ParticiPASIÓN -transformadora- en la Escuela de HOY mismo

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Lo que aquí planteamos, además de las influencias que iremos anotando, que han despertado nuestra curiosidad y que nos han nutrido, parte fundamentalmente de la experiencia práctica de mas de veinte años de trabajo en procesos de fomento de la participación con personas jóvenes, entidades y comunidades, una tarea sistematización que se traduce en lo que hoy conocemos como educación para la participación (EPA) y que, de forma muy modesta, quiere contribuir a la reinvención de las formas de entender y practicar la educación transformadora.

Y es que como decía Paulo Freire “la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo”

Por Antonio Moreno Mejías @morenocrac en ParticiPasión



A MODO DE INTRODUCCIÓN.
Desde el año 2004, el Colectivo de Educación para la Participación – CRAC venimos convocando un espacio de reflexión, vínculos y debate entre experiencias del conjunto del estado español, donde generamos propuestas, discursos y vivencias que nos ayudan a compartir propuestas metodológicas para el fomento de la participación. Todo ello desde espacios muy diversos: escuelas, programas municipales, asociaciones, colectivos informales, movimientos, cooperativas, etc. Siempre nos ha interesado mas la práctica que la estructura desde la cual se impulsa; el aprendizaje colectivo que supone la mezcla de iniciativas, que la necesidad de contrastar con los colectivos afines. Somos mas de la heterodoxia que de la ortodoxia, mas de ver qué es lo que pasa, de experimentar, que de hacer las cosas como “dios manda”. Y es que en el año 2007, aterrizó este espacio en la isla de Tenerife y desde entonces, el término “Participasión” nos ha venido acompañando en nuestro camino.
Fue en Tenerife y de las gentes que formaron el grupo promotor de aquel encuentro, gracias a las cuales hoy podemos utilizar un término con doble acepción: así es como pronunciamos las gentes del sur “participación”, pero también significa tomar parte desde la emoción. Por ello, no fue ninguna sorpresa que el siguiente Encuentro celebrado en Cádiz en 2009 se centrara en la gestión de la diversidad y en 2010 en Zafra -Badajoz- en las emociones. Hoy apostamos de forma decidida por generar experiencias donde las personas de distintas edades y en diferentes contextos, incorporen dos competencias fundamentales: la capacidad de colaborar e impulsar proyectos con otras y gestionar sus emociones. “Participasión”.
En este artículo huimos de planteamientos visionarios, aunque no perdemos de vista hacia donde queremos llegar: la transformación de nuestra realidad, partiendo de las acciones y vivencias cotidianas, cercanas y pequeñas. Hemos soñado -y lo seguimos haciendo- ese otro mundo posible, aunque para ser mas precisas, ese otro mundo que está siendo, pues tenemos la certeza de que lo transitamos aquí y ahora, en este preciso instante. Son otras las personas que piensan y estudian como será la educación del futuro, con aportaciones muy interesantes que utilizaremos en estas líneas, pero no es nuestra intención sumar otra voz mas a la tarea de imaginarla. Te proponemos un ejercicio de lectura crítica sobre propuestas para impulsar en la Escuela aquí y ahora. Unas propuestas que trasciendan corsés y fórmulas acabadas, pero que aporten pistas concretas para incorporar la “participasión” en las prácticas educativas formales, así como establecer un acuerdo renovado entre la escuela, la comunidad y el tejido asociativo que la conforma; entre la comunidad educativa y la Comunidad en mayúsculas.
Lo que aquí planteamos, además de las influencias que iremos anotando, que han despertado nuestra curiosidad y que nos han nutrido, parte fundamentalmente de la experiencia práctica de mas de veinte años de trabajo en procesos de fomento de la participación con personas jóvenes, entidades y comunidades, una tarea sistematización que se traduce en lo que hoy conocemos como educación para la participación (EPA) y que, de forma muy modesta, quiere contribuir a la reinvención de las formas de entender y practicar la educación transformadora.
Y es que como decía Paulo Freire “la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo[1], por ello nos sentimos parte de ese movimiento amplio, diverso y heterogéneo de personas que, desde un compromiso ético con los valores humanos, hacen de la acción educativa una herramienta de cambio social. Es la reflexión sobre nuestra práctica lo que ahora compartimos, pues sigue siendo nuestra relación con las personas educadoras en espacios formales, la que nos ayuda a entender qué está pasando en las aulas; es el diálogo abierto y sincero con ellas lo que nos provoca preguntas y retos a resolver, desde una complicidad que parte del mutuo reconocimiento de la tarea de cada cual y que, bajo nuestro punto de vista merece la pena cultivar.
También creemos que existe una cierta urgencia.  Es prioritaria la tarea de promover situaciones de aprendizaje colectivo, superando modelos cuya función está centrada en los intereses neoliberales y de mercado, respondiendo a las necesidades coyunturales que demanda un modelo de organización social, cultural, económica y política -la capitalista- que no respeta la integridad de las personas, de nuestro medio y que excluye de forma sistemática cada vez a un mayor número de población, tanto en los países centrales como en los periféricos. Las crisis cíclicas del modelo extractivista basado en el petróleo[2] -crisis ambiental-, junto al modelo de capitalismo financiero global[3] -crisis financiera- y sus efectos en el conjunto de la población, así como las políticas de los Estados, incluido el español, de recortes en materia de inversión pública, están en el trasfondo de la emergencia, de cierta necesidad de articular ya, aquí en el presente, formas de respuesta que pongan el foco en las personas y sus necesidades frente a los intereses del 1%[4].
Para ello te vamos a pedir opinión, porque tenemos mas preguntas que respuestas, porque necesitamos del diálogo permanente, del contraste continuo entre los planteamientos y la realidad, entre las teorías creativas que vamos construyendo y la práctica cotidiana de la cual se nutre, pero por encima de todo, seguimos necesitando a personas educadoras en los centros públicos que, desde su propia visión sigan posibilitando alianzas, complicidades y complementariedades con quienes desde la educación no formal, seguimos dando pasos frente a la desesperanza.
CLAVES EDUCATIVAS: MIRANDO DENTRO Y FUERA.
“La escuela debe ser capaz de leer la realidad concreta que rodea al niño. La geografía es la de su barrio; la historia, la de su familia”.
Francesco Tonucci

Quienes no estamos en el día a día del caminar en la escuela, se nos debe leer con bastante prudencia, sobre a todo a quienes se atreven -espero que no sea el caso- a dar lecciones, incluso a marcar las claves educativas sin el conocimiento preciso de la realidad. Por tanto, esta es una mirada desde fuera, no desde la barrera sino desde la frontera cómplice de estar en contacto cotidiano con muchas personas enseñantes, con quienes tenemos el lujo de compartir sueños y proyectos.
Debo confesar que yo no me aburrí en la escuela, o por lo menos en la etapa en la que en vida se cruzaron aquellas personas que estaban promoviendo la renovación pedagógica en Andalucía y que practicaban otras formas de aprendizaje en el Colegio Aljarafe. Toda mi vida está repleta de vínculos con mi etapa escolar, donde cada maestro o maestra dejaban una profunda huella en muchos de quienes por allí pasamos. El huerto, el teatro, las continuas salidas al barrio y entorno, el aprendizaje de la responsabilidad en el aula -recordaba con mi hija la ansiedad de los días en los que te tocaba ser responsable de “llave”-, las asambleas o excursiones a la naturaleza, despertaba en mi una enorme curiosidad. De una u otra forma, sigue siendo un modelo conocido, vivido y en parte idealizado del papel de la escuela.
Hay algunas tendencias interesantes en relación a como debe ser la educación en el siglo XXI, en especial la iniciativa de la Fundación Telefónica (hhtp://encuentro.educared.org), por la cantidad de personas que han tomado parte de diversas formas. En sus conclusiones, que creo de una lectura muy estimulante, aparecen algunos aspectos que son interesantes tener en cuenta para abordar la “participasion” en el ámbito educativo.
La formación de ciudadanía, no solo orientada al cambiante mercado laboral sino emprendedora, crítica, con capacidades sociales que incorporen las TIC, que provoca una reinvención de metodologías, así como las nuevas competencias necesarias derivadas de la sociedad del conocimiento como la educación emocional, que parta de los intereses del alumnado, basada en la práctica, entendiendo la educación en un sentido amplio, incluyendo los espacios no formales y la participación decidida de las familias y la comunidad.
Estas y otras muchas claves tienen el valor de haber sido formuladas en un proceso de debate. Pero si echamos un vistazo a las nuevas reformas que se ponen en práctica como la Lomce, nos encontramos con otro panorama bien distinto, agravado por el sucesivo recorte de recursos en materia educativa en el conjunto de los países, que como el nuestro, debe seguir la senda marcada la UE en términos de déficit público y las recetas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Pero resulta que muchas de esas claves para la educación del siglo XXI no son nuevas, muy al contrario están apoyadas por múltiples experiencias en donde, cada día, hay una apuesta por una educación de “calidez” y no solo de calidad. Una educación entendida como proceso que acompaña a las personas, al alumnado, en un camino de autonomía personal y de transformaciones personales y de su entorno. Experiencias de colaboración, de trabajo común entre escuela, familia y comunidad, en multitud de temáticas de interés social y solidario, pero con el denominador común de ser una clara apuesta por una ética ciudadana, donde las personas nos hacemos responsables y por tanto partícipes de lo que nos ocurre. Muchos son los programas que incluyen la coeducación, la educación ambiental, la educación para el desarrollo, la educación para la salud, etc, en los currículums de centros, en colaboración estrecha con organizaciones ciudadanas y otras formas de expresión de acción comunitaria. Por ello, pensamos que es una tendencia imparable la inclusión de formas de conexión entre escuela y comunidad para que las personas obtengan una formación que les permita desenvolverse en el contexto de la sociedad actual. Una sociedad educadora[5] que no delega esta función en las enseñantes, en la escuela, sino que contribuye de forma decidida a establecer intersecciones entre comunidad, escuela y familia.
Un claro ejemplo de ello lo podemos observar en los procesos de inclusión social[6], donde el papel de la escuela es determinante y donde se vienen produciendo profundas alianzas con otros actores sociales. Aquí el epicentro del proceso educativo está en los valores, alrededor del cual muchas entidades sociales, de la mano de maestros y maestras, están rompiendo la tendencia a la escuela impermeable, alejada de la realidad y circunscrita a la transmisión de información. Hablamos entonces de escuelas democráticas, donde los valores principales son la libertad, la igualdad y la solidaridad, con formas de trabajo basadas en el diálogo y la gestión de la diversidad.
Las claves para una educación en el siglo XXI, podemos traducirlas en prácticas para un acompañamiento colectivo para la transformación del siglo XXI, donde generalicemos y propaguemos la anécdota. Porque todavía en muchos centros educativos coexisten diversos modelos, reflejando el momento de transición -y porqué no decirlo de tensión- entre lo viejo y lo nuevo, entre leyes que imponen modelos meritocráticos y las prácticas de inclusividad en el aula. Y hablamos de anécdota, porque en muchos casos, las experiencias están sostenidas por la voluntad y compromiso de enseñantes, que no siempre encuentran el eco deseado en sus claustros, que dedican horas de trabajo a redibujar otra educación para otro modelo posible, desde algo que nos parece fundamental: la complicidad.
Nuestra experiencia es que cuando trabajamos desde el respeto y valoración mutua -entre comunidad educativa, profesionales comunitarios, entidades sociales- suele producirse un aprendizaje de enorme relevancia, no solo para la autonomía del alumnado, sino para los propios agentes educativos y comunitarios. Todas enseñan, todas aprenden. Adentrarse en la aventura de aprender de las otras personas, con las otras personas, en un proceso continuo de comunicación y diálogo tiene múltiples beneficios en diversas direcciones. Quienes así lo hemos vivido podemos dar cuenta de ello, pero por encima de todo, aprender de y con el alumnado, poniendo los valores en el centro del proceso de aprendizaje, supone la aventura de descubrir lo desconocido. En ocasiones, cuando hemos trabajado con profesorado en iniciativas de educación para la participación, comparten que han descubierto facetas de su propio alumnado que no habían aflorado en el día a día en el aula, lo que abre nuevos enfoques y una concepción diferente del propio grupo-aula. Ocurre de la misma forma cuando se introduce a las familias o agentes comunitarios; el diálogo genera nuevas formas de relación, aparecen diferentes facetas de la personalidad del alumnado que contribuyen a paliar dos elementos que nos parecen -porque así nos lo comentan el profesorado- muy importantes y que en ocasiones van de la mano: el aburrimiento y la indisciplina.
La nuestra es una apuesta por una educación abierta, dentro del aula, fuera de ella, donde podamos traspasar los límites del centro educativo, donde el aprendizaje no se delegue, parcele, ni termine como un puzzle complejo de encajar, pero sobre las todas cosas, orientado a y desde las personas, teniendo en cuenta sus relaciones[7] y emociones, las de toda la comunidad educativa, sin que nadie quede fuera, desde la complicidad y el ejercicio de una democracia radical. Y ahí nos encontramos con muchas personas que, posiblemente como tu, quieran compartir esta tarea.
TEJIDOS, VÍNCULOS Y FORMAS DE HACER COMUNITARIAS.
 “Error de sistema. Reinicie, por favor”
Movimiento 15M

En los últimos años asistimos a un cambio importante en la concepción de la intervención comunitaria, debido -entre otros muchos factores- a los movimientos surgidos a partir del estallido social del 15M que, con repercusiones muy dispares en los diferentes territorios, ha promovido que la reclamación de mayor transparencia, democracia y participación, se hayan situado en un lugar central del debate público. Y es que asistimos a una realidad donde se superponen diversas formas nuevas de articulación social y de actuar colectivo con aquellas que tienen una trayectoria mayor. Podemos observar como en un mismo territorio permanecen las asociaciones y organizaciones sociales centradas en intereses concretos -vecinales, deportivas, asistenciales, autoayuda…etc- , con entidades de luchas específicas de carácter mas global -ecologistas, feministas…etc- y formas de acción colectiva menos formales -mareas, asambleas, movimientos por la vivienda…etc- y donde en ocasiones existe un claro flujo de ideas y personas entre unas y otras.
No es posible por tanto, realizar un foto fija del conjunto del tejido asociativo, caracterizado por su enorme diversidad y formas diferentes de articulación. Es evidente que las políticas públicas en diversas materias, no pueden ser eficaces sin contar con los diversos espacios de organización de las personas de un territorio concreto, no solo por suponer un déficit democrático, sino por ser ineficaces.
Las organizaciones sociales -de todo tipo- cumplen una función fundamental en nuestros territorios, donde entre otros aspectos:
  • Suponen una respuesta ciudadana a necesidades e intereses diversos. Una  expresión de la democracia.
  • Es una escuela de participación. Porque a participar se aprende participando.
  • Es un espacio fundamental de relaciones y vínculos entre las personas de una comunidad.
  • Propicia sentimiento de pertenencia e identidades entre las personas.
  •  Contribuye a la expresión de valores sociales positivos.
  •  …y otras muchas según en cada caso.
Sin embargo, durante gran parte de los años 90 y del presente siglo, muchas organizaciones sociales han jugado un importante papel en la puesta en marcha de dispositivos del Estado del Bienestar, complementando las acciones de las administraciones, cuando no supliéndolas directamente. El lema principal era acompañar “la propuesta a la protesta”. Fueron años donde, con sus luces y sombras, una parte de la sociedad civil pasó a liderar programas socioeducativos en los diversos territorios, con presupuesto público y haciendo una encomiable labor de impulso hacia un modelo mas justo y equitativo. Hasta que, sin previo aviso, se empieza a prescindir de sus programas[8], proyectos e iniciativas en marcha. Los recortes provocan una auténtica caída de los proyectos comunitarios, muchos de ellos dirigidos a sectores muy vulnerables de la sociedad, precisamente aquellos que están sufriendo de forma mas aguda las consecuencias de las políticas en marcha. Alguien incumplió el pacto, la complementariedad entre acción social ciudadana y administraciones se ve amenazada por la falta de recursos.
De manera paralela, estos mismos recortes afectan a las iniciativas de las propias administraciones, especialmente de Ayuntamientos, que sufragaban programas de acción comunitaria dirigidos a diversos sectores sociales, muchos de los cuales se desarrollan en coordinación con la comunidad educativa. Así, a la vez que van aumentando las necesidades sociales, se precariza la respuesta pública, generando el desborde de los servicios sociales comunitarios y la impotencia de quienes forman parte de ellos, al no contar con suficientes alternativas para su resolución. Las formas clásicas de la intervención social -atención directa a necesidades- entran en una profunda crisis, dando lugar a nuevas respuestas -PAH, Corralas en el caso de vivienda, Centros Sociales Autogestionados- junto a otras de acción paliativa como los Bancos de Alimentos o el reparto de comida en parroquias. Muchos servicios sociales públicos derivan a las personas usuarias a estos dispositivos sociales.
Esta situación, provoca una profunda necesidad de transformación en el tejido asociativo[9], que se enfrenta a retos muy importantes en términos de sostenibilidad de sus proyectos, pero también de posición como herramienta útil para la participación de la comunidad[10], adoptando formas diferentes que propicien un mayor protagonismo de las bases sociales. Aparece como finalidad de la acción social comunitaria la autonomía de las personas y su plena condición de ciudadanía como sujeto colectivo, el trabajo en red -entre el propio sector y entre sectores sociales- como principal forma de abordar los problemas sociales y la participación directa como medio para que todo ello se produzca. Tomar parte de las decisiones que nos afectan, se convierte en una prioridad para muchos de los programas públicos o asociativos en la actualidad[11]. Esta apuesta por la participación tiene un enorme carácter transformador, tanto de las condiciones de vida de las personas como de la posición que ocupan en la realidad. Fundamentalmente porque es un cambio de comportamiento, un cambio en la forma de hacer y sentirse parte de la comunidad en la que se vive y donde se transita, de forma colectiva y directa, hacia condiciones positivas deseables, hacia objetivos marcados en función a intereses o necesidades compartidas.
Para que esto sea posible, es imprescindible que existan formas organizativas que cristalicen los diferentes vínculos entre las personas, entre estas y su contexto, así como mecanismos concretos para fijar metas y establecer caminos para su consecución, en una sociedad cambiante de crisis estructural[12], donde los modos de vida han sufrido una profunda transformación y donde los desafíos a los que nos enfrentamos son bien distintos a los del siglo pasado. De ahí la necesidad urgente de contar con nuevas fórmulas de vertebrar-nos en la sociedad de la era digital y por ello de metodologías de intervención, que si bien recogen la dilatada experiencia de la educación popular, el desarrollo comunitario, la animación sociocultural o la investigación-acción-participativa, supongan una actualización, una re-lectura de cada una de ellas, para que se conviertan en tecnologías útiles para alcanzar anhelos colectivos.
Para ello, aparece el trabajo en red[13] como la forma mas adecuada hoy, para producir las articulaciones necesarias, pues supone una manera de abordar los retos colectivos desde principios como la horizontalidad (no existe control jerárquico), la autonomía y comunicación permanente (nadie pierde identidad), la flexibilidad organizativa o la pertenencia participativa (se forma parte de la red cuando se trabaja en red, no cuando se “figura”) entre otras, y contribuyendo a la necesaria colaboración entre diferentes actores sociales para el “Procomún” que como nos plantea Antonio Lafuente “(…) lo forman las cosas que heredamos y creamos conjuntamente y que esperamos legar a las generaciones futuras”[14] ¿Tiene la educación algo que ver con esto?
LA PARTICIPACIÓN Y OTRAS HIERBAS.
“Cuando se van a tomar decisiones que afectan a más de una generación, que de alguna manera pueden hipotecar el destino de tus hijos o el de los hijos de tus hijos, eso tiene que ser Plebiscitado. No puede ser decidido por un gobierno y chao.”
Eduardo Galeano.

¿Se pueden imponer valores? ¿Es posible conseguir la igualdad solo con trasmitir su definición? Carlos Núñez[15] nos recuerda que frente a los valores del mercado, la “cultura de la normalidad” sustentada en mentiras y violencias que nos hace percibir la barbarie como algo “natural”, se contrapone la necesidad de soñar, de re-crear un mundo mas justo desde la coherencia. Valores como igualdad, libertad y justicia deben construirse. Son solo alcanzables desde un proceso de visión crítica de la realidad, de definición de cambios personales y colectivos, dibujando caminos para su consecución. Caminos coherentes. Así, la participación es un medio fundamental para la construcción de otro mundo posible, un elemento esencial de la práctica transformadora y educativa.
La participación es un medio lleno de sentido y valor en si mismo, pues implica la asunción de la responsabilidad de la ciudadanía para con su condición. Tener una vida digna es aquella en la que te adueñas de tus decisiones, tanto en el plano personal como en el colectivo. De esta forma ¿Es posible renunciar a la participación?
Participar implica tomar parte, ser protagonistas de lo que nos sucede, intervenir para responder a nuestras necesidades y demandas. Por tanto, también es una cuestión de poder, de que existan las posibilidades reales para la toma de decisiones sobre los temas que nos afectan, los mecanismos suficientes para que las personas relacionadas con una situación o problema tengan voz propia en su resolución. A menor participación mayor concentración de poder, a mas participación mas democracia, a mas democracia mas libertad. Y hoy mas que nunca, debido a las posibilidades que nos brindan las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) es mas viable si cabe.
Pero también la participación tiene tipologías, ámbitos y niveles, no es todo o nada. En primer lugar, podemos distinguir la participación grupal, en donde operan fundamentalmente las condiciones personales de quienes la realizan y la participación social, donde cobra importancia la incidencia en los espacios de decisión y poder político o económico.
En cuanto a los ámbitos, la participación grupal puede desarrollarse mediante entidades del Tercer Sector, asociaciones, organizaciones o movimientos sociales, así como en programas impulsados por diversas administraciones públicas, en campos tan diferentes como el socioeducativo, sociolaboral, sociocultural, socioambiental, etc.
Y por último estarían los diversos niveles de participación, desde la información, que supondría el primer escalón y condición necesaria previa, seguidos de la opinión, donde las personas construimos un discurso colectivos alrededor de un tema o aspecto de nuestra realidad; la consulta, en donde se produce un intercambio entre espacios centrales de poder hacia el conjunto; la reclamación, donde la situación se invierte pues sería un conjunto de personas que hacen llegar reivindicaciones a espacios de poder; la decisión o co-decisión, donde se comparte la capacidad de llegar a un acuerdo sobre un determinado aspecto desde las personas afectadas; la cogestión, que implica no solo tomar decisiones sobre los asuntos que nos afectan, sino comprometernos en su ejecución, en la puesta en marcha así como el control de su desarrollo; la autogestión, que sería el máximo nivel de participación, donde se ponen en marcha iniciativas que responden a las necesidades e intereses de sus protagonistas de forma autónoma -no dependiente de otros sectores políticos y económicos- y coordinada -teniendo en cuenta a otras formas de acción dentro de un territorio-. Pasar de un nivel a otro es lo que entendemos como proceso participativo.
Pero nos preguntamos: ¿Cómo impulsar y favorecer la participación en el ámbito socioeducativo? Nos enfrentamos a un reto metodológico, algo así como la composición de una tisana de múltiples yerbas que den el resultado esperado: el empoderamiento personal y colectivo para la vida, la participación del conjunto de la comunidad educativa y su contexto en la transformación del mismo.
JoseMªLama[16] nos plantea que “la transformación de la realidad sólo podrá llevarse a cabo con eficiencia mediante la participación articulada de ciudadanos y ciudadanas y colectivos que sean conscientes (conocedores y concienciados) de la realidad en la que viven y la práctica que en ella ejercen; y estén preparados para cambiar esa realidad” . Para ello se establecen los siguientes principios metodológicos:
  •  Que las personas conozcan la realidad en la que viven y caractericen la práctica que en ella realizan. Que QUIERAN (motivación) participar.
  • Que adquieran los instrumentos formativos necesarios para analizar su realidad y actuar de forma transformadora en ella. Que SEPAN (formación) participar.
  • Que participen articuladamente en dicha transformación. Que PUEDAN (organización) participar.
Son elementos simultáneos, que se producen a la vez y si alguno de ellos falla, es posible que exista un déficit de participación.
Fernando de la Riva[17] nos plantea la necesidad de analizar y conocer la realidad para transformarla, “Analizar supone estudiar, observar y preguntar, preguntarse, reflexionar, cuestionar, problematizar algo, un objeto de análisis, una situación determinada, para conocerla mejor, para comprenderla y poder desenvolvernos mejor con/en ella”. Es desde el trabajo de diagnóstico permanente como podemos situar-nos en nuestro presente, generar las condiciones necesarias para que se produzca la participación de las personas en el contexto socioeducativo y trasladar al conjunto de la comunidad la necesidad de una escuela democrática.
Hablamos por tanto de metodologías específicas para el fomento de la participación, procesos donde nos interesa tanto qué transformar como el cómo transformar, partiendo de las necesidades, intereses, demandas del conjunto de la comunidad educativa, donde se combinan elementos de motivación, formación y organización que posibiliten la real y efectiva intervención del conjunto de sectores, dentro y fuera de la escuela.
Pero no nos engañemos. En nuestra sociedad nos topamos con enormes muros de silencio, de falta de escucha de los problemas reales de la gente por parte de dirigentes y responsables políticos, porque la lógica de la delegación se impone a la de colaboración, porque todavía se minusvalora la voz y sentires de la ciudadanía; de la misma forma, trasladándolo a las escuelas, nos encontramos con dificultades para poner en valor la voz de la infancia y la juventud. Por ello, muchas iniciativas están en marcha para revertir esta situación; desde presupuestos participativos a planes comunitarios, desde programas públicos a espacios ciudadanos autogestionados; las respuestas están  muy vivas, porque ahora mas que nunca, la participación es un elemento esencial para la construcción de otro mundo posible.
ALGUNAS PROPUESTAS DE CONEXIÓN ESCUELA-COMUNIDAD.
Como ya hemos apuntado con anterioridad, existen muchas propuestas, proyectos e iniciativas que trabajan de una u otra forma la participación de la comunidad educativa en relación con su contexto y el tejido social. Creemos firmemente que el acumulado de experiencia es muy importante y que debemos realizar un esfuerzo por poner en valor las buenas prácticas que, en nuestro contexto, se vienen desarrollando, pues son una enorme oportunidad para el aprendizaje.
Entre todas ellas, os señalamos algunas propuestas, que bajo nuestro punto de vista, se convierten en tendencias muy claras de trabajo en el ámbito socioeducativo en el presente. Esta es una selección parcial, posiblemente podamos encontrar mas, pero destacan por dar respuestas a algunos de los interrogantes que nos estamos planteando:
  • Comunidades de Aprendizaje.
  • Aprendizaje-Servicio.
  • Redes de Educación en Valores.
 Comunidades de Aprendizaje[18].
Las Comunidades de Aprendizaje son proyectos que apuestan de forma clara por la transformación educativa y social, como respuesta práctica al reto del aprendizaje en la sociedad del conocimiento y que tienen su marco conceptual y metodológico en el aprendizaje dialógico[19]. Se promueven alrededor de dos elementos: la participación de la comunidad y las interacciones, incluyendo en el proceso educativo a todas las personas que tienen relación con el proceso de aprendizaje y por tanto, con la vida de un territorio, desde amistades, familiares, organizaciones sociales, etc.
Las Comunidades de Aprendizaje se traducen en tres espacios fundamentales, que se ven completados con otras acciones dentro y fuera del centro educativo: grupos interactivos dentro del aula, formación y participación de familiares, y tertulias dialógicas. El esquema de trabajo con el que se desarrolla el proceso parte de una etapa de Sensibilización, donde se transmite qué son las Comunidades de Aprendizaje, para continuar con la de Toma de Decisión, donde se establecen las condiciones para que el centro educativo impulse el proyecto; el Sueño, donde el conjunto de la comunidad educativa define como sería su centro ideal, para pasar a la Selección de Prioridades partiendo del conocimiento de la realidad y por último la Planificación, donde se forman comisiones con participación de la comunidad educativa que llevan a la práctica acciones coordinadas desde una asamblea.
En el conjunto de experiencias que se están desarrollando en este momento, son múltiples las formas desde las cuales se están abordando temáticas diversas, pero como nos apuntan sus promotores “Partiendo de los sueños de toda la comunidad educativa y a través del diálogo y la ciencia este proyecto transformador está alcanzando un doble objetivo: superar el fracaso escolar y mejorar la convivencia”.
Aprendizaje-Servicio (APS)[20].
El APS parte de la idea de “aprender haciendo un servicio a la comunidad”, siendo un método para unir el aprendizaje de conocimientos, habilidades, actitudes y valores con el compromiso social
Según lo define el Centre Promotor d’Aprenentatge Servei, “el aprendizaje-servicio es una propuesta educativa que combina procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un solo proyecto bien articulado donde los participantes aprenden al trabajar en necesidades reales del entorno con la finalidad de mejorarlo”.
En palabras de Roser Batlle[21] el APS es:
  • En primer lugar, el verdadero éxito de la educación consiste en formar buenos ciudadanos capaces de mejorar la sociedad y no sólo su currículum personal.
  • En segundo lugar, los niños y jóvenes no son los ciudadanos del futuro, son ya ciudadanos capaces de provocar cambios en su entorno. Los casi 4.500.000 de niños y jóvenes en edad escolar que tenemos en España pueden contribuir a hacer un mundo mejor arreglando el parque cercano a su escuela; aliviando la soledad de los abuelos o contando cuentos a niños más pequeños.
  • Y en tercer lugar, resulta que además, hacer un servicio a la comunidad, ayudar a los otros, es uno de los métodos de aprendizaje más eficaces, porque los chicos y chicas encuentran sentido a lo que estudian cuando aplican sus conocimientos y habilidades en una práctica solidaria.
Existen múltiples experiencias de conexión entre centros educativos y organizaciones sociales, en las cuales se ponen en juego estos principios, donde destaca la percepción de utilidad de la acción del alumnado a la hora de resolver problemas/situaciones concretas, contribuyendo de forma decidida a una toma de conciencia crítica y formación de una ética ciudadana.
 Redes de Educación en valores.
Englobamos en este epígrafe el conjunto de programas educativos que se desarrollan, desde los centros y en el espacio de la educación formal, en colaboración con entidades sociales y ONG’s con experiencia y recorrido en diversos temas como la cooperación, la interculturalidad, la lucha contra el racismo y la xenofobia, la coeducación, la educación ambiental y muchos otros de interés para el conjunto de la comunidad educativa.
Le añadimos el término “redes” en un doble sentido: por un lado son intervenciones en donde se genera una dinámica de colaboración y coordinación entre la comunidad educativa y las organizaciones sociales, pero también porque promueven la relación y el intercambio de experiencias entre el propio profesorado y/o alumnado adscrito a los programas.
Como ejemplo Oxfam Intermón desarrolla un programa educativo para la ciudadanía global[22], donde ponen en marcha programas educativos para la infancia, además de una red específica de profesorado y un centro de recursos didácticos en esta materia. En este sentido la educación para el desarrollo, se ha convertido en una prioridad para el conjunto del sector asociativo. También en términos de educación ambiental se deben resaltar las iniciativas alrededor de las “ecoescuelas”, con una conexión entre administraciones, comunidad educativa y organizaciones sociales.
Pero en este apartado tenemos un claro y paradigmático ejemplo en el municipio de Los Realejos -Tenerife-, donde desde la iniciativa municipal, se conectan diversas actuaciones donde se  combinan programas de la participación de la comunidad educativa a través de la “Unidad Didáctica” en IES, con el plan municipal de educación y atención a la sexualidad juvenil y con Diálogo-Diálogo, un espacio para padres y madres con intención de crecer en el acompañamiento de sus hijos e hijas, todo ello de forma coordinada entre diversas áreas municipales y centros educativos, que posibilita el abordaje de la educación en valores desde una concepción de escuela democrática y permeable a su entorno.
Todas y cada una de estas experiencias están configurando la otra escuela posible, con un impacto muy importante en términos de consecución de objetivos y sobre todo, convirtiéndose en referente para abordar la educación en el siglo XXI, el papel de los diferentes actores y sobre todo, la contribución de la educación formal a la transformación de la realidad y la construcción de otro mundo posible.
LA EDUCACIÓN PARA (Y DESDE) LA PARTICIPACIÓN.
Entendemos la educación para la participación (EPA) como una proceso de aprendizaje de los conocimientos, competencias, habilidades y valores necesarios para, colectivamente, conseguir traducir las ideas en acción de forma autónoma. En el caso de la infancia y la juventud, la EPA se convierte en un itinerario formativo y experiencial en donde las personas viven un recorrido que les incorpora con voz propia a su propia comunidad.
En nuestro caso, desarrollamos esta “aventura” en el marco de la Red de Educación para la Participación “Creando Futuro”[23], donde diversas entidades sociales, administraciones públicas y cooperativas de la economía social y solidaria, acompañamos a grupos de jóvenes por un itinerario compuesto de tres etapas, conectadas entre sí y con características diferenciadas, adaptadas a las edades de las personas destinatarias.
La primera se desarrolla en los IES con jóvenes de la ESO, entre 12 y 14 años, donde el objetivo principal es la sensibilización solidaria y la adquisición de habilidades básicas para el trabajo colaborativo, combinando la educación formal y no formal. Nuestra mirada se sitúa principalmente en las personas y sus relaciones. Se traduce en el proyecto “Cantera” -”Unidad Didáctica” en Los Realejos-.
La segunda etapa se desarrolla en espacios juveniles de la comunidad -casas de la juventud, asociaciones…etc.- con jóvenes entre los 14 y 16 años, donde el principal objetivo es el análisis de la realidad y la intervención en ella, desde la educación no formal. Nuestra mirada se sitúa principalmente en el grupo y sus interacciones. Se traduce en el proyecto “Creando Futuro”.
La tercera se desarrolla en diversos espacios en función de las características de cada grupo -centros sociales, casas de la juventud, asociaciones, ONG’s-, con jóvenes a partir de los 17 años, donde el objetivo principal es la adquisición de habilidades para la acción autónoma y la auto-organización, donde situamos nuestra mirada en la comunidad, desde la educación no formal e informal . Se traduce en “Formación Asociativa” o como se denomina por la propia gente joven “Tercera Fase”.
Este itinerario combina espacios de educación formal, no formal e informal, generando situaciones permanentes de aprendizaje de:
  • Visión crítica de la realidad y el papel que en ella cumplen las personas participantes.
  • Desarrollo de iniciativas propias frente a la realidad para su transformación.
  • Habilidades para la acción colectiva, el trabajo en grupo y en equipo.
  • Conocimientos para la articulación y organización de estructuras autogestionadas.
Por tanto, cuando hablamos de EPA, una idea-fuerza muy importante es la autonomía de las personas participantes, pues las acciones que ponen en marcha responden a la visión que de la realidad van construyendo en grupo, desde el máximo respeto a sus ritmos, tiempos y criterios. Así mismo, el estilo de acompañamiento, de facilitación, pasa por el principio de no-intervención, en la medida que ninguna persona dinamizadora ni docente cubre una necesidad que el grupo no haya vivido y demandado de forma expresa; es decir, se intenta no “robar” aprendizajes. Un ejemplo: si un grupo de jóvenes quiere montar una campaña en el IES, pero no tiene en cuenta a parte de la comunidad educativa, por ejemplo al profesorado, y eso supone un freno a su iniciativa, es a través del diálogo y la evaluación colectiva, donde el propio grupo llega a la conclusión de que deberían haberlo tenido en cuenta. Aunque lo veamos claro, no nos anticipamos.
Todo este proceso está recorrido por una ética del cuidado, entendido como el modo de relación entre las personas basado en la igualdad, el respeto y la empatía, contemplando de manera prioritaria el componente de educación afectiva y gestión emocional.
La EPA por tanto, mas que un proyecto concreto -que lo es en nuestro caso- o un itinerario formativo -que también lo es- la contemplamos como un enfoque educativo de los procesos grupales y sociales, aplicable mas allá de un ámbito concreto o del trabajo con un sector de población. Supone entender que cada situación o experiencia colectiva incorpora posibilidades de aprendizaje, de conocimiento, de descubrimiento de nuevas habilidades y formas de actuar en común. Por ello, tanto las experiencias descritas en el anterior apartado, como las prácticas que se derivan de una escuela democrática, pueden incorporar el enfoque de EPA.
La aportación que la EPA puede realizar a la construcción de un marco de relaciones entre escuela y comunidad se pueden resumir en:
Una pedagogía de nuestro entorno: es la visión crítica sobre nuestra realidad la que orienta la acción educativa. La forma de relación de las personas con nuestro entorno, el medioambiente, el contexto cultural en el que nos inscribimos, como percibimos las condiciones actuales y en qué medida me/nos afecta, son la materia prima desde la que partir.
Una pedagogía de los cuidados: porque ponemos a la persona y las relaciones igualitarias, sus sentimientos y no solo sus pensamientos, como forma de trabajar los vínculos interpersonales.
Una pedagogía de la escucha: porque es el diálogo continuo, la comunicación de calidad la principal herramienta y objetivo del proceso de aprendizaje; la convivencia requiere de esta habilidad básica.
Una pedagogía de la decisión: donde se incorpora como aprendizaje principal la corresponsabilidad desde la libertad, desde el criterio propio, asumiendo las consecuencias de lo que hacemos personal y colectivamente.
Una pedagogía de la autonomía: porque es preciso generar aprendizajes para que las personas seamos autónomas, podamos tomar nuestras propias decisiones y podamos aprender de las experiencias, sacando las conclusiones desde la práctica cotidiana.
Una pedagogía de la acción colectiva: porque hacer cosas en común con otras no es sencillo, se requiere desmontar todo lo que el modelo jerárquico, autoritario y patriarcal nos ha ido trasladando, transformándolo en horizontalidad, democracia e igualdad, para construir con otras otro mundo posible.
Y eso es lo que hacemos, aprendiendo día a día, de la gente, con la gente… ¿Nos acompañas?
(El presente artículo fue publicado originalmente en la “Revista Davalia” nº 2, de mayo de 2014, del Centro del Profesorado Norte de Tenerife)
BIBLIOGRAFÍA -descargable- y espero de vuestro interés.


[1]    “La educación como práctica de la libertad”. Paulo Freire. Edit. Siglo XXI. 1978.
[2]      Ver “ La Quiebra del Capitalismo Global: 2000-2020. Preperándonos para el comienzo del colapso de la Civilización Industrial”. Ramón Fernández Durán. Virus Editorial. Marzo 2011.
[3]      Ver “Crisis y Revolución en Europa”. Observatorio Metropolitano. Traficantes de sueños. Octubre 2011.
[5]      Ver “Educación y Ciudadanía”. Documentos para el Debate. Fundación Esplai. 2007.
[6]      Ver “La Educación Formal y los procesos de Inclusión Social”. Documentación Social nº 163. Octubre – Diciembre de 2011.
[7]      Ver “La coeducación en la Escuela del siglo XXI”. Pandora Mirabilia. Los Libros de la Catarata. 2011.
[8]      Ver “Estudio sobre el presente y futuro del Tercer Sector social en un entorno de crisis.” Obra Social la Caixa. 2013.
[9]      Ver “Proyecto Sinergias”. Colectivo de Educación para la Participación – CRAC.http://www.redasociativa.org/sinergias.
[10]    Ver “¿Poqué hacemos lo que hacemos? Una propuesta de debate para el Tercer Sector”. Fundación Tomillo. 2007.
[11]    Ver “Foro de Debate 2: Participación para la inclusión y la transformación social”. EAPN. 2012.http://www.eapn.es/ARCHIVO/documentos/recursos/2/Forodedebate2.definitivo.pdf
[12]    Ver “De la coyuntura a la estructura: los efectos permanentes de la crisis”. Documentación Social nº 166. 2013.
[13]    Ver “Redes Asociativas: sumar fuerzas para multiplicar resultados”. Fernando de la Riva y Antonio Moreno. Cuadernos Prácticos para Asociaciones. CRAC. 2010. Segunda Edición Actualizada.
[15]    “La Revolución Ética”, Carlos Núñez Hurtado. IMDEC. México. 1998.
[16]    Ver “Metodología de la Acción Voluntaria”. Jose Mª Lama. Plataforma del Voluntariado de España. 1990.
[17]    Ver “Metodologías de análisis de la realidad global y local”. Fernando de la Riva. Colección “A Fuego Lento” nº9. Plataforma para la Promoción del Voluntariado en España.
[18]    Mas información en http://www.comunidadesdeaprendizaje.net/‎
[19]    Ver “Aprendizaje dialógico en la sociedad de la información”. VVAA. Hipatia. 2008.
[20]    Mas información en http://www.aprendizajeservicio.net/

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