Dinamitando el aburrimiento

Pocas cosas son las que me devuelven la esperanza de ser animador en tiempos de crisis y trabajar dinamizando resulta la más eficiente de todas.

Por curiosa desgracia una compañera animadora se rompió un dedo y con ello pude entrar a trabajar en un espacio joven en Rubí.


Animar sin desanimarse

 
Diferente a lo conocido pero a la vez muy semejante al resto de lugares con el mismo sentido de ser, el de crear una buena oferta lúdica y formativa para los jóvenes de la ciudad.
Entre risas y trabajo duro he pasado casi tres semanas organizando actividades y vuelvo a sentir aquello que mientras uno estudia no puede ver… el sentido real del trabajo.

Bien es cierto que entre actividades de baile, torneos varios y espacios por gestionar, uno puede intuir cual es el espíritu del lugar, en este caso veo mucho potencial todavía por  sacar a la luz y me quedaré con las ganas de poder ser yo quien lo intente, pero no me cabe duda que quien se queda puede hacerlo.

Dinamizar es una palabra que me cuesta definir cada vez más y con la experiencia encuentro que mucha gente la define con gran similitud, ósea que para mucha gente significa un protocolo y una forma de hacer las cosas exportable a cualquier lugar.
Tal y como lo veo yo, es una forma de hacer que incluye esos tantísimos factores como empatía, alegría, organización, normas, leyes y reciprocidad, pero por encima de todo, interacción.
Quiero matizar que por cada persona existe una actitud y un aprendizaje, la famosa mochila, por ello puede haber dentro de una buena gestión muchos estilos de hacer. Hay quien resulta más serio/a o más tímido/a y también quienes buscan ser amigos de los y las jóvenes o quienes se hacen respetar por decreto ley, por esto creo muy importante, dentro de las capacidades aprendidas, fijarse bien en el tipo de personas que somos y tratar de mejorarnos, así como no juzgar demasiados a los y las demás compañeros/as por tener una actitud más o menos así o asá.

Digo esto porque en mi último trabajo se me sugirió que fuese más paternalista  con la chavalería y ciertamente lo intenté, pero con ello también me ponía una máscara ficticia que en las interrelaciones se dejaba notar en el mal sentido puesto que perdía la frescura de lo innato de mi  forma de ser.
Por ello, más que cambiar, decidí mejorar incluyendo solo en parte aquel consejo y con ello acepté que el margen de mejora no tiene fin, siempre que se parta de la aceptación de la realidad.

Os dejo por el momento con este consejo, utilizad el sentido común por encima de las imposiciones y dejad un hueco al cambio por si cambiar mejora el resultado.

Comentaris