11 de setembre de 2016

Gran descubrimiento del Fondo Monetario Internacional: “Afeitarse en Madrid reduce el hambre en el Tercer Mundo”

Alba Rico. Hasta ahora sólo había podido probarse la conexión negativa entre el gesto de un dedo y la destrucción de un país. Pero por primera vez investigaciones del FMI permiten hablar de una “bomba atómica invertida” o “bombardeo curativo”; es decir, de la relación solidaria entre banales gestos cotidianos y las condiciones de vida de los menos favorecidos. Se puede también pulsar un botón, sí, y hacer reverdecer los árboles o multiplicar los panes y los peces.

Antes había que apadrinar un niño etíope a través de una cuenta bancaria. Sin gastos y sin esfuerzo, hoy podemos ayudar al Tercer Mundo manteniéndonos -por así decirlo- en nuestro propio cuerpo. “Fue un descubrimiento casual, como el de Newton”, dice Brian Discounter, economista del FMI. “Un día, mientras me rascaba el mentón, observé una mejoría en tiempo real de las cifras del deficit público en Senegal”.


A partir de ahí, los descubrimiento se sucedieron en cadena. Es verdad que no se pudo probar la relación entre el saludo militar en EEUU y el aumento de las cosechas en Indonesia, pero sí entre el afeitado a navaja en Madrid y el descenso de la desnutrición en Haití. “Hoy se ha demostrado la relación causal”, añade Discounter, “entre una decena de gestos occidentales y el alivio de la situación económica en Afica, Asia y América Latina”. Y añade: “Los países del sur de Europa, más expresivos, son sin duda los más solidarios: gestos como la higa o la manipulación de los testículos, tan típicos de España o Italia, han salvado ya miles de vidas en todo el mundo”.

“ La riqueza gestual de los españoles durante la celebración del Mundial de Fútbol”, concluye, “ha aumentado la producción lechera de Mauritania y rebajado la mortalidad infantil en Gaza”.

Una empresa estadounidense reclama ya la patente del corte de mangas.

Nota: si en algun moment hem optat per l'ús del masculí genèric, ho fem de molt mala gana, per no afegir pesadesa a les entrades, però sense que això suposi en cap cas que acata aquesta negació quotidiana de la presència de les dones en l'esdevenir del món.