Sin padres no hay escuelas

F-058 Sin padres no hay escuela (P.y M.)
(Revista Padres y Maestros)
 
Dos preguntas a propósito de la participación de padres y madres en la escuela: ¿Por que no participan las familias según los cauces establecidos formalmente? ¿Quiénes son los interesados en que haya o no participación? No hay respuestas fáciles pues nos topamos con causas estructurales, factores ambientales, motivos personales y elementos socioculturales nada simples.

Primero, porque no se puede forzar a nadie a colaborar en algo si no quiere; y el mero hecho de que exista una legislación que regule la participación no implica que la realidad vaya a moldearse según las directrices del Ministerio,

Segundo, porque la pregunto sobre la participación obliga a replantearse tanto las relaciones asimétricas de poder (padres y profesores) como los prejuicios que incitan o inhiben la colaboración en el sistema educativo.

Tercero, porque indagar por el interés de la participación pide hacer un balance, evaluar con detalle los beneficios y los costos que su realización exige, El deseo más importante de las familias y de las escuelas es la educación integral de los hijos-alumnos. Pero, está claro que así como la cultura de la participación no se improvisa, tampoco se entregan espontáneamente ni el tiempo, ni el trabajo, ni se asumen los conflictos, las críticas y las complejidades como retos y no como obstáculos.

Y mientras se aclara entre todos qué se ha de entender por participación, colaboración o implicación, y, mientras se deciden las exigencias y los costos que habrá que asumir, cada uno desde su situación, se podrán seguir utilizando los cauces legales establecidos (Consejos Escolares, AMPAS, entrevistas, reuniones, etc.) logrando el mayor rendimiento posible, y optimizando las experiencias que ya existen (actividades paraescolares, de apoyo y refuerzo escolar, fiestas, etc.).

Si queremos alcanzar la participación de todos no como una mero ideología de consenso, ni como un programa de mínimas requeridos por la LOGSE, ni siquiera como simple recurso metodológico de aprendizaje; si lo que buscamos es algo más que una proclama de buenos intenciones, si queremos avanzar o profundizar en la propia filosofía de un centro abierto, entonces tendremos también que abordar la participación como un objetivo de enseñanza-aprendizaje mutuo, con unos contenidos definidos y estructurados.

Participación de las madres y también de los padres, más en la práctica que en la teoría, no solo formalmente sino también en ¡a clase, en los pasillos, en los patios, en casa. Y, sobre todo, con bastante paciencia, porque también a participar se aprende lentamente.

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