San Juan, de Max Aub. ¿Nos salvamos todas?

Tot l'Institut Ribot i Serra (diferents matèries de la ESO, Batxillerat, Cicles Formatius d'Estètica, Perruqueria i Animació Sociocultural), estem preparant com a projecte integrat de centre la representació de l'obra San Juan de Max Aub.

El muntatge de Sant Joan respon a un projecte col·lectiu de tot l'institut, dirigit per la professora Tomi del Jesús. En aquesta peça, Aub narra el tràgic viatge d'uns jueus que el 1938 es troben embarcats en el Sant Joan, navegant per les costes d'Àsia Menor després de ser rebutjats en tots els ports.

En San Juan Max Aub ha querido embarcar a la humanidad entera, representadas en personas de diferentes edades (niños, jóvenes, ancianos), de distintos sexos (hombres, mujeres), de personalidades heterogéneas, con diferentes oficios y ocupaciones.. Personas muy distintas en definitiva que conforman un personaje colectivo en busca de la(s) salvación(es).
Font: Beatriz Fernández García a Educa.Madrid




Max Aub nunca tuvo patria, pero llegó a tener hasta cuatro nacionalidades diferentes (francesa, española, alemana y mejicana) Tenía un nombre demasiado exótico para ser español, una apariencia demasiado mediterránea para parecer europeo y una religión – la judía- que le puso bajo sospecha tanto dentro como fuera de España.

Poco voy a reseñar sobre su vida: su amor por la literatura, sus amistades duraderas un  matrimonio feliz, su hijos. Más luces que sombras. Sin embargo, las sombras fueron persistentes, constantes fantasmas en su vida. La más importante de todas la persecución judía. Su encierro en un campo de concentración. El horror nazi. Tuvo la suerte de salir de allí y la desgracia de conservar una buena memoria que atormentaría para siempre su existencia.

De esta experiencia  traumática nació mucha literatura. De hecho Max Aub afirmó en una ocasión que habría necesitado cien años para escribir todo lo que vivió en aquellos tiempos. 

El hecho de que el autor fuera judío o que viviera personalmente las consecuencias de la trágica historia europea de los años 40 no da a su obra un mayor valor crítico. Pero el hecho de saber que el autor vivió algo similar, que pudo ser uno de los pasajeros del San Juan,  da otra lectura a su obra.  Aub fue encarcelado  con 150 prisioneros en un viaje de tres días en las bodegas del Sidi Aicha. Para ser deportado desde Port Vendres a Argelia . El vapor cruza por el Mediterráneo: “Fuimos entrando en la bodega del Sidi Aicha de dos en dos. Anduvimos seis metros, ciegos, anonadados por la luz estallante de la lechada de muros, el azul dorado del mar, el morado lejano de los Pirineos: España al alcance de las manos...Debían avistarse las costas españolas; hubiésemos dado parte de nosotros mismos  por verlas. Yo sentía el azar de la tierra por mi costado, roto el mar por la vertedera de las bordas: rosa, Cadaqués, Puerto de la Selva,  y entre humos, lejos, Barcelona”.

La grandeza de San Juan reside , entre otras razones, en que transciende esta anécdota para convertirse en una crítica general hacia una humanidad que, en su opinión, camina irremisiblemente a la deriva. San Juan no es, por tanto, una denuncia de la situación de los judíos , ni una crítica al Nazismo; es, más bien, una crítica hacia la insolidaridad y la crueldad del ser humano. En todos los ámbitos. En todos los contextos.

San Juan  tiene un argumento bien sencillo: un grupo de judíos navegan sin rumbo fijo, con la vana esperanza de que alguien deje a su barco atracar. Ninguna nación permite que el barco se acerque a sus costas, así que el capitán sigue dando vueltas mientras los seiscientos  pasajeros se debaten entre la desesperación, la resignación y la acción.

El barco San Juan transporta a unos seiscientos judíos, de los cuales sólo tienen una presencia activa  en la obra cuarenta y uno que se organizan en la obra de la siguiente manera:  (ya indicada por el autor en el dramatis personae) :

Los jóvenes: Efraím, Carlos, Leva, Ezequiel, Raquel, Sonia, Mine, Isaac, Joven 1º y Joven 2º.

Los viejos: el rabino, Guedel, Chene, Boris, Bernheim, Simón, Weissmann, Abraham, moisés, Viejo 1º, Viejo 2º, Lázaro , Esther, Isabel, Lía, Sara, Ruth, madre de Luisa.

Los de a bordo: El Capitán, Oficial 1º, Oficial 2º, el Médico, el Jefe maquinista, Marinero 1º, Marinero 2º.

Lo primero que llama la atención es la enorme cantidad de personajes que tiene la obra. Esta idea, junto a las diferentes profesiones a las que se dedican los tripulantes del barco      ( seis contables, ciento cuarenta comerciales, cincuenta y tres abogados, tres rabinos, veinte agricultores, ciento y pico dependientes de comercio, tres directores de escena, seis periodistas, doscientos viejos y viejas que ya no pueden con su alma, treinta y cinco niños..) nos lleva a pensar en la voluntad de Max Aub de crear una obra de teatro coral, de personaje colectivo.

En San Juan Max Aub ha querido embarcar a la humanidad entera , representadas en personas de diferentes edades (niños, jóvenes, ancianos), de distintos sexos (hombres, mujeres), de personalidades heterogéneas, con diferentes oficios y ocupaciones.. Personas muy distintas en definitiva.

Aub además pretende subrayar la idea de que en el barco viajan personas “normales” : uno tiene una tienda de pieles, otro un negocio modestísimo  de gomas de paraguas, otro es un estudiante que se ha quedado en tercer curso  de derecho...Incluso tenemos un delantero de fútbol embarcado...

Presentar a los personajes de esta manera , intentando subrayar la “normalidad”    ( la idea es que cualquiera podría estar en el barco)  enfatiza la idea de que se trata de víctimas inocentes. Esta caracterización tiene una interesante funcionalidad con respecto al espectador / lector y es que éste siente que se trata de víctimas inocentes, y de que en realidad ese grupo de personas no constituye una amenaza en absoluto.
  
La única característica común que tienen todos los personajes es que son judíos. Pero ni siquiera son el mismo tipo de judíos: para empezar el barco tiene personas de diferentes nacionalidades ( cuando Erinch y la Niña hablan de cuanto puede costar un barco ella hace la tasación en zlotys, que es una moneda polaca, y Erinch en dólares) Además unos son judíos de raza y otros lo son de religión. Incluso tenemos en el barco un “medio judío” que no lo parece: Carlos es, físicamente, el prototipo  de joven ario: rubio, fuerte, atlético...

Como primera conclusión, Aub traza una obra de personaje colectivo, pero además individualiza bastante a aquellos personajes que tienen una mayor importancia en el desarrollo de la tragedia.

Considero que es un gran acierto por parte de Aub no considerar a los personajes de su tragedia de una manera maniquea. El pueblo judío, aunque víctima histórica de una situación  política trágica, no es caracterizado como una pobre víctima . Max Aub está de acuerdo con que la situación que viven es injusta, pero no por ello considera que todos los judíos de la tierra son buenos. Vemos perfectamente en la tragedia que cada personaje tiene sus propios intereses que están vinculados a su clase social. Como afirma Manuel Aznar Soler: “ No existe, afortunadamente un maniqueísmo vulgar , un monolitismo en la caracterización del personaje coral que representa el pueblo judío.”

Los personajes de la tragedia resultan en numerosas ocasiones contradictorios y es precisamente en la indagación de esas contradicciones donde se descubre la maravillosa caracterización psicológica de algunos de los personajes, y que a la vez permite mostrar que algunos judíos no son sólo víctimas, sino que a la vez verdugos, pues comparten los mismos valores que sus verdugos.

En este sentido es interesante  recordar la actitud de Chene y Lía ante la relación amorosa que mantiene su hija Sonia con el Oficial 1º: se oponen porque él no es judío. La madre de la joven, Lía, es mucho más radical que  su marido , es ella quien afirma: “ ¡nunca! ¿Lo oyes? ¡Nunca! Nunca consentiremos mezclarnos con herejes”.

Más significativas aún resultan las palabras de Lázaro: “¿Por qué será Hitler antiseminta? ¿Qué le hemos hecho? Porque si no fuera antisemita yo no tendría nada contra él”.

            No pretendo hacer aquí un examen exhaustivo de todos los personajes, pero merece la pena aproximarse a alguno de ellos para explicar mejor la obra:

Bernheim es un banquero rico. Considera a sus compañeros de viaje como “morralla”. Y además piensa que por el hecho de ser el más rico de los pasajeros, debería tener una situación de privilegio en el barco: “Pero, ¿ no le parece a usted un crimen que yo, con el dinero que poseo, tenga que ir por estas costas dando bandazos como todos estos pobrecitos que no tienen dónde caerse muertos?”

Bernheim intentará salvarse a su manera, y el único medio de que dispone para hacerlo es su dinero. Intentará sobornar al Capitán del barco, y ante su rotunda negativa, soborna al médico para que le firme un certificado falso que justifica que se encuentra en una delicada situación de salud, y que, por tanto,  es imprescindible que abandone el barco. Sus intentos se verán frustrados (Luego explicare por qué).
  
El médico se deja sobornar por Bernheim, pero no porque considere que los ricos deben salvarse  antes o por encima de los pobres, sino porque está condicionado por su propio conflicto individual: él cree que conseguir dinero le salvará. Es el medio para lograr una vida mejor en América:  “Trece años de tu barcucho, Capitán, trece a años de estiércol, caballos a la derecha, caballos a la izquierda, caballos por el Mar Negro, caballos por los Dardanelos ...¡caballos, caballos! He sido más veterinario que médico a bordo de tu barcucho indecente . Y aún ahora , que hace más de seis meses que no ha pisado un caballo la bodega de tu inmundo portón , todo esto huele a caballo, a excremento de 200.000 caballos... Y ahora que llega, como caída del cielo, la posibilidad de librarme de todo esto...”


El conflicto del médico radica, por tanto, en la necesidad de huir de un trabajo y una vida que odia. Se ha sentido prisionero todo la vida...En cierta medida  considera que merece salvarse ya que si bien los judíos llevan “ prisioneros” a bordo del San Juan seis meses, él siente que ha estado prisionero toda su vida. También fracasa su intento personal de salvación.

El Capitán es posiblemente uno de los personajes que están retratados de una manera más positiva. Su conducta a lo largo de toda la tragedia es de una enorme rectitud e integridad moral. En ningún momento se deja sobornar y  siempre mantiene un actitud positiva y negociadora para intentar atracar el barco en algún puerto.

El Capitán, está en contra de la salvaciones individuales, igual que Max Aub. Es por esta razón que  todos los intentos de escapar del barco de manera individual son frustrados. La única salvación posible, es la salvación colectiva: “ A mí no me importaría que desembarcase no uno, sino todos. Tú sabes que he hecho lo posible. Pero a lo que no estoy dispuesto, por todo el oro del mundo es que desembarque uno sólo, y que ese uno, además, sea el más rico de los pasajeros”.

La filosofía del Capitán será la acción. En su inquebrantable optimismo piensa que siempre se puede hacer algo. Lo demuestra su constante negociación con los puertos para que permitan atracar al San Juan.

Carlos es un personaje verdaderamente complejo. Su figura es la antítesis, en cierta medida de Leva. Su conflicto interior radica en que tiene una personalidad fuertemente escindida ya que se debate entre el amor y el odio a los judíos.

Lo primero que debemos indicar es que Carlos no es completamente judío, es “medio judío” lo que le provoca una cierta neurosis, en el sentido de trastorno del comportamiento. Así vemos a lo largo de toda la tragedia a un personaje violento, apasionado y cínico.

Carlos es “medio judío” y eso le ha acarreado problemas. Sin embargo el hecho de ser “medio no judío” no le ha reportado ningún beneficio. Por esta razón a veces siente que pertenece a una raza de malditos y en numerosas ocasiones  afirma odiar a sus compañeros. “Si me odio a mi mismo, ¿ cómo quiere que ame a los otros?” Sin embargo ese odio no es real. Prueba  de ello es lo que explican el Policía cuando lo llevan de nuevo al barco tras su intento de fuga: “ entonces el comisario empezó a despotricar contra los judíos. ¡ Si hubiera visto usted la que se armó! Porque, de pronto, el joven ése empezó a defenderlos”.

Carlos sufre una interesantísima evolución a lo largo de la tragedia. Al principio de la obra representa maravillosamente el prototipo de personaje-acción. Ante la situación que sufre se ve en la obligación de actuar, de hacer algo. Carlos logra salir del barco, pero nuevamente es traído a bordo. A partir de este momento   (que sucede aproximadamente a la mitad del acto segundo) Carlos sufre un cambio brusco, ya no intentará nuevas maniobras de acción sino que se convertirá en un testigo lúcido  e irónico de la tragedia, hasta el punto de adelantar el final que espera al San Juan y su tripulación:“Ningún país quiere nada con nosotros. El mundo es demasiado pequeño. No hay sitio: han puesto el cartel de “completo”(...) estáis muertos, montón pestilente. Cadáveres hediondos, putrefactos...”        “¿ Vamos a morir, banquero? Qué bien, ¿eh? (...)había un hombre, los brazos caídos, sobre la baranda, y en su espalda  “ se había posado una enorme gaviota  que se regodeaba en aquel horrible manjar , el pico y las garras hundidos en el cuerpo y el blanco plumaje manchado de sangre” Levanta el vuelo, el cuerpo cae, le faltan los ojos. Comidos los labios y las mejillas, “quedaban los dientes descubiertos” . “ Tal era la sonrisa que había alentado nuestra esperanza!¿ No es un buen final para el San Juan y todos sus cheques al aire?”

Ejemplos del cinismo de Carlos pueden apreciarse a lo  largo de toda la tragedia:“la casualidad me resuelve lo que no me atrevía a afrontar” ( la muerte)“¡Estábamos cercados! ¡ Y hemos dado con el escotillón, con el atajo!”

La actitud final del protagonista vuelve a ser la del principio: acción. Es por eso que el personaje  se enfrenta a la muerte encarándola: En la cubierta, con los brazos en cruz, lanza el grito de lucha de su club:“¡Sport!, ¡Sport!,¡Sport!,¡ Ra !,¡Ra !,¡Ra !”

Leva es uno de los personajes más positivos de toda la tragedia. Todos los personajes menos él aceptan la derrota y sucumben al cinismo y a la desesperación.

Leva asume dos funciones en la obra: es personaje-conciencia en algunos momentos y personaje-acción en otros.

Actúa como personaje- conciencia cuando habla con Carlos y le dice: “Todo ese odio, todo ese resentimiento ,¿por qué no lo utilizas en algo útil, en algo de provecho”.

También actúa como conciencia cuando interviene en la discusión familiar que tienen Lía y Chene sobre la relación de su hija con el Oficial 1º, la madre está en contra porque el pretendiente de su hija no es judío. Leva intervendrá de la siguiente manera: “ ¿ Os dais cuenta de que predicáis lo mismo que nos tiene aquí? (...) La misma intolerancia que os echó de Colonia... Por el mismo motivo, por las mismas razones. ¿No ha oído nunca esté grito?:
“ ¡ No consentiremos que nuestra sangre se mezcle con otra impura! ¿No le suena?”

Leva  es también personaje-acción. No concibe la posibilidad de quedarse sentado, como un testigo, con todo lo que está pasando. Su postura a lo largo de la obra queda clara: “ Siempre se puede hacer algo, sea donde sea”.

Leva y un grupo de jóvenes consigue escaparse. Su destino: España:  “Camaradas: estamos perdiendo el tiempo miserablemente a bordo de este montón de hierro viejo cuando en otras partes del mundo hay una lucha efectiva”.

Efectivamente Leva se escapa con seis compañeros. En total siete...Número cabalístico y que en la tradición folklórica significa “muchos” (Blancanieves y los siete enanitos. El gato con botas, cuyas botas recorrían siete leguas...). debemos preguntarnos por qué es esta fuga la única que se lleva a término, y la respuesta parece clara. Es la única escapada que se planea de manera colectiva: los demás intentos fracasan porque son individuales. Se podría pensar que no es una huída colectiva, que son muchas las personas que se quedan en el barco, pero debemos entender que el fin de la huida de estos jóvenes no es sólo escapar; es escapar para ayudar a otras personas que se encuentran oprimidas y en ese sentido si es una salvación colectiva.

Decíamos anteriormente que Max Aub está en contra de las salvaciones individuales. El Capitán piensa lo mismo prueba de ello es que se alegra de la huída de los jóvenes: “ Así, muy bajo, le diré que me alegro. Y les deseo la mejor suerte. Y si los cogen, éstos no tendrán tiempo de devolvérnoslos. Salimos de madrugada.”

Debemos fijarnos también en que los que consiguen escapar son los jóvenes. En la obra los jóvenes representan la acción, ( y además son el futuro) en contraposición con los viejos, cuya actitud es completamente pasiva, con la excepción de Esther, que aunque no se  puede considerar un personaje activo funciona en la obra como memoria colectiva y en cierta medida ayuda a que se produzca la acción.
Como conclusión me gustaría señalar que la construcción de los personajes se explica perfectamente con un esquema de círculos concéntricos.

Según hemos estado viendo hasta ahora, cada personaje tienen sus propios conflictos individuales, dentro de la tragedia del hundimiento del San Juan, dentro , a su vez, de una tragedia aún mayor ( no podemos olvidar que ningún gobierno accede que el San Juan atraque en sus cosas, es por tanto la insolidaridad de la humanidad, lo que hace que naufrague el barco).  

   En palabras de Alfonso Sastre : “lo estupendo del drama de Aub es que la amplitud de la perspectiva , lo que él llama “ lo desmesurado del tema” no borra el mundo de las relaciones inmediatas de los personajes: es lo que el drama histórico aloja en su seno de drama familiar, de desgarramientos individuales.” Personalmente considero que la tragedia resulta mucho más efectiva si “conocemos” cual es la situación de ese personaje que está avocado a morir. Y eso Aub lo hace perfectamente: nos da detalles de cada personaje, nos dice en que trabaja, nos habla de las miserias y los sueños de cada uno... Además de la vida, sabemos que sueños pierde cada personaje que se hunde en el San Juan.

               ¿Qué nos quiere decir la obra?  Nuestra interpretación de la obra parte del título que eligió Max Aub para su tragedia: San Juan.  Cecilia García Antón ya se había fijado en él “ hay un matiz de ironía en la elección que hace Aub del nombre de un santo que en vez de renovar la vida por el bautismo da la muerte.”
A pesar de que García Antón hace observaciones muy interesantes en su artículo           ( citado en la bibliografía) no me parece demasiado acertada esta interpretación.  A lo largo de la obra no aparecen símbolos relacionados con el bautismo, como por ejemplo el aceite, así que no la compartimos. 

Yo creo que el santo al que se refiere la obra no es Juan Bautista, como sugiere esta crítica, sino Juan Evangelista. Para probar esta tesis he pensado dos argumentos: el primero de ellos se basa en los pasajeros que transporta el barco: judíos emigrantes que buscan un asentamiento. Los personajes reflejan una parte de la sociedad desvalida, de la que nadie quiere hacerse cargo. En la Biblia Jesús menciona a su “favorito”: realmente no se dice quién es, pero algunos exégetas han llegado a la conclusión de que ese favorito es el evangelista Juan. Es precisamente a él a quien le encarga el cuidado de su madre tras su muerte: en la época las viudas eran unos de los estratos  más desvalidos de la sociedad, y se suponía que sus hijos se hacían cargo de ellas proporcionándoles la manutención necesaria. Ante su inminente muerte Jesús quiere asegurar el bienestar de su madre y por eso encomienda a su favorito que cuide de ella (Jn 19, 25-27). Juan representaría entonces el encargado de cuidar a los desvalidos, como ocurre en la obra. Tiene mucho sentido que el barco se llame así porque sus tripulantes son desvalidos, al menos en cierta medida ( ya que están provistos de acción, son actantes y eso salvará a los que sepan tomar decisiones y actuar).

Juan el Evangelista es además el escritor del Apocalipsis. Literalmente esta palabra significa revelación o manifestación. En cierta medida la obra de Max Aub nos está revelando una situación social por una lado, y por otro la esencia de la condición humana: su insolidaridad. También este Apocalipsis ( en el sentido de revelación) nos muestra el camino hacia el que marcha la humanidad, un camino negativo y cruel que debe cambiarse.

Esta interpretación conecta perfectamente con la otros críticos como Alfonso Reyes (“Naufraga aquí algo de la condición humana”) o de Díez Canedo que observan como en la obra naufraga algo de la condición humana. San Juan es la humanidad a la deriva (Aznar Soler). Sin embargo la obra no es tan profundamente pesimista como pudiera parecer, ya que tenemos al final de la obra el parto simbólico de Mine, en medio de la oscuridad, y cuando el hundimiento del buque es más que inminente: ese nacimiento resalta la idea de que el futuro puede cambiar las cosas, no existe un fatum divino, sino humano: con su actitud el hombre puede cambiar ese destino al que parece sometido. La obra funciona como un aviso, una revelación: es necesario que se produzca un cambio en el ser humano para que este se vuelva solidario y compasivo. En este sentido el tema judío estaría trascendido hacia toda la humanidad, el buque no es sólo el drama de los judíos sino el de toda la humanidad.

Otros autores han visto en la obra una interpretación mucho más concreta. Antonio Muñoz Molina ve en el buque San Juan una ,metáfora de la República española, que lo mismo que le sucede al barco, naufraga sin ayuda. No es arbitrario que Leva y sus compañeros se escapen del barco para ir precisamente a España don de pretenden mantener una lucha activa: “El destino del carguero San Juan en el verano de 1938 es simultáneo al de la República española, y cada uno resulta símbolo y equivalencia del otro: en este tiempo infame, la República se va hundiendo tan sin ayuda como el barco de los judíos, y los sufrimientos de uno y de otros suceden ante la indiferencia absoluta de quienes podían y debían ayudarles. Pero ningún puerto quiere acoger a los refugiados del San Juan, del mismo modo que nadie pone los medios para ayudar a los españoles leales, de modo que unos y otros están condenados a hundirse igualmente, y a que sus verdugos cuenten con la ayuda generosa de los que debieron ser sus aliados.”

 ¿Por qué leer San Juan? Max Aub ha sido un escritor ciertamente maltratado por la Historia de la literatura. Y es una lástima, porque muchas de sus obras- no sólo su teatro, también sus novelas y su poesía- merecen ser leídas con atención.
A veces, recomendar insistentemente un libro es el camino más corto para que nadie lo lea, así que no me detendré en grandes elogios hacia la obra de Max Aub, pero diré que San Juan merece la pena ser leído y que su lectura deja un imborrable recuerdo en la memoria.

Bibliografía:


AUB, Max. San Juan. Edición  Introducción y notas de Manuel Aznar Soler. Pre-textos. Valencia. 1998.



GARCIA BARRIENTOS, José Luis. Cómo se comenta una obra de teatro. Ensayo de Método. Síntesis. Madrid.2001.



RUIZ RAMÓN, Francisco. Historia del teatro español. Siglo XX. Cátedra. Madrid. 1995



SOLDEVILLA DURANTE, Ignacio y FERNÁNDEZ MARTÍNEZ, Dolores. Max Aub: veinticinco años después. Ed. Complutense. Madrid.1999..



VVAA. Actas del Congreso Internacional Max Aub y el laberinto español, celebrado en Valencia y Segorbe del 13 al 17 de diciembre de 1993. Tomo I. Ayuntamiento de Valencia. Valencia.1996

BORRÁS, Ángel. El teatro del exilio de Max Aub. Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla. 1975.

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MORALEDA GARCÍA, Pilar. Temas y técnicas del teatro menor de Max Aub. Servicio de publicaciones de la Universidad de Córdoba. Córdoba . 1989.

MONLEÓN, José. El teatro de Max Aub Taurus. Madrid.1971 Es un libro de conjunto sobre la obra de Aub. Es interesante porque recoge muchas opiniones del autor.



GARCÍA ANTÓN, Cecilia. “Max Aub: Génesis y sentido de un teatro épico” En Revista de Literatura. Tomo LIX, nº118. CSIC.  Madrid.  Julio-diciembre 1997.

Revista Ínsula. Año 1973. nº 320-321.

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