Hacia una máquina de guerra en el mundo del trabajo

Nuestra esperanza sólo está en nosotros, en poder crear, poner en común y construir lo que deseamos. No esperemos que venga nadie a salvarnos porque cada día está más claro que estamos solos. Sindicatos para el 99%, cooperativas de trabajo y nuevas herramientas que conquistan derechos esas son las conclusiones del movimiento.
El 1% vio el “Club de la Lucha” y sabe que están atacando a la gente de la que dependen, por ello pensemos por un momento: ¿Cuánto dinero perderían las cadenas de ropa si por un día todas las dependientas fueran bordes y no ayudaran ni incitaran a comprar?
Ignacio Martín Pina, miembro de la Oficina Precaria en Madrilonia


En este periodo podemos afirmar que la reforma laboral ya está dando sus frutos. La verdad que les ha costado desde que en 1980 se aprobó el Estatuto de los Trabajadores hasta 2012 en que la CEOE conseguía prácticamente todas sus peticiones históricas. Treinta y dos años para construir un modelo laboral en que la noción de precariedad, la entendamos como inseguridad, como forma de control de la clase trabajadora o como modelo laboral post fordista, sea el modelo generalizado.
Esto lo han logrado manteniendo los convenios colectivos y los contratos indefinidos que en el imaginario colectivo siguen siendo las barreras a los desmanes.
Para ello se han roto tres consensos de lo que entendíamos por relaciones laborales: El despido de un trabajador indefinido era muy caro, el convenio colectivo era un escudo de las condiciones mínimas y los niveles salariales eran fijos.
Al final los despidos no sólo es que sean baratos si no que están subvencionados vía FOGASA; del convenio colectivo si no te descuelgas es porque no quieres y los niveles salariales pueden cambiar casi como el que cambia de sede de la empresa. Entonces qué diferencia hay entre un trabajador y un precario: El sindicato y que al menos tiene convenio (no fijo, pero algo hay).
Pero es que de repente un día de verano vimos cómo miles de convenios colectivos desaparecían. La ultractividad ya no operaba y pese a los esfuerzos de los sindicatos por renovar los convenios que caducaban muchos no se firmaron… La duda es cómo no fueron más si lo que le ofrecían a la empresa era no hacer nada y dejar que los convenios caducaran sólo para volver a las condiciones del Estatuto de los Trabajadores y al Salario Mínimo Interprofesional para todas las categorías.
Además ahora muchos lo saben y cada vez cuesta más sentar a negociar a estas patronales, que aun no ven clara la reforma porque los jueces la interpretan siempre en favor del trabajador.
Pero aun se sientan… qué tozudos, ¿No se dan cuenta que la Ley está totalmente de su lado?
Es que en el mundo del trabajo, aun que algunas veces se nos olvide, sigue habiendo dos partes y ambas tienen poder. La patronal, como Warren Buffet, sabe que hay una lucha de clases y sabe también que ellos han empezado la ofensiva, pero son estratégicos y van poco a poco.
Saben que, aun siendo todos precarios, algo de músculo nos queda y que además conocen mejor que nosotros cómo funciona el mercado de trabajo. Porque aun que es cierto que hay miles de trabajadores dispuestos a aceptar un curro precario, a nuestro quehacer le hemos puesto mucho de nosotros y nadie sabe mejor que tú cómo va tu ordenador, ni qué camino es más corto ni esa táctica tan buena con la que no hay venta que se te resista.
Somos una economía del conocimiento y eso no significa que todos seamos muy listos, significa que en nuestros empleos es tan importante la tarea concreta como los conocimientos que para ella aplicamos (todo tipo de conocimientos incluso las cosas de poner en el curriculum como ser bueno trabajando en equipo, tener don de gentes o tener iniciativa propia).
El 1% vio el “Club de la Lucha” y sabe que están atacando a la gente de la que dependen, por ello pensemos por un momento: ¿Cuánto dinero perderían las cadenas de ropa si por un día todas las dependientas fueran bordes y no ayudaran ni incitaran a comprar?
Estas son las preguntas que en el mundo del empleo tenemos que hacernos. Tenemos que aprender de las plazas del 15M y de las luchas del pasado, es necesario preparar cual es nuestra respuesta en este nuevo escenario laboral.
Estamos aprovechando el impass porque es una oportunidad, el movimiento está haciendo retrospectiva, pero no la está haciendo en casa como tras la Guerra de Irak y el gobierno socialista. Es una retrospectiva real: Un impasse dentro del 99% que nos ofrece alternativas electorales en ciernes, obras sociales reales e incluso tejido productivo para el común.
Tenemos entre manos un impasse que nos promete una marcha de desempleados sobre Madrid impulsada por un sindicato que expropia a los poderosos y desobedece ante la desigualdad, un impasse que habla de proceso constituyente con nuevos derechos, una pausa que propone un modelo alternativo de ciudad y de Estado…
Los precarios ya no somos un grupo que está al lado de los trabajadores, no somos una clase social aparte como algunos nos dibujan, los precarios somos el 99%. Somos los que tenemos que vivir en el alambre, los que pagamos diariamente los recortes en servicios públicos y los que nos debatimos entre el desempleo y el trabajo de mierda. Somos los que tenemos precariedad, por definición, y es que hoy ni los maestros saben realmente que pasará con su vida el año que viene pese a oposiciones y sindicatos. Ante la tormenta de la Troika la precariedad aparece ya como la única forma de control, el miedo a perdelo todo sin tener nada.
Nuestra esperanza sólo está en nosotros, en poder crear, poner en común y construir lo que deseamos. No esperemos que venga nadie a salvarnos porque cada día está más claro que estamos solos. Sindicatos para el 99%, cooperativas de trabajo y nuevas herramientas que conquistan derechos esas son las conclusiones del movimiento.
Hemos vuelto a los cuarteles de invierno para armar nuestra máquina de guerra: Conquistemos la primavera.

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