¿Por qué el hip hop en España sigue siendo un campo de nabos?

Haberlas haylas, por supuesto. Están, escuchan, van a conciertos, riman y producen música… pero apenas son valoradas o tenidas en cuenta cuando se habla de hip hop. Ari, La Mala Rodríguez, las BKC, Poetic Pilgrimage, Sara Hebe, Thee Satisfaction, La Furia, Shadia Mansour, Griotte Wuornos o Lauryn Hill, por ejemplo, son diez poderosos nombres de distintas épocas y procedencia que refutan de raíz cualquier justificación basada en que ellas no valen para el rap. El problema, sin duda, está en otro sitio.
No es algo exclusivo de este estilo musical pero el ecosistema del hip hop es muy proclive al ninguneo de las mujeres, a relegarlas a una posición subalterna que se manifiesta en su escasa presencia en carteles de festivales, cómo son tratadas en las letras que escriben ellos o qué se opina de sus canciones.
La investigación 'Demostrar más para ser una más: mujeres y hip hop en el Estado español', realizada por Laura Carrasco y Luz Herrero, de la Asociación Moradas, concluye que algunos de los rasgos distintivos del hip hop han contribuido profundamente a esa desigualdad.
Jose Durán Rodríguez | Diagonal Periódico

"El discurso del ego y la competición es otra de las características del hip hop a analizar como barrera para la pertenencia femenina"
"Dentro del movimiento, determinadas características de su cultura hacen más accesibles sus espacios de producción a hombres que a mujeres. Entre ellas, la glorificación como espacio público de una calle hostil, violenta y de batalla. Una calle que pareciera lugar de encuentro exclusivamente masculino. Se 'es real' porque 'se es calle', y no todos los colectivos sociales pueden serlo. El discurso del ego y la competición es otra de las características del hip hop a analizar como barrera para la pertenencia femenina al movimiento", resume el estudio, llevado a cabo entre abril de 2012 y diciembre de 2014.

"En el caso particular del hip hop producido en el Estado español, el papel público de las mujeres es sorprendentemente reducido", especifica el trabajo. Para mostrar con cifras la escasa visibilidad de las mujeres dentro de la escena hip hop, Carrasco y Herrero realizaron un análisis de los carteles correspondientes a los principales festivales de hip hop de 2012.
"Revisando los doce festivales más relevantes de aquel año, observamos que 136 artistas en cartel fueron varones, mientras que sólo se pudo ver sobre el escenario a cuatro artistas mujeres", recuerdan. Es decir, afinando aún más, únicamente uno de cada cuatro festivales de hip hop celebrados en 2012 en España incluyó en su cartel a alguna mujer, "suponiendo el porcentaje de artistas femeninas respecto del total un raquítico 2,94%".
En los doce festivales de hip hop más relevantes celebrados en España en 2012 actuaron 136 hombres y cuatro mujeres
Ese mismo año, las autoras de esta investigación participaron en la organización del festival InterrapcionA, celebrado el 30 de junio en Mejorada del Campo (Madrid), con un cartel compuesto por trece propuestas de hip hop llegadas de Canadá, Holanda y Venezuela, junto a otras locales, bajo el denominador común de la presencia de mujeres en todas ellas.

Otro mito derribado, así pues, tras el de que no hay raperas: las hay y con ellas se puede confeccionar el cartel de un festival de calidad. La clave, entonces, es situar (o no) la cuestión de género como un criterio más a la hora de seleccionar nombres y programar.

El círculo vicioso que las vuelve invisibles

Una parte sustantiva de la investigación son las entrevistas a 26 mujeres implicadas directamente en la cultura del hip hop, la mayoría de ellas como MC. Sus palabras recuerdan por qué y cómo se interesaron por el hip hop, la relevancia de este movimiento en su vida, las exigencias que tuvieron que superar para ser reconocidas o las complicidades establecidas con otras mujeres.
El estudio incide en ese rasgo tan definitorio del hip hop, la obsesión por la autenticidad, un elemento discursivo central en el estilo y que para las mujeres tiene una consecuencia tan directa como negativa, según el informe.
"La única manera de que una mujer que hace hip hop sea reconocida como 'real' reside en la posibilidad de que su obra la 'represente', en su caso como mujer", asevera el estudio, que añade que "una mujer cuya obra imposte una masculinidad que le es ajena nunca obtendrá el reconocimiento dentro del hip hop".
En este punto, las autoras de la investigación desarrollan el concepto que han denominado 'circulo vicioso de la representación', con el que responden a la pregunta sobre cómo es posible llegar al gran público del hip hop, mayoritariamente masculino, desde una sensibilidad femenina.
La respuesta, siguiendo su planteamiento, es obvia: no se puede. "Si como mujer perteneces al movimiento, sólo representarás al minoritario sector femenino dentro del hip hop, ya que sólo ellas podrán identificarse con la vivencia narrada por otra artista mujer. La consecuencia inmediata del 'circulo vicioso de la representación' se cristaliza en una invisibilización de facto de las mujeres, sus discursos y producciones dentro del movimiento".

"No es que yo me sienta fuera, es que tú me has echado"

Si quien escribe sobre hip hop, ya sea en prensa generalista, especializada o en blogs, son mayoritariamente hombres; si sobre los escenarios sólo se ve a una mujer por cada cuarenta varones; y si en muchas rimas las mujeres son meros objetos, cosificadas para la satisfacción de quien escribe, cuando no directamente insultadas, ¿cómo no van a sentir ellas que el hip hop es un medio hostil? La exclusión de las mujeres no es un producto inventado por sus cabezas. No se trata de algo imaginario, sino muy tangible.
"Si el hip hop se construye desde la visión masculina heterosexual, es el planteamiento masculino el que se impone como neutro, quedando invisibilizadas las mujeres y las minorías sexuales. Este discurso masculinizado del movimiento es en esencia binario (hombre/mujer, espacio público/espacio privado, calle/hogar, artista/acompañante, productor/consumidora, fuerte/débil), y sitúa a las mujeres fuera de la omnipresente autenticidad del hip hop", analiza el ensayo.
"Existe una necesidad de crear espacios femeninos donde reivindicar otro tipo de feminidad que no sea la establecida por el movimiento"
De los testimonios escuchados a las 26 participantes en la investigación, las autoras extraen la conclusión de que "existe una necesidad de crear espacios femeninos donde reivindicar otro tipo de feminidad que no sea la establecida por el movimiento como válida y crear nuevas maneras de hacer hip hop por parte de ellas".

En ese sentido, las investigadoras subrayan comomuy significativas dos experiencias recientes. La primera, la iniciativa llevada a cabo en 2013 por Mujeres Libres CNT Zaragoza con un recopilatorio de música creada por mujeres y caracterizada por su "combativa reivindicación de los derechos y la dignidad de las mujeres", en el que incluyeron varios temas de hip hop. Y en 2014, el disco Femcees, flow feminista impulsado por Fondo de Mujeres Calala y financiado colectivamente.
Su importancia reside, según Carrasco y Herrero, en las puertas que abren esos trabajos y el crédito que otorgan. "Reconstruir un discurso alternativo de las mujeres dentro del hip hop no sólo requiere reconocer el trabajo de unas cuantas 'elegidas' sino que obliga a escuchar y difundir la voz de todas las mujeres que constituyen y dan vida al movimiento, desde parámetros de análisis y expresión que superen los de la masculinidad heterosexual tradicional y desmarcándose de la contraproducente visión pasiva de las mujeres".

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