El aparato de guerra nómada del 15M

El 15M –revolución, diagnóstico, movimiento o proceso– es, entre otras cosas, la comprobación empírica de muchos conceptos de la cibercultura. Tras la explosión del 15M, la inteligencia colectiva, las multitudes inteligentes o el enjambre conectado bajaron de la nube de la teoría abstracta. Las ideas se han hecho carne. Los conceptos, acción.


Sin lugar a dudas, los franceses Félix Guattari y Gilles Deleuze, ambos fallecidos, se llevan la palma de oro de este festival llamado De la teoría a la práctica. Este dúo de pensadores, que escribían a cuatro manos, estarían boquiabiertos con el 15M. Su rizoma –una estructura subterránea, no jerárquica, de múltiples brazos– está vivo en la madeja de asambleas, grupos, acciones y ejes transversales del 15M. Su concepto N-1 (la resta que suma) da nombre a la red libre más usada del movimiento. Y su visión de una “máquina de guerra nómada” que lucha contra el “aparato estatal” es la esencia del día a día del 15M. 
Guattari y Deleuze, dos de los filósofos más influyentes del siglo XX, presentaron en Mil mesetas (1980) el aparato estatal y la máquina de guerra nómada como dos conceptos totalmente antagónicos. De un lado, el Estado que “controla las emigraciones, los actos disidentes y las pequeñas rebeliones”. De otro, una máquina de guerra nómada que combate para convencer, no para vencer.  El Estado intenta “estriar el espacio” (marcar los límites). El aparato de guerra nómada lucha por un espacio “liso” (un espacio abierto y sin límites fijos). ¿Existe una realidad que represente mejor el enfrentamiento de estos dos conceptos que el aparato estatal de un Partido Popular (PP) que no dialoga ni con la oposición y la guerrilla nómada de un 15M de mil caras?
Dibujo inspirado en la obra Mil mesetas de Félix Guattari y Giles Deleuze.
¿Cuando varios ciudadanos tiran orquestadamente de los timbres de alarma de vagones y paralizan la red de Metro es una simple gamberrada? ¿O dicha acción, #stopeltarifazo, una protesta contra la subida del precio del billete, es otra cosa? ¿El movimiento ciudadano #yonopago y sus acciones para que centenares de personas se cuelen simultáneamente en el metro o no paguen autopistas de peaje es un mero sabotaje?
Claramente no. Estamos asistiendo al choque definitivo que Guattari y Deleuze vislumbraron entre el Estado, “cuyo  fin es la guerra misma y su perpetuación sin fin”, y la máquina de guerra nómada “de producción imaginaria que no lucha apenas por recursos”.
De un lado, la máquina estatal de control y captura. De otro, una máquina de deslocalización y confabulación. “Los afectos atraviesan el cuerpo como flechas. Los afectos son armas”, escribían Guattari y Deleuze. Y por eso los ciudadanos que participan en MeMetro –una especie de cooperativa que liquida las multas de quienes no pagan el metro– están atravesados por algo que el Estado no entiende: la micropolítica de los afectos. Son parte de algo mayor. Yo MeMetro, tú MeMetras. Nosotros no pagamos.
Otro de los pensadores que anticipó algunos aspectos del 15M es Hakim Bey. Las acampadas de mayo de 2011 o algunos espacios autogobernados, como el Campo de Cebada de Madrid, dan vida al concepto de Zona Autónoma Temporal (conocida como TAZ por sus siglas en inglés), que es como “una operación guerrillera que libera un área y se autodisuelve para reconstruirse en cualquier otro lugar o tiempo, antes de que el Estado pueda aplastarla”.
En su reverenciado libro Utopías piratas: Zona Autónoma Temporal, Hakim Bey hace una definición de TAZ que coquetea con el aparato de guerra nómada: “La TAZ es un campamento de guerrilleros ontológicos: atacan y escapan. Mantén en movimiento a toda la tribu, aunque sólo se trate de datos en la Web. La TAZ tiene que ser capaz de defenderse: pero tanto el ataque como la defensa deben, siempre que puedan, eludir la violencia del Estado, que es una violencia sin sentido”.
Rizoma, espacios abiertos, redes de afectos, zonas autónomas temporales. No violencia. Máquinas nómadas que corroen las estructuras rígidas del Estado. El 15M como una suma de micropolíticas. Y por eso, cuando un conjunto de ciudadanos pone en marcha acciones como Cajero electoral para denunciar la dictadura de los mercados o Metro de lujo para ridiculizar la subida de tarifas del metro, estamos asistiendo a algo que supera a una acción de protesta.
#OccupyMordor, campaña del 15M Barcelona, es mucho más que una cacerolada vespertina frente a las torres de La Caixa. Cada acción, encadenada, enredada, forma parte de una constelación mayor. De una máquina de guerra nómada. De una Zona Autónoma Temporal que busca otra forma, otras reglas.



El Gobierno de Mariano Rajoy sigue enrocado en su democracia-monólogo. Da la espalda a la sociedad. A los partidos. Apenas escucha el runrún de los mercados que gobiernan Bankistán. Intenta imponer el ajedrez en un espacio estriado, con reglas jerárquicas y viejas. El 15M quiere jugar en los espacios abiertos del juego go. Despliega su no-jerarquía de peones para bordear, rodear, romper. El Estado de Rajoy representa el modelo arborescente (vertical, rígido). El 15M encarna el rizoma subterráneo e imprevisible. El PP intenta criminalizar al 15M. Busca a la cúpula. Y no ha entendido que se enfrenta a un cuerpo colectivo, a una máquina de guerra distribuida. A un movimiento, como escribió Franco Berardi “Bifo” en Generación Post Alfa, “del ocio y del sabotaje, de la substracción y de la lentitud, multiplicado por la infinita velocidad de la red”.

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