Saul Alinsky y las reglas del buen rebelde

Javier Segura del Pozo
Todo cambio implica desorganización de lo anterior para la organización de algo nuevo”, dijo Obama durante un discurso. Pocos sabían que se basaba en una cita de Saul Alinsky, destacado activista americano, organizador comunitario y paisano suyo de Chicago, que inspiró la llamada revolución de los patios traseros (Backyard Revolution). La apreciable influencia que Alinsky sigue teniendo, no solo entre los trabajadores comunitarios y activistas sociales anglo-sajones, sino entre prominentes políticos americanos, como Obama o Hillary Clinton (que hizo su tesis de licenciatura sobre la obra de Alinsky), y el hecho de que sus tácticas de agitación sean imitadas también por los movimientos reaccionarios americanos, como el Tea Party, hace que merezca la pena que dediquemos un capitulo  al legado de Alinsky. 


La revolución de los patios traseros (Backyard Revolution)

“Debemos siempre recordar que una auténtica organización del pueblo, aquella en la que éste confíe totalmente y considere definitivamente como propia, debe estar enraizada en las propias experiencias del pueblo. Esto es esencial si la organización se va a construir y fundar sobre el pueblo”. (Alinsky, 1969, Reveill for Radicals)

Saul Alinsky (1909-1972) desarrolló su activismo social en el Chicago de los años 30, castigado por la gran depresión y controlado por la Mafia, que albergó los llamados vecindarios de patios traseros (Back-of-the-yards neighbourhood). En estos patios traseros construidos en áreas industriales deterioradas de grandes corrales de ganado, se concentraba la población en situación de pobreza extrema[1]. En 1938 le encargaron a Saúl Alinsky, como estudiante de postgrado de arqueología, contratado como criminólogo por el estado de Illinois, una investigación sobre las causas de la delincuencia juvenil. Como un observador del mundo de Al Capone, llegó a la convicción de que la conducta criminal era un síntoma de la pobreza y ausencia de poder de los más desfavorecidos.

También, de que no podía seguir siendo un observador distante. Él había crecido en el barrio judío de Chicago, con una educación materna, que le llevaba a la convicción apasionada de que la justicia social podía alcanzarse a través de la profundización de la democracia, y que, en vez de conformarse con lo dado, había que rebelarse contra lo que estaba claramente mal. Sus métodos no tenían una gran base teórica, sino que se guiaban por la premisa de que enseñar a las comunidades pobres como podían organizarse, no solo les restauraba su dignidad, sino que les permitía enfrentarse eficaz y estratégicamente a los poderosos[2].

Desarrollando estos métodos organizativos[3], fundó organizaciones populares de base (People’s organisations)[4] , que extendieron la llamada revolución de los patios traseros (Backyard Revolution), a través de varias ciudades norteamericanas (Chicago, California, Michigan, Nueva York, Kansas city, etc). Mediante asambleas de consejos de patios trasero (Backyard council meeting), las comunidades aprendían a  usar los cauces de  participación democrática y reivindicación de sus derechos civiles, para defender sus intereses y luchar contra la discriminación racial, la pobreza y el aislamiento social. 




Video de presentación del documental “The Democratic Promise: Saul Alinsky & His Legacy” (La promesa democrática: Saul Alinsky y su legado) (1999). El famoso abolicionista Frederick Douglas escribió: “El poder no concede nada sin demanda previa”. El film es la historia de gente sencilla, demandando a los poderosos el gobierno de sus propias vidas. Narrado por el actor Alec Baldwin, el documental examina tanto la historia de la organización de comunidades, a través de la obra de Saul Alinsky, así como el estado actual de este proceso de organización comunitaria en algunos barrios y organizaciones actuales de Nueva York y Tejas. En un sentido más amplio, el programa trata sobre la restauración de la democracia americana a través de la participación compartida del público en la vida civil; un antídoto vital para una era de incremento de la alienación ciudadana y la apatía del votante (No solo en EE.UU., añadiria yo). Fuente: http://www.itvs.org/films/democratic-promise


El primer paso en la organización comunitaria es la desorganización comunitaria 
Alinsky tenía una profunda fe en la democracia americana, pero no era un ingenuo. Las cosas no se conceden, sin pelea. Sabia que los explotados tenían que enfrentarse de forma inteligente a los poderosos, que corrompían los valores de esta democracia y aprovechaban sus reglas de juego para sus fines de dominación y explotación. Sus métodos de lucha eran no violentos, pero, a la vez, radicales. Radicales en sus intenciones (ir a las raíces y no a los síntomas) y en sus tácticas: identificar al contrincante (el poderoso, el explotador), acosarle sin tregua y batirle sin piedad. A la vez, ganarse la confianza de la comunidad, sacarla de la apatía, implicarla en el activismo y enseñar a organizarse eficazmente frente a los enemigos. Su formula era la combinación de los verbos agitar, antagonizar, educar y organizar.
“Si tu función es atacar la apatía y llevar a la gente a participar, es necesario atacar los patrones preexistentes de vida organizada en la comunidad. El primer paso en la organización comunitaria es la desorganización comunitaria.

Foto de Saul Alisnky. Fuente y fechas desconocidas


Reglas para radicales (Rules for Radicals)[5]
Alinsky recogió en 1946 su filosofía y métodos organizativas en un libro ya clásico denominado Reveill for Radicals (se podría traducir como Toque de diana para radicales). En 1971, un año antes de su muerte, escribió otro libro, donde,  mediante 11 reglas o recetas, sintetizaba sus enseñanzas. Éstas eran el  fruto de las batallas de lucha comunitaria más exitosas llevadas a cabo, no solo en su experiencia anerior de los años 40 y 50, sino  por la activa generación rebelde americana de los años sesenta (de las luchas por los derechos civiles y las protestas contra la Guerra de Vietnam). Emulando el estilo del breviario de “El Príncipe”, pretendía ser el Machiavello de los desposeídos.

Según Alisnky, un activista debe empezar por superar las sospechas ante el recién llegado (especialmente si viene de fuera) y ganarse la credibilidad. Después, debe empezar con las tareas de agitación: restregar los resentimientos, airear las hostilidades y buscar las controversias. Un organizador debe atacar la apatía y estropear los patrones previos de vida comunitaria complaciente, donde a la gente le resulta fácil el aceptar una situación mala. (Recordad: El primer paso en la organización comunitaria es la desorganización comunitaria).


A través de un proceso que combina esperaza y resentimiento, el organizador comunitario trata de crear un “ejército de masas” que trata de fichar el máximo número de reclutas de organizaciones locales, iglesias, servicios comunitarios (incluidos, los de salud), sindicatos, bandas de barrio e individuos. Alinsky proporciona en el libro una serie de 11 reglas, que deben ser adaptadas a la vida real y a las situaciones concretas.

Regla 1: El Poder no es solo lo que tienes, sino lo que tus oponentes creen que tienes. Si tu organización es pequeña, oculta tus números en la oscuridad y arma barullo, para que todo el mundo crea que tienes más seguidores de los que tienes.
Regla 2: Nunca vayas más allá de la experiencia de tu gente. El resultado es confusión, temor y repliegue.
Regla 3: Siempre que sea posible, ve más allá de la experiencia de tu oponente. Así le causarás confusión, temor y repliegue.
Regla 4: Provoca el que tus oponentes no vivan a la altura de su propio libro de reglas. “Puedes destruirlos con esto, ya que no podrán seguir obedeciendo sus propias reglas, así como la iglesia cristiana no vive a la altura del cristianismo”.
Regla 5: El ridículo es la más potente arma del hombre. Es difícil contraatacar el ridículo, y enfurece a la oposición, que después tiene una reacción que te favorece.
Regla 6: Una buena táctica es aquella que divierte a tu propia gente. “Si tu gente no se lo está pasando muy bien, hay algo que falla en tu táctica”.
Regla 7: Una táctica que se alarga demasiado, se convierte en una lata. El compromiso se transforma en algo ritual, cuando la gente se interesa en otros asuntos.
Regla 8: Mantén la presión. Usa diferentes tácticas y acciones y usa los sucesos del periodo en tu provecho. “La premisa mayor de las tácticas es el desarrollo de operaciones que mantendrán una presión constante sobre la oposición, que le llevará a reaccionar a favor tuyo”.
Regla 9: La amenaza es más terrorífica que el hecho en sí. Cuando Alinsky deja caer que un gran numero de pobres iban a encerrarse en los aseos del aeropuerto O’Hare, las autoridades municipales de Chicago rápidamente aceptan un compromiso a largo plazo para organizar los guettos. Imaginaban a cientos de pasajeros saliendo de los aviones y encontrándose los aseos ocupados. Después imaginaban el bochorno internacional y el daño a la reputación de la ciudad.
 Regla 10: El precio de un ataque exitoso es disponer de una alternativa constructiva. “Evita ser atrapado por un oponente o un entrevistador que dice: Eso está bien, pero ¿y tú que harías?”
Regla 11: Escoge el objetivo, congélalo, personalízalo, polarízalo. No intentes atacar empresas o administraciones abstractas. Identifica un responsable individual. Ignora los intentos de desplazar o dispersar la responsabilidad
Según Alinsky, la principal tarea del activista u organizador es acosar a un oponente hasta que reaccione “El enemigo adecuadamente aguijoneado y guiado en su reacción será tu mayor fortaleza”.

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