1 de setembre de 2016

Sigue la polémica. ¿Por qué no murió ayer Mirco Sandíbulo?

Alba Rico. Todos están de acuerdo en afirmar que Mirco Sandíbulo, 52 años, comerciante de Hergesia (Filardia), no murió ayer. Pero no deja de crecer el debate acerca de las verdaderas causas de un suceso que, por lo demás, viene repitiéndose, día a día, desde 1958.

Según grupos de oposición, Mirco Sandíbulo salía de su casa a las 9 de la mañana, listo para empezar una nueva jornada laboral, cuando se detuvo un instante en el portal para ajustarse la corbata. En ese mismo instante, en el edificio de enfrente, Barrunón, uno de los francotiradores, cargó su fusil y apuntó al corazón del sr. Sandíbulo. El francotirador pulsó el gatillo y estuvo a punto de disparar. Pero en el último momento, cuando ya nadie podía salvar al comerciante, cambió de opinión y le perdonó la vida. Al parecer, esta misma situación se habría repetido todas las mañanas desde hace al menos 23 años. “Si Mirco Sandíbulo sigue vivo es porque Barrunón, el francotirador, cambia siempre de idea en el último instante”, sostiene Groug Dohak, secretario general del POUP. “Pero nada garantiza que mañana no vaya a disparar”.


Por su parte, el presidente de Filardia acepta como inexplicable el hecho de que Mirco Sandíbulo no muriera ayer, pero desmiente la existencia de los francotiradores. El propio Sandíbulo, consultado por este periódico, no cree en ellos y se burla de unos rumores que él atribuye a la voluntad desestabilizadora de los enemigos del gobierno.

La denuncia, en todo caso, ha sido escuchada en el exterior. Algunas investigaciones independientes han calculado que sólo en Hergesia, la capital del Estado, habría en torno a 183.000 francotiradores apostados en las azoteas y los tejados, siempre a punto de disparar.

“ Es la única explicación posible de que toda este gente no haya muerto ya”, concluye el informe de la Agencia Integrada de Mortalidad Global.

Nota: si en algun moment hem optat per l'ús del masculí genèric, ho fem de molt mala gana, per no afegir pesadesa a les entrades, però sense que això suposi en cap cas que acata aquesta negació quotidiana de la presència de les dones en l'esdevenir del món.