Las cosas para las personas y no al contrario


En buena teoría lockeana, el Hotel Madrid, como tantos otros espacios abandonados y en proceso de grave deterioro, son comunales. Lo que se reclama, el aprovechamiento ciudadano de espacios urbanos y rurales en desuso, es tradición europea e hispana, la que configura toda nuestra cultura posesiva desde hace siglos.
 Texto publicado por la Comisión de Política a Corto Plazo de acampadasol


En noviembre de 2010 Mariano Rajoy “interpretó la voluntad del liberalismo clásico de John Locke, Adam Smith y Edmund Burke (…) de proteger a los individuos contra la arbitrariedad del poder”, teniendo el estado “el deber” de intervenir para garantizar las leyes y los derechos (…): aclaró [también] que Locke se posicionó en contra del individualismo y el enriquecimiento a cualquier precio y defendió los dictados de la razón sobre las propias…Nada más lejos de este pensamiento que un Estado abstencionista, explicó, abogando por la protección de la sociedad y la garantía de la salud y la educación.”[1] Es cierto que Locke no era individualista (ni liberal, por cierto), como no es individual el liberalismo, pero estas declaraciones socialdemócratas de Rajoy contrastan con su práctica política neoliberal.

Contra la interpretación anacrónica neoliberal del pensamiento de John Locke, éste (partiendo del iusnaturalista Puffendorf) construía su concepto de propiedad en términos de derecho de gentes (base del derecho internacional), legitimando la apropiación de aquello que se consideraba improductivo.[2]

Locke lo que hacía era justificar la apropiación particular de lo que antes era común a todos mediante su “mejora”, partiendo de una figura de derecho feudal europeo, bien conocida en España entonces, y ahora: la enfiteusis. El principio de la enfiteusis, la apropiación de algo aplicando el trabajo y la industria propia logrando su mejora, se encontraba presente en cada privilegio y estatuto europeo y en la propia génesis del dominio útil.[3] El principio de la enfiteusis (el derecho real sobre algo en razón de su uso y mejora) adquirió tanta fuerza que a la larga en muchos casos se acabó imponiendo al dominio directo cuando hubo que decidir a quién pertenecía realmente lo apropiado.

Locke, pues, partía de la tradición europea que definía la apropiación de la naturaleza mediante el trabajo por incremento de valor que dicho esfuerzo aportaba a la misma mejorándola. Pero al definir la propiedad, al fundamentar las condiciones de apropiación y retención de la misma, ponía varias condiciones. La primera condición tanto para la apropiación como para la retención de la propiedad era la de su mejora (como en el caso de la enfiteusis), así que si alguien se había apropiado de algo que empeoraba, no lo usaba o lo usaba mal, lo estaba destruyendo, se consideraba vacío, por lo que pasaba a formar parte de los comunales de la humanidad: a estar a disposición de aquellos que pudiesen hacer uso de ello (condición del derroche). La segunda condición era que, si bien alguien podría ser capaz de apropiarse de más que el resto por su mayor capacidad de mejorar los bienes de la naturaleza, su capacidad de apropiación estaba limitada por las necesidades del resto de la humanidad, a la que habría de dejar lo suficiente como para poder vivir dignamente.

Quizá se pueda reivindicar que es preferible el beneficio de una minoría -derivado de la especulación inmobiliaria- a que toda la población tenga acceso a una vivienda digna; que existan cientos de pisos abandonados, cerrados, deteriorándose, en beneficio de unos pocos, mientras que muchos pasan el invierno en la calle, pero no es de recibo hacerlo empleando a John Locke ni ninguna tradición intelectual europea.

Habitualmente se suele defender el derecho a una propiedad privada argumentando que ésta pertenece a quien la ha trabajado, sin embargo la tradición europea reconocía antes el derecho a los frutos del trabajo en proporción a la mejora realizada sobre la cosa, más que a la cosa misma. Si la propiedad reclamada se abandonaba, se perdía. Resulta extraño que Mariano Rajoy y el PP empleen a John Locke como padre fundador de nuestras democracias liberales europeas, del estado del bienestar, obviando las cláusulas del derroche y la del dejar lo suficiente a los demás, puesto que son centrales a su teoría.

En buena teoría lockeana, el Hotel Madrid, como tantos otros espacios abandonados y en proceso de grave deterioro, son comunales. Lo que se reclama, el aprovechamiento ciudadano de espacios urbanos y rurales en desuso, es tradición europea e hispana, la que configura toda nuestra cultura posesiva desde hace siglos. Lo que es una novedad escandalosa es esta otra interpretación neoliberal del derecho, que no está argumentada filosófica o históricamente.

[1]http://www.diariosigloxxi.com/texto-s/mostrar/3071

[2] Colin Bird, The Myth of Liberal Individualism, Cambridge: Cambridge University Press, 1999; Pocock, J.G.A., “The Myth of John Locke and the Obsession with Liberalism”, Pocock, J.G.A./ Ashcraft, Richard (eds), John Locke, Los Angeles, 1980; Tully, James, “Placing the Two Treatises”, Skinner, Q. y Phillipson, N. eds. Political discourse in early modern Britain, Ideas in context 24, Cambridge University Press, 1993, 253-280; Olivecrona, Karl, “Appropriation in the State of Nature: Locke on the Origin of Property”, Journal of the History of Ideas, 35 (2) Apr. – Jun., 1974, 211-230.
[3] Por alguna razón las entradas de “enfiteusis” en Wikipedia o en el DRAE no recogen los trabajos seminales sobre dicha figura: Grossi, Locatio ad longum tempus. Locazione e rapporti reali digodimento nella problematica del diritto comune, Napoli, Morano, Università di Macerata, Pubblicazioni della Facoltà di Giurisprudenza, 1, 1963; Clavero, B., “Enfiteusis, ¿Qué hay en un nombre?”, Anuario de Historia del Derecho Español, 56, (467-520), 479; Dayan, Colin, The Law is a White Dog. How Legal Rituals make and Unmake Persons, Princeton U.P., 2011, esp. 212.

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