Fem Rambla: rediseñando la participación ciudadana


En abril del año pasado un grupo de vecinos y vecinas del Poblenou pararon literalmente las obras que el distrito de Sant Martí iba a realizar en las rotondas de la Rambla. Tras la oposición del barrio a que las rotondas fueran asfaltadas (como ya había pasado anteriormente con el tramo central de la Rambla) pidieron al Ayuntamiento que iniciase un proceso participativo sobre este tema. 
Reunidos en asamblea, los vecinos y vecinas decidieron aventurarse en una iniciativa de participación que permitiera debatir sobre el modelo de la Rambla y el futuro de su barrio. Allí nació Fem Rambla: un movimiento vecinal formado por asociaciones, ateneos, comerciantes, artesanos, vecinos y vecinas, que ha desarrollado un proceso participativo proactivo, constructivo y autogestionado.
Laia Forné Aguirre Colectivo [urbanIN+] – Urbanisme Inclusiu en DiagonalBlogs
El actual contexto de recortes y privatizaciones ha vuelto a poner de relieve la lucha por el derecho a la ciudad y al espacio público como escenarios democráticos de conflicto político y de defensa de los derechos sociales. El espacio público como reivindicación de lo común y, al mismo tiempo, como lugar de confrontación de intereses entre la ciudadanía y el poder político y económico. El último ejemplo mediático ha sido el caso de Gamonal.
Pero los “gamonales” son diversos, y las formas de lucha y resistencia para defender el bien común, también. En Poblenou tenemos un buen ejemplo de otros gamonales pero, esta vez, a través de la organización vecinal que durante 9 meses ha desarrollado un proceso de participación ciudadana.
En abril del año pasado un grupo de vecinos y vecinas del Poblenou pararon literalmente las obras que el distrito de Sant Martí iba a realizar en las rotondas de la Rambla. Tras la oposición del barrio a que las rotondas fueran asfaltadas (como ya había pasado anteriormente con el tramo central de la Rambla) pidieron al Ayuntamiento que iniciase un proceso participativo sobre este tema. El Ayuntamiento se negó alegando que no tenía recursos. Meses después destinaría más de 22.000 euros en un proceso paralelo.
Reunidos en asamblea, los vecinos y vecinas decidieron aventurarse en una iniciativa de participación que permitiera debatir sobre el modelo de la Rambla y el futuro de su barrio. Allí nació Fem Rambla: un movimiento vecinal formado por asociaciones, ateneos, comerciantes, artesanos, vecinos y vecinas, que ha desarrollado un proceso participativo proactivo, constructivo y autogestionado. El objetivo del proceso ha sido establecer las bases de un modelo de participación que sirva como base para la comunicación con el distrito y sea extrapolable a cualquier otra intervención urbanística en el barrio.

Fem Rambla es, por lo tanto, un intento de rediseñar la participación ciudadana.


Poblenou: un barrio con legado asociativo
Poblenou es un barrio de tradición obrera y emblema del cooperativismo catalán. El recién recuperado edificio de La Flor de Maig (la cooperativa catalana más importante de principios del siglo pasado) es uno de sus máximos exponentes. La vida de barrio y los orígenes industriales y populares de Poblenou aún se respiran, aunque en conflicto con los poderes económicos y financieros que hace dos décadas emprendieron grandes planes urbanísticos con la excusa de la degradación urbana, la obsolescencia industrial y la celebración de las olimpiadas del 92, teniendo continuidad en el 22@ y el Fórum de les Cultures 2004.
El efecto urbano de estos grandes proyectos ha sido el cambio de uso de suelo industrial a residencial y terciario (oficinas, hoteles y superficies comerciales), bajo el copyright de la marca Barcelona, creando espacios urbanos impersonales y una ciudad sobreactuada en su diseño arquitectónico que museífica su pasado industrial. En definitiva, una evolución con alma comercial que proyecta modernidad y diseño para ganar inversiones foráneas, dejando al margen las necesidades de la vida cotidiana.
Aún rodeada por esta evolución urbana, la Rambla del Poblenou siempre ha sido el eje vertebrador de la vida poblenourina. Es, sin duda, uno de los lugares más peculiares de la ciudad. Uno de esos pocos paseos que todavía sirven como espacio de socialización, donde los bancos siempre están llenos de gente que simplemente observa o dialoga y donde confluye una gran diversidad de usuarios y usuarias: bicicletas, patines, paseantes, familias, gente mayor, niños jugando en las rotondas, etc. Además, la rica vida asociativa del barrio se encarga de animarla, día sí día también, con multitud de actividades que llenan de color el paisaje urbano.
Pero la Barcelona salvaje de los hoteles y el turismo deja entrever los primeros síntomas de gentrificación. En poco tiempo, la Rambla se ha llenado de terrazas, turistas y franquicias que, lejos de dinamizar el tejido comercial y de proximidad, convierten los locales en clones de bares y panaderías multicereales.

La participación tiene un nombre
En Barcelona la participación tiene un nombre: NRPC (Normas Reguladoras de la Participación Ciutadana). Y es que todo necesita ser normativizado en esta ciudad. Pero en la Barcelona de los setenta la participación no se regulaba, simplemente se ejercía. Fueron las luchas vecinales las que, a través de reivindicaciones urbanas, construyeron y habilitaron nuestros barrios.
Pero con el tiempo, las reivindicaciones vecinales fueron canalizándose mediante mecanismos legislativos que normativizaron e institucionalizaron poco a poco las formas de participación. Así es como se ha ido construyendo un modelo de escaparate, en el que está permitido mirar, pero no tocar: el Ayuntamiento es el que decide cuando toca participar, de qué manera y sobre qué se puede opinar.
Ante este modelo, la pregunta parece redundante: ¿para qué una ciudadanía proactiva y con capacidad directa de interpelación, pudiendo escoger una ciudadanía pasiva, controlada y resignada? Y es que practicar una participación real y directa implicaría devolver cuotas de poder a la ciudadanía y dejar margen a la autoorganización y a la iniciativa popular. Pero esto conlleva unos riesgos que las actuales administraciones “democráticas” no están dispuestas a asumir.

Una relación difícil
Tras nueve meses de proceso participativo, siete asambleas, tres jornadas de debate, una encuesta en la que se han pronunciado más de 480 personas, múltiples actividades en la Rambla, infinitas reuniones y la participación directa de más de 1.300 personas, el Distrito decidió iniciar un proceso paralelo, un “novedoso método de participación”, en el que ha invertido 22.000 euros y que pretende extrapolar a otros procesos en la ciudad.
Pero Fem Rambla ha seguido fiel a su proceso y, tal y como se había comprometido, lo dio por finalizado en diciembre de 2013, aprobando en asamblea el documento final resultado de los 9 meses anteriores. El informe es un documento abierto que recoge los consensos generados durante el proceso pero también aquellos puntos en los que, aunque con criterios comunes, aún no se ha llegado al suficiente consenso vecinal.
El 4F tuvo lugar una reunión con Xavier Trías, alcalde de Barcelona, resultado de la petición expresa de Fem Rambla. Su propósito era exponer el informe final de propuestas e intentar llegar a un acuerdo que comprometiera al consistorio a tener en cuenta las aportaciones del proceso.
El resultado de esta reunión fue el compromiso de no iniciar las obras previstas ya licitadas, ni ninguna otra intervención en la Rambla, sin un acuerdo previo entre vecindad y distrito. Lo resaltable es que el acuerdo no se basa en el qué, sino en el cómo. Es decir, que la materia de debate es la participación en sí. El resultado ha sido la creación de una comisión entre el barrio y el Ayuntamiento para diseñar, impulsar y realizar la siguiente fase del proceso participativo que, en base a los resultados de Fem Rambla, debe consensuar el tramo final de la Rambla que llega hasta el mar.
Se trata de un nuevo reto y, en este sentido, de un nuevo experimento. Las claves del triunfo de este proceso han sido la existencia de un tejido vecinal fuerte, diverso y organizado, combinado con la presencia de personas con capacidades técnicas. Estas últimas han trabajado al servicio de la vecindad pero no actuando como simples mediadoras entre la administración y la ciudadanía, sino formando parte del propio grupo Fem Rambla. En esta segunda fase tendrán que ser los propios vecinos y vecinas quienes debatan cómo se consulta y cómo se construyen consensos. Queda por ver si el Ayuntamiento estará a la altura de tal proceso.
Mientras tanto, seguiremos reapropiándonos de las calles y activando “gamonales” para retomar la participación política como motor de cambio de nuestros barrios y ciudades.
 

Laia Forné Aguirre
Colectivo [urbanIN+] – Urbanisme Inclusiu

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