Fue un asesinato, no un suicidio

Juan García Luján en Somosnadie
A las 9 y 20 de ayer, cuando la comisión judicial con el respaldo de la policía (personal pagado con dinero público) iba a entrar en la casa de M.A.E., una mujer de 53 años, para desahuciarla por el retraso en el pago de su hipoteca, el cuerpo de M.A.E. cayó al vacío y murió. No hablemos de suicidio. Fue un asesinato. No se tiró, en realidad la empujaron.


No tenemos muchos datos, pero si la historia de M.A.E. se parece a la de los 300 mil familias desahuciadas en los últimos años tendríamos que decir que a M.A.E. la empujaron primero de su empresa, y quizá se quedaría en el paro. Si se le ocurrió acudir a los servicios sociales de su ayuntamiento o de su Diputación quizá ahí también la empujaron cuando la metieron en una lista de espera o le dieron una ayudita que no daba para comer y pagar la hipoteca, tenía que elegir y quizá eligió comer.

Después cuando M.A.E. acudió a un abogado y éste presentó recursos, hubo algún juez o jueza que prefirió cumplir la ley a rajatabla y dar la razón al banco o caja que había denunciado a esta mujer. La denuncia siguió adelante y el juez se limitó a poner fecha. Y la fecha llegó este viernes 9 de noviembre a las 9 de la mañana. Y aquí llegó el último empujoncito. Agentes judiciales y policía que se acercaron a una casa a la que quizá no se acercaron los servicios sociales. Así funciona el sistema. Una gran diligencia policial y judicial para cumplir los plazos de la ley cuando denuncia la banca.

Ahora que el PP y PSOE se quieren apuntar la medalla de una ley antidesahucios, hay que recordar que estos dos partidos han gobernado en los años de mayores beneficios de la banca, y han convertido a España en uno de los estados con mayor desigualdad social de la Unión Europea. Y son los mismos partidos que en el Congreso de los Diputados se han puesto de acuerdo en muchas ocasiones para frenar iniciativas de la izquierda que pretendían frenar los abusos de los banqueros. Que además han permitido que en España no se cumplan las directivas europeas que pretendían frenar esos abusos, tal y como se acaba de denunciar desde Bruselas. Y por si fuera poco PP y PSOE eligieron a los miembros del Consejo General del Poder Judicial que cobran sueldos millonarios, mantienen vergonzosos privilegios y rechazan los informes que itentan frenar los abusos que la banca comete con sus desahucios.

Esto hay que empezar a contarlo así. Hay que pasar de la compasión y la lástima a la indignación. Y de la indignación a la propuesta. Hay que señalar a los banqueros que cobran millonarios sueldos por “asistir a reuniones”, como declaró en la Audiencia Nacional Juan Manuel Suárez del Toro, al que todavía no han echado de Cruz Roja, lo cual dice mucho de esta ong. Porque debería ser incompatible ser presidente de La Caja de Ahorros-Bankia que desahucia a pobres con ser presidente de una ong que se supone que está para defender a los pobres.

Pero es que en este sistema económico capitalista tan disparatado: los policías protegen a los ladrones (banqueros) y colaboran en los desahucios de los pobres. Por eso hay que decir a toda esa gente que ha dado un empujoncito a M.A.E. que si tienen conciencia sean insumisos, desobedezcan, que los jueces no firmen desahucios contra los pobres, que los agentes judiciales hagan huelga los días de desahucios, que la policía haga informes sobre los robos de los banqueros, que son indultados por los gobierno que dicen que se preocupan por los desahucios. En los años de la insumisión al ejército, hubo jueces y fiscales que se negaban a mandar a la cárcel a jóvenes cuyo “delito” era ser pacifista y no querer formar parte del aparato militar. Estamos ante situaciones parecidas que requiere valentía de la gente que tiene poder.

Esto no es un artículo periodístico. Esto es un grito indignado tras escuchar la noticia del último crimen del terrorismo bancario ocurrido en Barakaldo y no entender por qué lo llaman suicidio.

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