Dudas, confusión, mentiras y circo

José Enrique Muñoz Blanco | Diagonal
http://2.bp.blogspot.com/_wfzxbfisWHo/Rj9-ZBWUGHI/AAAAAAAAABA/dzVesgPFCJA/s400/carita-desconcierto.jpgVivimos en un mundo absolutamente desconcertado, gracias a la no información a los ciudadanos de lo que en realidad está pasando. Estamos asistiendo a una crisis en todos los campos posibles. Los Estados están en crisis. Hay guerras en el medio oriente, luchas en Centro América, importantes reivindicaciones revolucionarias en África, inseguridad en las calles, robos, violencia, delincuencia juvenil, miedo….. La deuda externa amenaza con asfixiar, más, la ya precaria economía del tercer mundo. El sospechoso y desigual tratamiento de la ONU, ante los acontecimientos que se están desarrollando en el continente africano. Y en definitiva, los lamentables resultados de la tan cacareada globalización, que solo ha servido para garantizar, aún más, la avaricia de ese capitalismo, al que ahora llaman “los mercados“, y que se mueve a placer por todo el planeta contaminándolo todo.


Estos “mercados“, que ironía, se quejan también de la crisis. Se quejan los mismos que han provocado la situación en la que nos encontramos, los que de verdad somos o hemos sido los verdaderos creadores de riqueza en esta mal llamada “sociedad del bienestar”, y que ahora, estamos padeciendo el paro, los trabajos precarios, la humillación, la carestía, la miseria y también, y aunque pueda parecer increíble, la extrema indigencia de algunos ciudadanos, en países tan históricamente “alegres” y “divertidos” como España.

En España la situación sería, si no fuera por la gravedad del momento, rocambolesca o más parecida a un esperpento de Ramón María del Valle-Inclán, o un sainete de Carlos Arniches. Los que sí somos seguros contribuyentes, los cabreados de este país, estamos hartos de leer o escuchar a los asiduos tertulianos “periodistas", “historiadores", “analistas", de los distintos y comerciales medios de comunicación, "que son incapaces", seguramente por desconocimiento, por miedo a posible pérdida de clientela, por obediencia al medio que les da de comer o lo que es peor, por no querer reconocer la realidad de lo que realmente está pasando.

Hablar (escribir) de los políticos que dicen representarnos en el Parlamento sin incurrir en el insulto, es cuando menos complicado. De la desconfianza de la ciudadanía sobre la independencia del sistema judicial español, mejor no decir nada. De la Santa Madre Iglesia, Dios nos libre. Y de nosotros los ciudadanos, pues… somos como somos.

Asistimos todos los días, con gran resignación o desconocimiento de la inmensa mayoría, a situaciones y acontecimientos más propios de países bananeros (nunca he sabido por qué se utiliza “bananeros” en términos peyorativos) que de países democráticos como “dicen” que es el nuestro.

Este fin de semana, y coincidiendo con estas fiestas de recogimiento y meditación de Semana Santa, hemos visto imágenes inenarrables de ciudadanos y ciudadanas de todas las edades y distintas regiones españolas llorando desconsoladamente, no por la situación en la que nos encontramos en España, sino por la suspensión de las procesiones, y como consecuencia, la imposibilidad de participar con túnicas, cirios y capirotes en los múltiples y tradicionales desfiles procesionales. Otro año vendrá.

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