“Me voy acostumbrando al dolor ajeno”

Santiago Alba Rico | Público. 

Así lo ha declarado el sargento de infantería de los EEUU, Charles Parker, quien hace un año protagonizó uno de los juicios más polémicos de la ultima década. Como todos recordarán, Parker se querelló en mayo de 2010 contra Hassan Fathi y Sofian Basri, presos iraquíes a los que acusó de “difusión irregular de sufrimiento”. Durante el proceso, el testimonio del sargento insistió en la sorpresa que había sentido, transformada enseguida en rencor, cuando descubrió que experimentaba en su propia carne los golpes que propinaba a sus prisioneros: “Era como si me golpease a mí mismo”, declaró; “si les daba una patada en las costillas, me dolían las costillas; si les hundía la cabeza en el agua, me faltaba el aire; si les quemaba los muslos, sentía arder mis propios muslos”. Tanto sufría Parker al torturar a Hassan y Sofian que no podía dejar de descargar una y otra vez su puño contra la fuente de su sufrimiento: “Yo les golpeaba, me doblaba de dolor y, en legítima defensa, les devolvía furioso el golpe; entonces sentía más dolor y más ganas de defenderme y golpearlos de nuevo”.


“¿Por qué me duele a mí si los golpes los reciben ellos?”, clamó el sargento Parker ante el tribunal en un alegato que conmovió a todo el país. El fallo del juez militar produjo una cierta decepción en la opinión pública. Desestimó los cargos contra Hassan Fathi y Sofian Basri, que se habrían limitado a sufrir sin mala intención, y consideró el dolor de Parker una simple “anomalía inicial”: “con el tiempo”, dijo, “se irá usted acostumbrando al dolor ajeno”. Un año después todo parece anunciar un feliz desenlace de esta historia. Parker, en efecto, se fotografió ayer al lado de Hassan y Sofian, hinchados y amoratados por los golpes, y escribió en su twitter: “el juez tenía razón. Me voy acostumbrando al dolor ajeno. Eso es bueno: ahora les golpeo sin rabia ni rencor”.

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