos dos generaciones en etapas de la vida en que son capaces de contribuir al trabajo de la colonia, por lo que la prole ayuda a los progenitores durante algún tiempo de su vida. Estas son las tres cualidades por las que la mayoría de entomólogos definen a la eusociabilidad. Si tenemos en cuenta que es posible que los rasgos se presenten independientemente entre sí, podemos seguir adelante con un mínimo, de ambigüedad para definir los niveles presociales, basándonos en dos o tres de estos rasgos.»

3. Los humanos, desde la sociobiología
«Vamos a considerar ahora al hombre con el libre espíritu de la historia natural, como si fuéramos zoólogos de otro planeta que estuvieran completando un catálogo de las especies sociales de la Tierra. En esta visión macroscópica, las humanidades y las ciencias sociales se reducen a ramas especializadas de la biología; historia, biografía y ficción son los protocolos de investigación de la etología humana; y la antropología y la sociología juntas constituyen la sociobiología de una sola especie de primates.»

WILSON, Edward O. “Sociobiología. La nueva síntesis”. Barcelona: Ediciones Omega 1980

4. ¿Predisposición genética a ciertes clases sociales?
«Los papeles en las sociedades humanas son fundamentalmente distintos a las castas en los insectos sociales. Los miembros de las sociedades humanas a veces cooperan de forma muy parecida a la de los insectos, pero con mayor frecuencia compiten por los limitados recursos asignados al sector de su papel. El mejor y más emprendedor de los actores que representan un papel, usualmente gana un reparto desproporcionado de recompensas, mientras que los menos afortunados son desplazados hacia otras posiciones menos deseables. Además, los individuos intentan moverse hacia posiciones socioeconómicas superiores cambiando los papeles. También se produce una competencia entre clases, y en grandes momentos de la historia ha demostrado ser determinante para el cambio social.

»Una cuestión clave de la biología humana es la de si existe una predisposición genética a entrar en ciertas clases, y a representar ciertos papeles. Las circunstancias bajo las que pudiera darse esta diferenciación genética pueden concebirse con facilidad. La heredabilidad de al menos algunos parámetros de la inteligencia y de los rasgos emotivos, bastan para responder a una moderada cantidad de selección disruptiva. Dahlberg (1947) demostró que si un solo gen parece ser el responsable del éxito y auge en el status, puede concentrarse con rapidez en las clases socioeconómicamente superiores.»

WILSON, Edward O. “Sociobiología. La nueva síntesis”. Barcelona: Ediciones Omega 1980

5. La cultura no nos ha liberado de los genes
«Otros primates superiores distintos al hombre poseen los rudimentos de la cultura, incluyendo a los simios japoneses y al chimpancé (capítulo 7), pero sólo en el ser humano ha penetrado la cultura cuidadosamente en virtualmente todos los aspectos de la vida. El detalle etnográfico tiene genéticamente baja prescripción, lo que desemboca en grandes cantidades de diversidad entre sociedades. La baja prescripción no significa que la cultura se haya liberado de los genes. Lo que ha evolucionado es la capacidad para la cultura, en realidad la abrumadora tendencia a desarrollar una u otra cultura.»
WILSON, Edward O. “Sociobiología. La nueva síntesis”. Barcelona: Ediciones Omega 1980

6. Biologizar la ética
«Científicos y humanistas deberían considerar conjuntamente la posibilidad de que ha llegado el momento de retirar temporalmente la ética de las manos de los filósofos y biologizarla. Hasta el presente, el tema está formado por diversos conceptos extrañamente disjuntos. El primero es el intuicionismo ético, que cree que la mente tiene un conocimiento directo de lo auténticamente correcto y falso, que puede formalizarse por lógica y traducirse en reglas de acción social. El precepto guía más puro del pensamiento occidental secular,' ha sido la teoría del contrato social, formulada por Locke, Rousseau y Kant. En nuestros tiempos, el precepto ha sido vuelto a tejer según un sólido sistema filosófico, por John Rawls (1971). (pàg 580a)

»La transición de una teoría puramente fenomenológica a otra fundamental en Sociología debe esperar una explicación nerviosa y completa del cerebro humano. Sólo cuando la ma­quinaria pueda verificarse sobre un papel a nivel de célula y reunirse después se aclararán las propiedades de la emoción y del juicio ético. Los simulacros podrán emplearse entonces para estimar toda la gama de respuestas del comportamiento y la precisión de sus controles homeostáticos. La tensión se evaluará en términos de perturbaciones neuro-fisiológicas y sus tiempos de relajación. El conocimiento será traducido a circuitos. El aprendizaje y la creatividad se definirán como alteraciones de partes específicas de la maquinaria cognoscitiva reguladas por la entrada procedente de los centros emotivos. Habiendo devo­rado a la Psicología la nueva neurobiología proporcionará un conjunto duradero de principios primarios a la Sociología.»

WILSON, Edward O. “Sociobiología. La nueva síntesis”. Barcelona: Ediciones Omega 1980

7. Comunicación química (Punset conversa con Wilson )
E.W. “…Una colonia de hormigas es un superorganismo. Son increíbles, sobre todo algunas de ellas. Son unacreación maravillosa, puesto que tienen una serie de comportamientos muy complejos por medio de los cuales cooperan los miembros de comunidad. Utilizan de diez a veinte tipos de señales químicas...”

E.W. “Feromonas, que los miembros de la colonia huelen y prueban, y puede que tengan hasta cincuenta mensajes que surgen de combinaci­ones de feromonas. Tienen formas múltiples, de individuos que forman grupos que realizan muy bien una función y no tan bien otras. Y todo esto se presenta reunido, de forma que generación tras genera­ción las colonias de hormigas de ciertas especies siempre son iguales, porque el cerebro de una hormiga está programado, casi por com­pleto, para realizar cierto tipo de comunicaciones y el trabajo de una manera determinada y para que los individuos estén categorizados por la función de su trabajo para que la colonia sobreviva: la unidad es la colonia. La evolución continúa por la competición de una colonia contra otra colonia. Uno de los resultados de esto es que se tiene un cierto grado de armonía y cooperación entre los individuos de una colonia. Ahora bien, las colonias siempre están en guerra entre ellas. Las hormigas son las criaturas más belicosas del planeta. Yo digo que si se les diera a las hormigas armas nucleares habrían volado el mundo en una semana. Comparemos las hormigas con los humanos...”

8. Instinto y individualidad (Punset conversa con Wilson)
E.W. “... la evolución del cerebro de la especie humana es, entre las evoluciones estudiadas, una de las más rápidas de todos los tiempos. De manera que algo sucedió que convirtió a estos pri­mates en lo que ahora reconocemos como humanos y en el proceso no nos convertimos en seres como las hormigas, sino que seguimos siendo mamíferos independientes: cada ser humano trabaja por su propio interés. Y esta individualidad y creatividad se conserva. De manera que la sociedad humana, a diferencia de la de las hormigas, está basada en parte en el instinto; tenemos mucho instinto: la natu­raleza humana determina mucho nuestras emociones y aquello que nos parece satisfactorio. A parte de estas orientaciones, hemos creado nuestras sociedades y civilizaciones por medio de contratos a largo plazo, acuerdos que consideramos sagrados. Entre unos y otros hemos constituido acuerdos, relaciones, contratos...”

PUNSET, Eduardo. ”Cara a cara con la vida, la mente y el universo. Conversaciones con los científicos de nuestro tiempo” Barcelona: Ediciones Destino, 2004



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