La mediación puede cambiar el cuento

El principio de confidencialidad impide que se sepa como es la nueva historia de Caperucita y el Lobo Feroz.

Lo que sí ha trascendido es que la abuelita preparó la merienda y el leña-mediador cobró por sus servicios.

Así, la abuelita, Caperucita, su mamá María Luz, el media-leñador y el lobo fueron felices y…
Juan Francisco López en el Blog de Maria Luz Villarroya.


Érase una vez una jovencita muy bonita y juguetona. Vivía en una aldea allá en la montaña, cerca de uno de esos bosques que dan miedo en las noches de luna llena. Sí, sí, uno de esos bosques de esos cuentos que le contamos a esos niños, los nuestros, para que no se atrevan ni a mirar por la ventana cuando se hace de noche.
Y sí, la niña tenía un abrigo rojo, con una caperuza
Y una abuelita que vivía al otro lado del bosque y a la que las ayudas de la Ley de la Dependencia todavía no habían llegado y necesitaba que su nieta, a sus ya 20 años fuera a llevarle la comida en un cenacho atravesando todo el bosque.
Y sí, en este cuento había un lobo que se quería comer a Caperucita. Y un leñador. Y el lobo se hizo pasar por la abuela para comerse a la niña.
Lo que pasa es que el leñador, cansado de que le pagaran la leña a precio de saldo, decidió formarse como mediador, y aquí el cuento cambia.
Caperucita llegó a la casa de su abuelita y se percató de las intenciones del lobo, y comenzó a insultarle, a gritarle, a intentar pegarle, amenazándole con abrirlo en canal si no aparecía su abuela y cosas por el estilo.
El leñador, que oyó los gritos de Caperucita y los rugidos del lobo, tiró su hacha (total, le habían quemado el bosque unos especuladores de la madera y tampoco tenía mucho que hacer) y corrió hacia la casa.

El media-leñador utilizó mil y una de las técnicas aprendidas en su formación y de la observación de la resolución de disputas entre los animales del bosque –y luego puestas en práctica en las mediaciones entre los lugareños– para convencer a Caperucita y al lobo de que iniciaran un proceso de mediación.
En la mediación, el lobo tuvo la oportunidad de explicar cómo se sentía siendo el malo de todos los cuentos, de todos los bosques y durante cientos de años.

Para él no era fácil cambiar de vida: nadie se le quería acercar, nadie quería jugar con él, nadie dudaría en matarle. Nadie le quería.
Caperucita, por su parte, pudo hacerle ver que su fama le precedía, que los habitantes de tan bucólico paraje le tenían miedo y que el cuento había sido siempre el mismo, y siempre habían acabado a palos. Ella estaba harta de eso.

El media-leñador, que escuchaba activamente a Caperucita y al lobo, le preguntó: “Y tú, ¿cómo vives el cuento?”.
Caperucita meditó un momento y soltó: “Yo entiendo al lobo. Yo también estoy cansada de ser una niña tonta que no hace caso a su madre, que habla con extraños y que tiene que ser salvada por un hombre fortachón y bueno”.

Aprovechando que había conseguido encontrar un punto de conexión entre las historias de los dos, el leña-mediador se reunió con ellos por separado.
El lobo se vació, se puso en el lugar de todas las caperucitas y se mostró de acuerdo con la posibilidad de cambiar el cuento.
Caperucita, por su parte, manifestó su necesidad de vivir una vida diferente, de acabar con sus miedos y fue capaz de entender que el lobo sólo hacía lo que sabía hacer: amedrentar a quien se le acercara.
En la siguiente sesión, comenzaron a hacer propuestas, algunas tan locas que arrancaron carcajadas comunes.
Buscaron las soluciones fuera del marco en el que siempre se habían movido, fuera del cuento. Cedieron en sus posiciones y llegaron a pequeños acuerdos.
Esos pequeños acuerdos cambiaron el cuento. Cambiaron sus vidas.
El principio de confidencialidad impide que se sepa como es la nueva historia de Caperucita y el Lobo Feroz.

Lo que sí ha trascendido es que la abuelita preparó la merienda y el leña-mediador cobró por sus servicios.

Así, la abuelita, Caperucita, su mamá María Luz, el media-leñador y el lobo fueron felices y…
(A mis hijos, a quienes nunca conté tan terrible cuento)
Juan Fco. López
Leñador

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