Des(a)nudar los feminismos

Nos encontramos con un feminismo autónomo que se debate entre la necesidad de salir de la burbuja feminista, de trazar alianzas y redes más amplias para luchar contra las políticas neoliberales y generar alternativas... frente a la realidad de un feminismo mediático o institucional y de partidos incapaz de articular una agenda que vaya más allá del aborto y de la violencia machista en las parejas heterosexuales.

Miriam Solá y Ana Burgos | Activistas feministas e integrantes de La Centrifugadora en Diagonal Periódico


Asistimos a un momento de especial visibilidad y legi­timización social de los mo­vimientos feministas. Senti­mos que el 15M supuso un punto de inflexión, un momento disparador que generaba interesantes ­condi­ciones de posibilidad para la incorporación, e incluso la transversalización, de las reivindicaciones feministas en la agenda política. En los últimos meses, la Marea Violeta, el Tren de la Libertad o la ‘marca Fe­men’ dan cuenta, además, del impacto mediático que ciertos feminismos están consiguiendo. Asimismo, las masivas manifestaciones del 8 de marzo o el rechazo de la ciudadanía a uno de los mayores retrocesos en los derechos de las mujeres, como el que supone el anteproyecto de contrarreforma de la Ley del Aborto, constituyen fenómenos de los cuales los medios de comunicación, hegemónicos y alternativos, se están haciendo eco.
Pero esta reciente visibilidad también ha hecho saltar las alarmas y emerger viejas tensiones en los sectores feministas autónomos y más críticos con el feminismo institucionalizado. Como señalan las activistas de ReCrear el 8 de Marzo, de Madrid, “nos dimos cuenta de que el 8 de marzo estaba siendo cooptado por instituciones y partidos, y decidimos recuperarlo”. Dicha institucionalización, por un lado, le hace el juego a un poder que precariza nuestras vidas y que tiene formas de hacer y gestionar los recursos que a muchas no nos representan. Por otro, conlleva la aceptación de la vulneración de los derechos que esas mismas instituciones ejercen amparándose en la supuesta crisis económica: generación de leyes y reformas insuficientes, conservadoras y antisociales; incumplimiento sistemático de las ­leyes de igualdad, dependencia, violencia, reproducción asistida, etc.
Así, nos encontramos con un feminismo autónomo que se debate entre la necesidad de salir de la burbuja feminista, de trazar alianzas y redes más amplias para luchar contra las políticas neoliberales y generar alternativas... frente a la realidad de un feminismo mediático o institucional y de partidos incapaz de articular una agenda que vaya más allá del aborto y de la violencia machista en las parejas heterosexuales.
Y sí, somos conscientes, como bien nos enseñan muchas hermanas latinoamericanas, de que el binarismo institucional-autónomo es reduccionista, simplificador e insuficiente para explicar las realidades complejas y porosas de los feminismos. Pero también es cierto que, en gran medida, opera y tiene consecuencias. En este contexto situado, hay una línea que separa lo visible y lo mediático de lo invisible y lo periférico, que pasa por la estrategia política, por una cuestión de recursos, de accesibilidad y de redes, pero también por el tipo de demandas que se articulan y por las prioridades políticas. Muchas voces expresan la necesidad de trabajar una agenda feminista conjunta. Pero ¿se han generado las condiciones de posibilidad para que se dé un dialogo simétrico y horizontal entre todas las agentes implicadas en los feminismos? ¿Está teniendo lugar ese diálogo? En caso afirmativo, ¿se están teniendo en cuenta la realidad de las migrantes, los derechos de las trabajadoras del sexo, la patologización de las personas trans, los derechos sexuales y reproductivos de las lesbianas...? Nos hacemos estas preguntas que no acertamos a resolver, pero sí olemos hegemonías, discursos céntricos que se imponen, realidades que solapan a otras.
Por todo ello, apostamos por agendas compartidas siempre que se expliciten las desigualdades de poder entre nosotras y se establezcan mecanismos para trabajarlas y eliminarlas. Siempre que se compartan unos básicos referentes a la autogestión y la autonomía. Siempre que luchemos por generar las condiciones que permitan que hablemos todas, todxs, y se recojan nuestras demandas. 
Apostamos por agendas compartidas siempre que se expliciten las desigualdades de poder entre nosotras
Por eso nos gustan iniciativas como la de ReCrear el 8 de Marzo de Madrid o la Vaga de Totes, promovida desde Bar­celona, que, además de en la cuestión del aborto y de la violencia machista, se centran en temas como la salud, el trabajo reproductivo y de cuidados, o la vulnerabilidad. Tam­bién ponen el acento en cómo afectan a las mujeres cuestiones como las reformas laborales, o el racismo implícito en las políticas migrato­rias. También apostamos por ­espa­cios como el Octubre Trans y las Jorna­des Feministes Autòmo­mes Se Va Armar la Gorda de Bar­ce­lona, que amplían las agendas feministas.

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