Criar sin mapas. Reflexiones feministas sobre la maternidad

Imaginemos que vas a ser madre. O que lo estás pensando. Y eres feminista. Tu imaginario está poblado de distintos modelos de maternidad y probablemente no te reconozcas en ninguno. Así comienza tu búsqueda de referentes que te sirvan en ese camino hacia lo desconocido.
Grupo feminista de discusión en torno a la crianza en Diagonal

La idea de maternidad como esclavitud y encierro permanece en el inconsciente colectivo; no hay que olvidar que uno de los grandes logros del feminismo ha sido desvincular la sexualidad de la reproducción
Primero buscas en los discursos feministas y encuentras que éste sigue siendo un tema controvertido. La idea de maternidad como esclavitud y encierro permanece en el inconsciente colectivo; no hay que olvidar que uno de los grandes logros del feminismo ha sido desvincular la sexualidad de la reproducción.

En la otra cara, ser madre se representa como la plenitud de la experiencia femenina.Además, la maternidad como práctica revuelve nuestros grupos feministas y activistas, tanto a las que parimos como a las que no. Los planes se dividen y lo que antes se compartía parece ahora más difícil. Unas esgrimen que las madres dejan de poner energías en el proyecto colectivo para ponerlas en el privado, las otras denuncian que los espacios políticos hiperproductivos de la militancia no son compatibles con la crianza.
Vuelves a abrir el mapa para orientarte, y te encuentras con los discursos sobre crianza. Hay fundamentalmente dos modelos: uno, el dominante, donde el bebé se ha de acoplar al ritmo adulto. Otro, el de crianza con apego, que surge como alternativa y busca respetar los tiempos que marcan las bebés. Ambos modelos cuentan con expertos que dicen a las madres y padres qué es lo que tienen que hacer y cómo, con la correspondiente culpabilización de quien no sigue estos consejos. Pronto descubrirás que las madres comienzan a estar en tela de juicio desde el embarazo. Tu barriga se convertirá en un espacio ‘público’ sobre el que todo el mundo podrá emitir opiniones o juicios, lo que continuará con la persona recién llegada.
Pronto descubrirás que las madres comienzan a estar en tela de juicio desde el embarazo. Tu barriga se convertirá en un espacio ‘público’ sobre el que todo el mundo podrá emitir opiniones o juicios
En muchos casos la balanza se inclina hacia el modelo de crianza natural. De este paradigma hay muchas prácticas rescatables, dado que ponen el cuidado en el centro. Sin embargo, este modelo también coloca a la mujer como cuidadora exclusiva del bebé, lo que además ha de hacerla sentir plena y feliz. Por lo tanto, ¿cómo nosotras, mujeres feministas, hemos aceptado de forma tan acrítica un modelo de crianza que nos coloca en un lugar tan difícil? En el contexto actual de crisis económica, esta pregunta despierta nuevas sospechas: ¿no será también que interesa que las mujeres vuelvan al hogar?

Partiendo de este punto de vista y de nuestras experiencias, creemos que algunos aspectos de la crianza con apego son problemáticos. Frente a ellos, proponemos diversos ingredientes para la crianza y que cada cual haga su guiso. No queremos construir un nuevo paradigma.No existe una forma ‘correcta’ de criar, depende de las necesidades de cada situación, aunque es prácticamente imposible escapar de la contradicción.

Por un modelo sin mandatos

En primer lugar, el concepto de ‘natural’ resulta en sí mismo cuestionable, porque valora y justifica ciertas prácticas por una suerte de esencialismo. Lo supuestamente ‘natural’ se antepone a lo social en la escala de valores; pero las prácticas de la crianza con apego están tan socializadas como cualesquiera otras. Sobre estas prácticas (colecho, pecho a demanda, no vacunas, no escolarización temprana, etc.) existen debates intensos e incluso virulentos. Pero nos damos cuenta de que, si se asegura la vida digna de la criatura a partir del amor, el contacto y la escucha, ninguna de estas cuestiones es determinante para su felicidad y desarrollo. ¡Lige­reza frente al drama!
Cuando las necesidades del niño entran en conflicto con las de la persona cuidadora, ¿tiene sentido escuchar solo a una de las partes?
En segundo lugar, pensamos que escuchar y atender las necesidades de la criatura en todo momento puede suponer una ruptura estimulante con el modelo de crianza tradicional, basada en la jerarquía entre la persona adulta y la pequeña. Pero, cuando las necesidades del niño entran en conflicto con las de la persona cuidadora, ¿tiene sentido escuchar sólo las de una de las partes? El bebé cuenta, pero su madre también, más cuando a las mujeres se nos ha socializado para anteponer las necesidades ajenas a las propias.

La maternidad es una expresión máxima de esta entrega desinteresada y socializada de generación en generación. Para que ésta se disfrute es importante escuchar también los propios deseos. Se trata de atender las necesidades del ecosistema familiar interdependiente y entablar un diálogo para encontrar consensos diarios, donde las pócimas mágicas no existen.
En una organización social en la que los apoyos escasean, el estatus de madre como única responsable del bienestar material y emocional del bebé supone un nuevo mandato que, como una losa, nos ha caído a las madres modernas. Una responsabilidad que puede transformarse fácilmente en culpa. El desafío pasa por pensar formas de crianza y ecosistemas de convivencia que permitan que las mujeres que son madres también puedan mantener sus espacios propios y puedan gozar de tiempo para sí mismas.

Politizar la crianza

No queremos seguir hablando de todo esto de puertas para adentro. Es necesario pulverizar la frontera entre lo público y lo privado e impulsar el debate sobre los diferentes modelos de crianza, sobre cómo y quiénes cuidamos. La crianza (como la enfermedad o la vejez) constituye un buen lugar desde el que pensar en cómo gestionamos el trabajo de cuidados. Se trata de una cuestión fundamental si queremos construir sociedades que pongan en el centro las necesidades de las personas.
El estatus de madre como única responsable del bienestar material y emocional del bebé supone un nuevo mandato que, como una losa, nos ha caído a las madres modernas 
Y no basta con mirar sólo a los posibles modelos de crianza, cada cual en su casa, cada cual con su ecosistema familiar. La organización del trabajo, la distribución de los tiempos, las políticas de conciliación, el acceso a escuelas infantiles y colegios públicos, la sanidad, el urbanismo y los espacios públicos de encuentro... la dimensión social concreta la batería de decisiones ‘libres’ que tomamos continuamente al criar. No es suficiente con pensar, por ejemplo, en que hay que facilitar que la madre o el padre trabajen menos para poder cuidar, sino que necesitamos una organización del trabajo que integre y visibilice los cuidados de forma global y deje tiempo para disfrutar de los hijos, de las amigas y de la vida.

Los expertos te responden todo

Las madres y padres primerizos suelen recurrir a toda una pléyade de expertos que les dicen cómo tienen que cuidar, alimentar y dormir a los hijos en libros que se venden bastante bien. Eduard Estivill, con su superventas Duérmete niño, representa el modelo más tradicional de “meter a los niños en vereda”, mientras que Carlos González, Rosa Jové, Laura Gutman o Adolfo Gómez-Papí, hablan desde la crianza con apego, conocida también como crianza natural.

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