Notas al pie de un poema antiguo

Santiago Alba-Rico | Rebelión. “Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña”.

Verde: Color. Difícil de describir o imaginar a partir del gris. Estuvo muy extendido hasta el siglo XX, momento en el que, según las crónicas, comienza a ser sustituido por el amarillo. En el año 2034 fue patentado por la Chromos Co., una multinacional que explotó sus últimos vestigios. Aunque no hay certeza al respecto, un lugar común pretende que es “verde” una de las pocas imágenes que se conservan de ese período: “Mujer en azul”, una pintura atribuida a un tal Pablo Picasso. “Verde” era el impulso de salir, con las propias fuerzas, de dentro afuera.


Viento: Fuerza invisible que, según los textos, agitaba el trigo (sic) y las banderas (sic).

Ramas: Complicadas extremidades aéreas de una criatura inmóvil, el árbol, que se agarraba al suelo para que no se lo llevara el viento. Se menciona un último ejemplar en el año 2085.

Barco: Vehículo flotante que los héroes antiguos usaban para surcar el mar.

Mar: Gran masa de agua viva que ocupo las dos terceras partes del planeta tierra durante el Antropoceno. Se secó completamente a principios del siglo XXII.

Caballo: Animal cuadrúpedo de cabeza irrumpiente capaz de rivalizar con el viento. Sigue la polémica sobre si realmente existió o es sólo un fruto de la imaginación mitológica, como el centauro y la ballena.

Montañas: Prominencias geológicas que ondulaban la tierra. Los mitos hablan del Himalaya y Los Andes. Las últimas fueron aplanadas por la Golden Oil en 2063.

Querer: Incomprensible. Algunos lo interpretan como una extraña forma de “interés”: el interés en la existencia, no de uno mismo, no, sino del verde, el viento, las ramas, el mar, el caballo y las montañas.

Todo el poema, como se verá, resulta difícil de entender y apreciar para un lector de hoy.

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