¿Tiene el arte urbano dueño? La privatización del arte urbano.

Angélica Millán Escribano | The Fine Art Collective. Hace unos meses saltaba a la palestra la noticia referente al artista urbano Blu, que llenaba de gris los muros de la ciudad de Bolonia, borrando al mismo tiempo y conscientemente sus propios murales en protesta por el silencioso proceso de privatización al que está asistiendo el arte urbano.

El artista Blu, borrando sus propios murales en Bolonia.

Durante más de veinte años los edificios de una de las ciudades italianas con más riqueza monumental, fueron llenándose de las creaciones de Blu. Veinte años que han dado para mucho en cuanto a la historia y evolución del arte urbano se refiere, pasándose del vandalismo primario del que se acusaba al grafiti, a la exhibición de arte urbano en instituciones y museos o la inclusión de esta disciplina en el mercado del arte, cuya venta alcanza ya cifras millonarias.

El borrado de los murales de Blu, es una reacción a la exposición Street Art: Banksy & Co, L’Arte allo Stato Urbano, que se inaugurará en Bolonia el próximo día 18 y cuya muestra incluirá obras producidas en la calle que han sido arrancadas de su ubicación original, entre las que se incluirían las del propio artista. Los artistas urbanos van a tener que ver cómo, contra su voluntad, obras que se produjeron como bien público son privatizadas y exhibidas sin su permiso.

Resultado del borrado de obras de Blu, en Bolonia.

Detrás de la exposición está el magnate local Fabio Roversi Monaco, director bancario, presidente de la Academia de Bellas Artes, y ex-rector universitario con un largo currículo como privatizador (y dicen las malas lenguas, que también como represor).

La excusa para la exhibición, organizada por aquellos que con anterioridad demonizaban el arte urbano, es “salvarlas de la demolición y protegerlas de la degradación del tiempo”. De reaccionarios a salvadores.

Varios artistas urbanos denuncian ya el proceso al que se está sometiendo a esa disciplina. Una manifestación artística que huía de los circuitos formales del arte, que democratizaba un sistema tradicionalmente elitista, que salía a la calle para ser juzgado o amado por el viandante y que ha comenzado a incluirse en un modelo basado en la acumulación privada, que lo convierte en productos para beneficio de los de siempre.

Este silencioso proceso de privatización del arte urbano nos lleva a preguntarnos sobre los límites legales de la apropiación de las obras de arte expuestas en la calle. Y es que el problema aquí es que (legalmente), el arte urbano no tiene dueño, y esto es utilizado por instituciones y poderosos, que poco a poco han ido apropiándose de un arte que ellos mismos rechazaron y denostaron en sus principios.

Esta transformación es ya imparable. El arte urbano, la más libre de las manifestaciones artistas, por aquello de utilizar la calle como lienzo, ha entrado en la jaula del mercado y ha cerrado con llave.

Para ello habría que analizar por qué el arte urbano ha empezado a ser altamente cotizadoentre público, coleccionistas, casas de subastas y el mundo del arte en general.

“Slave labour”, trabajo de Banksy en el Norte de Inglaterra.

Como decíamos, el arte urbano no tiene dueño, al menos en las nociones tradicionales de propiedad y mercado del arte. Esto supone un arma de doble filo que los más avispados pueden utilizar para llevarse a casa una obra maestra, con un poco de suerte, de cifras millonarias. Hay quien arranca un muro para llevarse un Banksy, como aquella vez en que la obra “Slave labour” fue desgajada de la pared de una tienda de todo a cien en una localidad inglesa, para después ser vendida en una casa de subastas.

Pero el arte urbano tiene vida propia, y la apropiación indebida del mural pronto recibió reacciones. El hueco que dejo aquella obra urbana, pronto se llenó de otros trabajos que denunciaban precisamente la privatización del arte urbano, bajo eslóganes como ¿Quién puede robar a una monja?


Lo mismo ocurrio con “Mobile lovers”, otra obra de Banksy que apareció en la puerta de un pub en la ciudad inglesa de Bristol. Los dueños del bar la arrancaron y guardaron dentro de su establecimiento para evitar que fuera robada, lo que generó un debate sobre quién era el dueño real del grafiti. ¿Quizás Banksy? ¿El dueño del local? ¿El ayuntamiento? ¿La comunidad?

Todo un galimatías que hace reflexionar sobre el paso de la ilegalidad y la persecución del Arte Urbano, a los ruegos para que Banksy pase por la puerta de casa y te deje una firmita.

“Mobile lovers”, aparecida en un local de Bristol y adjudica a Banksy.

Otro de los agentes implicados en este proceso de privatización del arte urbano han sido las casas de subastas. Aunque con muchas reticencias en los comienzos, éstas han ido incorporando poco a poco el arte callejero al mercado. Cuesta encontrar aún en los portales de las grandes y tradicionales firmas comoSotheby’s o Christie’s secciones dedicados especialmente a ello, pero en sus más modernas expresiones como en la digital Artsy(asociado con Christie’s), sólo basta rastrear en su buscador “Street Art”, para encontrar un histórico de subastas con cientos de resultados.

Como dato curioso que atestigua que el arte urbano está en alza, podemos apuntar la subasta de la propia identidad de Banksy a través de Ebay en 2011, con un precio de salida de 3.000 $ y que pronto alcanzó los 25.000 $. El vendedor afirmaba que había descubierto su identidad relacionando los precios de venta de sus obras con sus correspondientes registros de impuestos. No hay que olvidar que uno de los grandes activos del Arte Urbano es, o fue, la clandestinidad, gran generadora de mitos artísticos.

Un garante de que una obra alcanzará (o ya ha alcanzado) gran valor y prestigio, es el hecho que previamente haya estado colgada de las paredes de un museo. A nadie parece importarle ya que la característica más acusada del arte urbano sea precisamente eso, que es urbano, que es de la calle, que es del ciudadano de a pie, y que al cambiar el continente cambia el contenido, llegando a su peligrosa descontextualización y a su más que probable pérdida de valor artístico (que no monetario).

“Sixeart”, exposición sobre arte urbano en la Tate Modern.

El antecedente lo encontramos en 2008 cruzando las fronteras de nuestro país. En este caso hablamos del caso de la Tate Modern, toda una institución del Arte Contemporáneo, que ya apostó por las intervenciones de arte urbano en la fachada del edificio, contando para ello con 6 artistas urbanos entre los que se encontraba el catalán Sixeart.

Como suele ocurrir, Banksy está entre los pioneros de todo lo relacionado con el arte urbano y en caso del mundo de los museos no iba a ser menos. La espectacular muestra que llevó a cabo en el museo de la ciudad inglesa de Bristol, con el beneplácito de las autoridades del municipio y del propio museo, marcó un antes y un después en la aceptación del arte urbano dentro de los circuitos tradicionales.

La muestra, llamada “Banksy contra Bristol” y cuyo montaje tuvo lugar en la noche para que la identidad del artista no pudiera ser descubierta, consistía en la intervención de las obras pertenecientes a la propia institución. La genialidad del artista fue dotar a la colección del museo de un sentido diferente al descontextualizarlas, como critica a los circuitos formales y a lo que hasta entonces, se había considerado como “el arte más puro”. A pesar de estos y otros casos existentes, es necesario matizar. Sí, es cierto, hay presencia de arte urbano en los museos, pero las instituciones siguen siendo reacias a la adquisición de obra urbana para que forme parte de sus colecciones.

Una de las obras expuestas en la exposición “Banksy vs Bristol”, en el museo de la ciudad.

Hay muchos factores que dejan intuir el rumbo que tomará el Arte Urbano en el mercado del arte, como su presencia cada vez mayor en las grandes ferias de arte contemporáneo y galerías, o la apuesta de los grandes gigantes de la comunicación, como Google.

Nos referimos a Google Street Art Project, su nuevo mega proyecto que incluye una base de datos con más 3.500 artistas urbanos y más de 11.000 obras, en una especie de museo virtual para desafiar el carácter efímero del Arte urbano y que no hará sino aumentar el interés (y los precios del mercado) por este movimiento artístico.

Nada escapa a manos de la especulación y el capitalismo y el arte urbano no iba a ser menos. Ya hay algunos que han cambiado el pasamontañas por la corbata, y que estrechan manos con aquellos que antes querían ponerle los grilletes.

Con el tiempo, nos echaremos manos a la cabeza. Si esta disciplina es tan amada por el “gran público”, ha sido precisamente por que escapaba de todo aquello que huele a naftalina, porque estaba hecho para ellos y por ellos.

Angélica Millán Escribano.

The Fine Art Collective

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