¿Dónde están los hombres no performativos?

Jose A. Cano | Pikara Magazine. La ficción y el discurso público parecen no decidirse a la hora de representar una masculinidad alternativa al ‘macho camacho’: o la ridiculiza o descarrila de vuelta hacia los mismos tópicos


En su ensayo La novela en la era de Amazon (Shackleton, 2026), el profesor de Stanford y crítico literario estadounidense Mark McGurl analiza la influencia de la compañía de Jeff Bezos en la novela y la ficción escrita en general. Se detiene, tratándola con el mismo detalle que a cualquier obra considerada alta literatura, en Cincuenta sombras de Grey, la publicación más exitosa e influyente del subgénero “romance con multimillonario alfa”, una de las múltiples etiquetas con la que la tienda online segmenta su oferta.

McGurl contrapone este subgénero a otro que sería la respuesta con aspiraciones más, digamos, literarias. Lo que bautiza como “la novela romántica con intelectual beta”. En ambos subgéneros la narradora y protagonista suele ser una mujer, por lo general joven, que se enamora de un tipo con un trauma secreto. El “megarrico alfa” lo expresa siendo agresivo, dominante, dinámico y hasta paradigmático. El currito de cuello blanco “beta” lo hace siendo depresivo y tiende al victimismo e incluso al autoboicot; tiene más prestigio literario, apunta el crítico, pero es igual de insufrible.

¿Solo podemos representar la masculinidad en dos extremos igualmente ridículos?

¿Solo podemos representar la masculinidad en dos extremos igualmente ridículos? ¿O el sadomasoquista por causa de haber tenido una “mala madre” Christian Grey o algún pseudointelectual canijo y con gafas cuyo equivalente real dejo a la imaginación de las lectoras? ¿O Andrew Tate —recordemos que procesado por trata de mujeres con fines de explotación sexual— o la caricatura en la que convierten las redes sociales al futbolista Héctor Bellerín?

Tanto la ficción como el discurso público parecen no saber situar una masculinidad positiva en algún lugar del espectro sin acabar descarrilando hacia uno de los dos extremos. Si en otro artículo dedicado al ‘Cry Macho’ de Clint Eastwood, hablábamos de que “ser un hombre” no está nunca más en crisis que en una “película de machotes”, aquí hay que notar que ni siquiera quienes presumen de presentar alternativas más tragables se las creen.

Durante las dos primeras temporadas del megaéxito de Netflix Stranger Things (2016-2025), el sheriff Jim Hopper, interpretado por David Harbour, parecía una deconstrucción de cierto arquetipo masculino heroico. El oficial de la ley depresivo, adicto al café y que ocultaba un duelo no resuelto —la muerte de su hija—, recuperaba la alegría de vivir adoptando a la heroína, Once, y dedicándose a los cuidados. Un policía de masculinidad no agresiva, que disfruta bailando y haciendo la limpieza con su hija y trata a los cuatro nerds protagonistas sin paternalismos.

En la tercera temporada, como si no supieran qué hacer con él, lo convierten en una máquina de repartir guantazos, empeñado en establecer una relación romántica con el personaje de Winona Ryder, que casi roza el acoso —aunque se supone que es una trama cómica— y que amenaza físicamente al novio de su hija adolescente.

Igualmente resultan incluso ridículos, o como poco ingenuos, los planteamientos de series como la noruega Un hombre mejor (2025), en la que un trol misógino de internet se redime al tener que vivir durante un tiempo disfrazado de mujer para ocultar su identidad, con toda la transmisoginia que acarrea esta narrativa. Incluso con todo el esfuerzo que le pone el guion, no deja de ser un mensaje reconfortante e inofensivo destinado a mentes más o menos progresistas. El trol es así porque no conoce otra cosa. En el fondo es tener al presunto deconstruido mirando por encima del hombro al machirulo. Es un planteamiento, en sí mismo, performativo.

Aunque se agradece que sea menos retrógrada que ¿En qué piensan las mujeres? (2000), la comedia de Nancy Meyer con Mel Gibson y Helen Hunt, en la que el primero obtiene telepatía selectiva —puede escuchar lo que piensan las mujeres, cualquier mujer, pero no los hombres— al electrocutarse mientras se probaba unas medias y maquillaje completamente borracho.

Y sí, Gibson “travistiéndose” tenía un potencial de derribo que casi pasó desapercibido en su momento, pero todo desarrollo de la película era tan machista como cualquier otra comedia romántica de los años 90. Cuesta creerlo para quien no tuviese edad entonces, pero en su día el bueno de Mel fue considerado un ejemplo de hombre sensible, culmen del atractivo y masculinidad “alternativa”.

Hay muchos trabajos de ficción, documental, ensayo y todo tipo reflexionando con estupefacción sobre la proliferación de la machosfera. Sin ni siquiera tener claro su alcance concreto, pero con reacciones de escándalo e indignación que solo se traducen en el enfado o la sátira. Sin embargo, no se disputa el hecho en sí. No hay un esfuerzo en ofrecer algo que no sea la mirada de superioridad o distancia, como si no fuese con nosotros el extremo “Christian Grey”.

De todos esos análisis, la serie documental Dentro de la manosfera (2026) se recrea en el ridículo extremo, mientras que el mediometraje +10k (2024), de la directora española Gala Hernández, se molesta en intentar entender al criptobro, sus motivaciones más que humanas y el contexto en el que ese vía es la única que se ofrece a su crisis.

En medio del erial, uno se sorprende valorando como positivas, complejas y realistas las masculinidades de la serie Machos Alfa

En la ficción, parecen más constructivas representaciones como Héctor, el personaje de Álvaro Cervantes en Sorda (2025), de Eva Libertad. Un hombre “normal”, que no es machista —o lo es en la media— pero tampoco una idealización tontorrona. Y más realista como extremo negativo resulta Iñaki, el padre de la protagonista de Los Domingos (2025), de Alauda Ruiz de Azúa, con la cara de Miguel Garcés. Un hombre débil, pero no un monstruo.

En la ficción estadounidense, de momento nuestro mainstream y subconsciente colectivo mientras nadie lo remedie, el doctor Robi (Noah Wyle) de The Pitt (2025- ) se asoma como una representación de una masculinidad menos tóxica, aunque esté en crisis. Más llevadera que su extremo “hiperprogre”, el doctor Max Goodwin (Ryan Eggold) de New Amsterdam (2018-2022), siempre dispuesto a ayudar, convirtiendo el hospital en sostenible, racialmente inclusivo, lgtbqfriendly… tan perfecto, que es imposible. Que parece un tuit parodia de Héctor Bellerín.

En medio del erial, uno se sorprende valorando como positivas, complejas y realistas las masculinidades de la serie Machos Alfa (2022- ). La comedia creada por Alberto Caballero y Laura Caballero trata sobre cuatro amigotes de mediana edad a mitad de diferentes crisis vitales —paro, divorcio, etcétera— y que, por iniciativa del supuestamente más progresista, comienzan un curso de deconstrucción. Llena de enredos y tramas más o menos provocadoras que luego resultan no serlo tanto, Machos Alfa parte de un par de ironías: al menos dos de los personajes ya están “deconstruidos” —como lo entendería un hombre de esa edad y características—, pero no lo saben.

El padre de familia y policía local, interpretado por Fele Martínez, no tiene ningún problema con cocinar, limpiar y lo que haga falta, trata a sus compañeras como iguales y acaba aceptando abrir la relación con su mujer sin demasiado drama. Tiene sus fallos, sí, porque es una comedia y los personajes tienen que ser un poco miserables para que te rías de ellos, pero es básicamente una representación positiva.

Pero el logro definitivo es Pedro, interpretado por Fernando Gil, productor de televisión que se va al paro por machista, descubre el acoso cuando una superior se propasa en el nuevo trabajo, intenta convertirse en gurú machitrol con catastróficas consecuencias, tiene que aceptar que su novia lo mantenga… y de repente, un día, sin grandes aspavientos, entiende más o menos de qué va la cosa. En la misma ficción acaba creando la meta-serie, una Machos Alfa dentro de Machos Alfa, y advierte a los espectadores: “Si te sientes identificado, dale una vuelta a tu vida”.

Como las recomendaciones literarias solo de autoras feministas en editoriales independientes de Héctor Bellerín mientras viste moda inclusiva cruelty-free, los discursos contra el machismo de Machos Alfa a veces predican en el desierto de nuestra percepción sesgada. A quienes les gusta, no la han entendido. Quienes podrían entenderla, no la ven porque creen que es lo contrario a lo que es.

Mientras tanto, alguien está escribiendo una novela romántica con intelectual beta que tendrá grandes críticas, no como eso tan tóxico de Cincuenta sombras de Grey.

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