La pasión educativa

Hoy quisiera hablarles de algo que sostiene todo acto educativo. No se trata de metodologías, estrategias o análisis. Algo más importante que lo fundamenta. Es la primera vez que quisiera compartir esta expresión: la pasión educativa. Como un invisible lingüístico, he ido escribiendo algo que, implícitamente, me constituye cuando elegí esta profesión compleja y fascinante a la vez. Es una confesión: quisiera compartir las razones por las cuales no elegí una profesión, elegí una pasión.


La pasión educativa implica que la motivación de enseñar y aprender, está en el mismo acto donde se transmite. Más allá de leyes u otros contextos, sigo sintiendo que una clase donde se produce esa transferencia maravillosa, puede justificar todo el esfuerzo y la decepción que, lo sabemos, este oficio conlleva. Más allá de cualquier debate educativo, sigo sintiendo que un alumno que ilumina un aprendizaje, es un alumno donde su vida está ampliándose. Ese acto me motiva por sí mismo: no necesito más.

La pasión educativa implica que hay una esperanza en cada acto, una lucha para mejorar esta condición humana ambivalente. El conflicto y la cooperación están entrelazados en cada individuo y grupo social. La educación sigue siendo esa pasión por moldear nuestra sensibilidad y conciencia, por mostrar que no hay nada irremediable en cada alumno. Todo alumno es una biografía que quiere escribirse una y otra vez, un abrirse al mundo donde podemos influir positivamente. Sigo sintiendo que el fracaso es un maestro de vida, algo más importante que toda evaluación: es la experiencia de que se ha iniciado un cambio.

La pasión educativa implica que somos cómplices de un proceso inevitable: el aprendizaje, la creación de sentido en la vida. Frente a todo determinismo, frente a todo pesimismo paralizante, nuestra libertad se puede compartir. No tuve héroes en mi infancia o adolescencia, tuve grandes maestros que transformaron mi vida. Pocos, pero suficientes para comprender que este oficio tiene una grandeza que, muchas veces, se desconoce o queda invisible en la biografía de cada uno. Toda sociedad que ignora o minusvalora a sus docentes, está definiéndose. Esa es nuestra tarea: volver a visibilizar aquello que nunca debió quedar olvidado.

Vuelvo a ideas escritas. La complejidad educativa que nos encontramos en cada aula y cada centro, requiere de tres palabras que valen más que cualquier ley educativa: formación, motivación y compromiso. Esos tres pilares deben construirse, no son solo voluntarismo: una construcción que implica una reorganización del sistema formativo y selectivo de nuestro país. No hay una apología vacía en lo que denomino pasión educativa: ésta implica responsabilidad concreta. Pero sin ella, todo lo demás no tiene sentido. Dicho de otro modo: frente a este mundo tan ambiguo y cínico, nuestra pasión no se negocia. 

Comentaris