“Esto no es caridad, es solidaridad”. Apoyo mutuo y economía social en 3 Centros Sociales de Madrid

La solidaridad entre migrantes y colectivos de centros sociales como el Patio Maravillas, Seco o el Eko de Carabanchel se ha intensificado, y sus propuestas e iniciativas siguen enriqueciendo el tejido madrileño.

Julissa Jáuregui en Diagonal





“Quería tener, como algunos de mis amigos, algo importante que fuera mío”, cuenta Ibraima Dabo, joven de 28 años originario de Guinea Bissau. Llegó a Tenerife en barca tras un viaje de más de un año atravesando Guinea Bissau, Senegal, Mauritania, Sahara y Marruecos: “Sólo comíamos pan con sardinas y agua, algunos días no teníamos nada”. Tras pasar 27 días en el CIE (Centro de internamiento de Extranjeros) de Tenerife llegó a Madrid en 2005 y desde ahí a Portugal, desde donde regresó a Madrid en 2010.

Al no tener papeles y no hablar español le resultó difícil encontrar empleo. Una mañana, un compatriota le informó de que en el Centro Social Patio Maravillas daban clases de español. Ibraima se inscribió en este curso al que todavía asiste. En la situación precaria en la que se encuentra decidió, junto a otros jóvenes que frecuentan los talleres del Patio Maravillas, formar en 2011 una cooperativa de autoempleo con servicio de catering llamada Jumbo. En este catering se ofrece comida típica africana en reuniones y eventos. “Recuerdo que de niño pasaba por la cocina y decía ‘mamá tengo hambre ¿falta mucho?’ Ahora soy yo el que cocino”, ríe. “Nunca en mi vida voy a olvidar el Patio, han hecho muchísimo por mí. Los abogados me han sacado muchas veces de la comisaría, allí tengo las clases de español y nos ayudan con la cooperativa, se preocupan mucho por mí”, añade emocionado.

Un viernes, alrededor de las 22h., Ayoub Adam, estudiante marroquí de 18 años, está sentado marcando el teléfono. “Nada, hoy no hay suerte, no entra la llamada”. Llegó en 2010 junto a su madre y hermana. Él también frecuenta el Patio Maravillas para llamar gratis a sus amigos en Marruecos, asistir a algunas clases de baile o simplemente pasar el tiempo con sus colegas.

Johnattan Rupire, peruano, es especialista en Inmigración y una de las personas que gestiona este centro. Resalta que, desde 2007, la Oficina de Derechos Sociales (ODS) ofrece actividades como asesoría jurídica para inmigrantes, clases de castellano, campañas dirigidas al cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros y el fin de las redadas racistas. “Todas las actividades son gratuitas por naturaleza, no se entiende de otra forma, la idea es generar riqueza, flujos de información para el procomún, esto es de todas y todas lo utilizamos organizadamente”.

“Hay que pensar que los problemas de mi vecino son mis problemas”, dice uno de los miembros que conforman la Plataforma de Afec­tados por la Hipoteca. Es martes por la tarde y unas 50 personas, en su mayoría inmigrantes, se reúnen en el Centro Social Seco para recibir asesoría colectiva y gratuita, ante la posible pérdida de sus viviendas. Tras una breve explicación se pasa a la ronda de preguntas. Carlos Romero, ecuatoriano, es el primero en explicar su caso. “Mi hipoteca era con Bankia, al no saber cómo afrontar la situación contraté a una abogada a la que pagué un total de 5.300 euros. Yo le pedía recibos de los pagos que iba haciendo a la abogada, pero ella me decía que no era necesario. Un día me llamaron del banco y me dijeron que mi casa ya no me pertenecía, allí me di cuenta de que la abogada no había hecho ningún trámite para impedirlo. Me quitaron mi casa, donde vivía con mis nietas”.

Jamina Azdad, marroquí de 36 años, viene a Seco porque su hermana le informa de las asambleas. Hace cuatro meses dejó de pagar a Caja España y busca como muchos la dación en pago, entregar la vivienda al banco a cambio de que la deuda quede liquidada. “Me bajaron el sueldo, las pagas extras. No llegaba a fin de mes porque tengo tres hijas que mantener. Aquí nos apoyan, nos orientan, estoy bastante informada”.

Banco de alimentos

Más de 40 personas se reúnen en el Centro Social EKO, que surge en el estallido del movimiento 15M tras la ocupación de un edificio abandonado durante más de 14 años.

Hoy, un miembro de la PAH asesora a los vecinos del barrio de Carabanchel. Hablan de las cláusulas abusivas que han sufrido por parte de los bancos y se informan de cómo recurrir estas penalizaciones. El EKO ofrece sus instalaciones a la Asamblea de Vivienda de Caraban­chel. Hay tres actividades del grupo de vivienda. Una es la ayuda en el marco jurídico ante los posibles desahucios, para realizar acompañamientos de negociación en los bancos contando con el apoyo de abogados para ello. Las otras dos son proyectos de apoyo mutuo: la tienda gratis y la de alimentación. La primera es una tienda de ropa en la que prima el intercambio equitativo y equilibrado. En el proyecto de alimentos participan personas en paro con problemas hipotecarios. Cons­iguen productos en los mercados, en los pequeños comercios más solidarios. Luego, cada uno de ellos recibe una cesta con los alimentos que han recolectado con mucho esfuerzo. Unas 30 cestas que corresponden a 30 hogares.

“La gente tiene mucha hambre, mucha necesidad. El que necesite alimentos tiene que comprometerse y apoyar en las actividades. No hay solución individual, la solución es colectiva”, afirma una de las personas que forma parte de este proyecto y que no quiere que se cite su nombre porque, comenta, sus palabras las puede decir cualquiera de las personas que participan.

Estos centros sociales se han convertido en espacios para combatir la crisis y recrear una alternativa al actual sistema en la que la colaboración, trabajo, compromiso, interculturalidad y solidaridad son claves para superar esta difícil etapa. Como dice Milton Aro, miembro de la PAH, “esto no es caridad, es solidaridad”.

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