Organización escolar e implicación personal para el cambio educativo


La organización escolar es un aspecto no demasiado considerado en el mundo educativo. Al igual que la arquitectura de los centros educativos y sus aulas, la distribución de los tiempos y espacios que disfruta el profesorado son variables fundamentales para el buen ejercicio de la docencia.

Oscar Boluda (@OscarBoluda) desde Ined21destaca la importancia de un claustro que pivote alrededor de un proyecto común, valorando las peculiaridades y fortalezas de cada docente.

TIEMPOS Y ESPACIOS

La organización escolar es un aspecto no demasiado considerado en el mundo educativo. Al igual que la arquitectura de los centros educativos y sus aulas, la distribución de los tiempos y espacios que disfruta el profesorado son variables fundamentales para el buen ejercicio de la docencia.

Hemos escuchado en innumerables ocasiones el reproche a los profesores que de puertas adentro del aula hacen y deshacen a su antojo, sin colaborar o avanzar en la forma de enseñar y aprender. No es difícil caer en la autocomplacencia y pensar que los años dotan de una superioridad o mejora natural añadida al ejercicio de nuestra profesión. No solemos echar en falta la transparencia de nuestro compañero que comparte aula o centro, ni empleamos demasiada energía indagando en las diferentes formas de aprender que tienen hoy los alumnos o investigando acerca de los proyectos educativos que se llevan a cabo en otras escuelas.

La formación informal sigue avanzando entre el profesorado pero el modelo formativo de los centros basado en cursos a expensas de lo que demanda u ofrece la Administración o las modas del momento es todavía la norma. Debiéramos avanzar y dar el paso cualitativamente hablando.

ORGANIZACIÓN FORMAL 

Considero fundamental una organización formal de espacios y tiempos que permitan al profesorado la colaboración entre iguales. Debieran ser ineludibles los momentos de reflexión conjunta y la coordinación entre materias para no caer en la estanqueidad del currículo; la puesta en común de propuestas personales y una valoración cualitativa del curso; siempre realizado con la serenidad necesaria y huyendo de las ocurrencias del momento. Planificar, experimentar y recapacitar son verbos de una educación dinámica para el presente y un futuro inmediato.

Los ponentes externos pueden descubrirnos nuevos métodos y herramientas de aprendizaje, pero sólo desde la colaboración de los compañeros de un mismo centro llegaremos a mejorar nuestra docencia, desarrollando a su vez aquello que exigimos a nuestros alumnos: saber trabajar en equipo. Una forma de trabajar -en equipo- que debiera venir estructurada y planificada desde arriba con el soporte incondicional de cada uno de los docentes del claustro, pese a la comodidad habitual de trabajar a nuestro aire. Siempre hay espacio para trabajar a nuestra manera pero es inexcusable la necesidad de cooperación antes y durante cada curso académico.

COLABORACIÓN

Tal y como se propone desde el artículo “Collaborative Planning: Integrating Curriculum Across Subjects”, para alcanzar un aprendizaje relevante, conectado y motivador es preciso que se dé una colaboración entre materias o asignaturas a través de algún tipo de proyecto. Para ello, según dicho artículo, es obligatoria una planificación horaria desde la dirección del centro que contemple —al menos— una reunión semanal conjunta, a la vez que se refuerza y reconoce este esfuerzo del profesorado, añadiendo si cabe una asignación presupuestaria para ejecutar estos proyectos colaborativos.

Todos conocemos proyectos que realizan compañeros en solitario a los que nos podríamos aproximar e incluso autoinvitarnos. Porque tal vez seamos nosotros los que debamos buscar esa acercamiento o compartir proyectos y experiencias con otros compañeros, siempre —eso sí—, contando con el estímulo y los recursos materiales y organizativos de un centro educativo que facilite y estimule la transparencia e implicación del profesorado. Porque, a la postre, toda mejora pasa por las actitudes individuales de cada docente y la motivación personal en seguir avanzando en las formas de enseñanza-aprendizaje.

Por fortuna, los centros educativo suelen estar compuestos por profesorado diverso, no sólo académicamente hablando, de ahí que debamos insistir en la importancia de un claustro que pivote alrededor de un proyecto común que, valorando las peculiaridades y fortalezas de cada docente, logre armonizar al conjunto.


Toda mejora pasa por las actitudes individuales de cada docente


Concluyendo, entendemos que una eficiente organización escolar y una alta implicación personal son condiciones necesarias, y tal vez suficientes, para comenzar o progresar en el necesario cambio educativo de las escuelas.

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