Los diarios de campo

Des del projecte #hackeaelaula (Animació Sociocultural Ribot i Serra) hem començat a escriure el nostre diari de camp col·laboratiu: pràctica d'investigació social, agenda grupal i instrument d'invesluació (Investigació + avaluació creativa! Repensar l'avaluació com una creació, como una oportunitat per a motivar i seguir aprenent).

Es frecuente que a la hora de redactar un proyecto y llegar al punto en el que hablamos de evaluación destaquemos la labor de recogida de información y análisis de datos. Entonces nos surgirá una pregunta ¿cómo realizar la recogida de información? Queremos hablar en este artículo sobre los diarios de campo y su utilidad en el seguimiento de actividades.




Según Pilar Jimeno , “un diario de campo está a medio camino entre una agenda, literatura epistolar y un esquema de trabajo” (1). Vamos, una especie de carta dirigida a quien la escribe puesto que ¿incluiremos esa información en nuestra memoria final? Posiblemente no, pero veamos algunas ventajas de esa tarea:

- nos obliga a reflejar lo recientemente realizado y por tanto,
- nos provoca una reflexión que aunque sea en caliente nos resultará bastante útil para lo que denominamos evaluación de proceso.

El diario de campo pertenece al campo de la sociología cualitativa y tiene como principal característica la observación participante a la que se le añaden análisis cuantitativos y otros sobre las condiciones locales y la naturaleza de la actividad de que se trate. A ello hay que añadir otras técnicas etnográficas como conversaciones (más o menos formales y que pueden derivar en entrevistas), entrevistas estructuradas (con cuestionario), relaciones con agentes clave (quienes pueden proporcionar información más completa o útil sobre aspectos de interés) así como estrategias de investigación emic (basada en conocer la perspectiva e intereses del colectivo con quien trabajemos) y enfoques etic (basados en nuestras propias percepciones)… De alguna forma, quienes trabajamos en intervención social y participamos de la corriente metodológica denominada IAP (Investigación-Acción-Participación) debemos llegar a convertirnos en nativos, en “iguales” si queremos ser aceptadas y reconocidas y no ser consideradas personas alejadas de los intereses reales de la población con quien compartimos un proyecto. Recordemos algunas de las bases conceptuales y operativas de la IAP:

a) El punto de partida es la realidad concreta con la que se trabaja.
b) El objetivo es establecer relaciones horizontales y antiautoritarias.
c) La prioridad son los mecanismos democráticos en la división del trabajo.
d) Se impulsan procesos de aprendizaje colectivo a través de prácticas grupales.
e) Se estimula la organización de grupos y organizaciones para la transformación de la realidad social a beneficio de la sociedad en su conjunto.

Y llegado este punto, posiblemente pensemos ¡demasiada tarea con lo que tengo yo encima de la mesa! Es cierto, es un trabajo intenso y que lleva su tiempo. Ahora llega el momento de poner en la balanza beneficios/costes, cuánto avanzamos y crecemos en nuestro trabajo si realizamos un buen seguimiento de las actividades que realizamos y no nos quedamos en un mero informe cuantitativo donde posiblemente sólo reflejemos el número de participantes, edad y sexo (y a veces ni siquiera eso).

Tenemos un reto por delante, ¿nos atrevemos? ¿Tienes elaborado un diario de campo sobre alguna actividad y quieres que lo publiquemos? Comparte tus opiniones y difunde si consideras de interés estas reflexiones.

Bibliografía
(1) Pilar Jimeno Salvatierra, “Los diarios de campo” en “Etnografía. Metodología cualitativa en la investigación sociocultural”, 1995, Editorial Boixareu Universitaria Marcombo, Barcelona.
C.P. Kottak, “Antropología cultural. Espejo para la humanidad”, 2000, Editorial McGraw Hill, Madrid.
Thomas Barfield (ed.), “Diccionario de Antropología”, 2001, Edicions Bellaterra, Barcelona.

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