10 recomendaciones para el uso no sexista del lenguaje




Somos lo que decimos. Y en muchas ocasiones –a veces sin darnos cuenta– solemos caer en el sexismo lingüístico, asumiendo un trato discriminatorio entre mujeres y hombres. Por ello, te invitamos a adoptar una comunicación libre de sexismo, llevando a la práctica, de manera consciente, este sencillo decálogo de recomendaciones.


Lenguas oímos, corazones sí sabemos

Entre las formas de discriminación, el sexismo es una de las más extendidas y frecuentes en el mundo. Consiste en el trato desigual y en la segregación de las personas por su sexo al considerarlas inferiores a las del otro sexo. Con base en la diferencia sexual, las mujeres históricamente han sido y son discriminadas.

La discriminación sexual sucede de múltiples formas y en todos los ámbitos de la vida social: en el trabajo, la casa, la política, los medios de comunicación y, por supuesto, en el lenguaje.

A través de la palabra –verbal o escrita– transmitimos ideas, sentimientos, modos de pensar y valorar las cosas, y en muchas ocasiones solemos establecer una diferencia social entre los sexos que se refleja y transmite a través de los significados asignados a las palabras, los discursos, las expresiones del habla, las imágenes y los códigos gráficos.

Dada la influencia del sexismo lingüístico en el reforzamiento y reproducción de la desigualdad entre mujeres y hombres, los gobiernos que integran la ONU, como el nuestro, se han comprometido a adoptar medidas para erradicar los usos excluyentes del lenguaje. El postulado básico que inspira esta transformación es nombrar lo diferente, lo silenciado históricamente, promoviendo valores de respeto, escucha y no discriminación entre los seres humanos y específicamente hacia lo femenino.

En el lenguaje, la distinción entre lo femenino y lo masculino en sí misma no es indicativa de sexismo ni de discriminación, ya que en ocasiones resulta necesario nombrar separadamente a las mujeres de los hombres. De hecho, el uso del género gramatical cambia de un idioma a otro. Por ejemplo, en alemán el Sol es un sustantivo femenino y la Luna, masculino. En cambio, en inglés los artículos son neutros, al igual que algunos sustantivos. En el caso de la lengua española todos los sustantivos poseen género gramatical, pero no todos aluden a realidades sexuadas. El problema del sexismo lingüístico se genera cuando a la representación y significación de lo masculino se le asigna un valor superior y universal que desconoce o descalifica lo femenino. En dichos casos, los sistemas lingüísticos presentan una marcada óptica masculina, que se ha denominado androcentrismo. Esta palabra deriva del griego andros (hombre) e implica la prevalencia de la mirada masculina, centrada en la inexacta consideración de que el hombre es el modelo, la medida y la representación de la humanidad.

Con el propósito de transformar los usos sexistas del lenguaje, e introducir en la sociedad formas de comunicación incluyentes, afines con las nuevas y diversas realidades de las mujeres y los hombres del siglo XXI, te presentamos 10 recomendaciones de utilidad práctica para el uso no sexista del lenguaje, publicadas por el Consejo Nacional para prevenir la Discriminación (Conapred), el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y la Secretaría del Trabajo y previsión Social (STPS).
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