Desarrollo comunitario radical, según Margaret Ledwith

Javier Segura del Pozo en Salud Pública y algo más.
Dentro de la serie de Desarrollo comunitario (DC) que empezamos la semana pasada (ver Desarrollo comunitario-Community development ), hoy presentamos (y recomendamos) un libro, que expone una visión radical del DC: Margaret Ledwith. Community development. A critical approach. Ledwith, una trabajadora comunitaria con amplia experiencia en la intervención en vecindarios humildes del corazón de Inglaterra, apuesta por un enfoque del DC, en el que el análisis del poder y las formas de dominación-discriminación, presentes en cada comunidad, ocupan un eje central en su práctica transformadora. Desde tres referentes nucleares: la pedagogía revolucionaria de Paolo Freire, el concepto de hegemonía de Gramsci y la denuncia feminista de la dominación en el ámbito interpersonal, construye una praxis (unión de teoría y práctica), que fomenta el despertar de la apatía de los dominados, su pensamiento crítico y la autonomía y el cambio de las comunidades. El análisis de la comunidad (“Community profiling”), implicando a la misma, es el primer paso para un proyecto de acción. La matriz de opresión es uno de los instrumentos de organización de este análisis

Margaret Ledwith
 La autora es una de las más prestigiosas practicantes y enseñantes del DC en el Reino Unido. Partiendo del mundo de la enseñanza (de joven fue maestra), su trabajo con refugiados vietnamitas en Escocia,  despertó su sensibilidad frente a la discriminación presente en occidente, y la animó a completar un Master en DC por la Universidad de Edimburgo. Su contacto con diferentes docentes, especialmente algunos especializados en educación de adultos, le llevaron a conocer las teorías de Freire y Gramsci, entre otras, a la vez, que iba empapándose de los enfoques del movimiento feminista. Con este bagaje e inquietud, construyó un enfoque radical y anticonformista del trabajo con las comunidades, desarrollando durante una década un activismo comunitario de base (grassroots activism) en contextos socialmente deprivados y multiculturales del área de Manchester. Su práctica se situa temporalmente durante las políticas tatcherianas de erosión y desmontaje del estado del bienestar de los años 90, y durante la recientemente terminada era del “Nuevo Laborismo”, en la que el DC volvió a merecer la atención de las autoridades (aunque desde un difícil intento, según la autora, de compatibilizar libre mercado con DC). Actualmente vive en su ciudad natal de Lancaster, siendo profesora de DC en el St. Martins College. Su anterior libro, Partcipating in transformation, se convirtió en un texto clásico para la formación en DC.


DC radical

Ledwith defiende en su libro[1] lo que llama DC radical, que se resume en cinco puntos:
  1. El compromiso del DC radical con la acción colectiva hacia la justicia social y ambiental
  2. Esto se inicia mediante un proceso de empoderamiento a través de la concienciación crítica, y crece a través de la participación en los asuntos locales
  3. Un abordaje critico requiere un análisis del poder y la discriminación en la sociedad
  4. El análisis necesita ser entendido en relación a las ideas dominantes y el contexto político más amplio
  5. La acción colectiva, basada en este análisis, debe enfocarse a las causas originarias (o “radicales”, referidas a que están en la raíz) de la discriminación, más que a los síntomas.

El DC comienza en las vidas cotidianas de la gente. Esta basado en un proceso de educación critica que anima a la gente a preguntarse por su realidad (el poder del cuestionamiento, aprender a preguntar). La acción colectiva siempre esta basada en los principios de democracia participativa y debe ser muy vigilante de los mecanismos mediante los que se infiltra el poder (incluso, en los propios activistas) y se reproducen los hábitos de dominación y discriminación. En un proceso de acción y reflexión, el DC crece a través de una diversidad de proyectos locales que encaran las necesidades sentidas de la comunidad. A través de campañas, redes y alianzas, esta acción se expande más allá del nivel local, alcanzando una dimensión global, que puede transformar las estructuras de opresión, que empobrecen las vidas a nivel local. El abordaje crítico requiere la unidad de teoría y práctica (praxis)


Tres referencias centrales: Freire, Gramsci y el feminismo

 Como hemos dicho antes, Ledwith da mucha importancia a la práctica y a la acción (está en contra de “la revolución de sillón”-armchair revolution). Pero, a la vez, siente la necesidad de tener una sólida base teórica, críticando  la acción no reflexiva. Éste sostén teórico lo construye a partir de tres referentes centrales, a partir de los cuales, realiza una síntesis, sobre la que construye su enfoque radical :

  1. Paolo Freire y su pedagogía crítica. De Freire obtiene varias ideas centrales. Una de ellas, es que la mejor forma de sacar a las comunidades de su apatía (frente a la explotación y la discriminación) es trabajar sobre la relevancia: sobre aquello que es relevante o importante en el día a día. La gente pone en juego su energía, y entra en un proceso de aprendizaje y de cambio, si encuentra que la cuestión puede ser relevante para cambiar su vida (tema generativo). Por ello, hay que trabajar desde la base, desde los problemas cotidianos. A partir de ellos, favorecer que se hagan preguntas (problematización) y se abra un dialogo, que permitan llegar a lo abstracto a partir de lo concreto (sin perder sutilidad), llegar a descubrir los determinantes de la dominación mas amplios y aparentemente lejanos, a partir de la experiencia más local y cercana. Para capturar la realidad cotidiana podemos usar dibujos, fotografías, dramatizaciones, narrativas, etc., que permiten codificar la realidad y facilitar el debate sobre la misma. Este proceso pedagógico, también denominado concientización, debe ser no autoritario (la autoridad del profesor), bidireccional y su objetivo es crear pensadores críticos y comunidades autónomas, a partir de la construcción de la autoestima y la identidad comunitaria. La educación no puede ser neutral: o es domesticadora o liberadora.
  2. Antonio Gramsci y la hegemonía. De Gramsci saca la necesidad de que nos interroguemos por las razones de la resiliencia del capitalismo y de la complejidad de los sistemas de dominación. La hegemonía, como el medio de dominación de una clase sobre la masa de población, no solo se consigue con la coerción, sino a través de formas de persuasión ideológica (el poder de las ideas) que se interiorizan y aparecen como algo propio del sentido común. Por lo tanto, permean y determinan los aspectos mas familiares e interpersonales, y acaban por justificar la dominación (al situarse esta en el sentido común). De ello, saca la idea de que lo personal es político. Las reformas (políticas) no tendrán potencial transformador, si no van aparejadas a un cambio colectivo en la visión del mundo. En la construcción de esta nueva visión crítica, los intelectuales tienen un papel fundamental.
  3. Feminismo. También parte de la idea de que lo personal es político. La mujer tiene que enfrentarse con, al menos, dos formas de dominación: la que viene de la clase dominante y la de la hegemonía masculina. Esta se ejerce en un campo aparentemente no político, como es el mundo familiar o laboral, a través de los roles sociales naturalizados.  Frente a los que enfocan el cambio a luchar contra la hegemonía de clase, el feminismo pone el acento en la hegemonía de género.


Perfilando la comunidad (“Community profiling”)

El trabajo en la comunidad se facilita si se realiza un análisis previo detallado de ella (profiling). Este análisis se realiza no solo recogiendo información estadística o documental, sino escuchando las voces de la población. El análisis implica varios niveles, en cada uno de los cuales nos planteamos diferentes preguntas:
A)     Individual: escucharemos a los individuos y nos preguntaremos cuáles son sus preocupaciones, miedos, resentimientos, alegrías y esperanzas ¿Qué es lo que les afecta más en sus vidas? Estas emociones son la clave para encontrar su motivación para la acción.
B)     Grupal: ¿Qué es lo que une a la gente? ¿Cuál son los diferentes intereses representados en los grupos y entre ellos? ¿Cuán activos son los grupos? ¿Cuales son los éxitos conseguidos mediante la acción grupal?
C)    Comunitario: ¿Qué es lo que hace a la gente sentirse parte de la comunidad? ¿Qué diversidad hay en la cultura local? ¿Cuáles son las habilidades de la comunidad? ¿Cuál es la base de la economía local? ¿Qué ha cambiado en los últimos años?
D)    Estructuras/instituciones: Autoridades locales, políticas locales, servicios locales, su eficiencia, planes en marcha, si benefician o perjudican los intereses locales
E)     Contexto social más amplio: ¿Quién representa a la comunidad en el gobierno local, regional o nacional? ¿Cómo están reflejadas las políticas y las tendencias regionales, nacionales o globales en la comunidad?

El análisis preliminar debe ser presentado a la comunidad para favorecer su implicación en nuestra acción y estimular el pensamiento crítico. Para ello, nos podemos servir de imágenes, videos, dramatizaciones, etc. que faciliten y sinteticen el material recogido y los conceptos implicados, y que estimulen el debate y la búsqueda de alternativas de acción. 


La matriz de opresión

El estudio de la comunidad debe incluir un análisis del poder y las formas de dominación presentes en la misma. Para ello, Ledwith propone un modelo tridimensional, que se mueve a través de tres ejes:
a)      La diferencia (etnia, clase, genero, edad, discapacidad, religión, orientación sexual, etc.): expresa la dimensión de la desigualdad y dominación-discriminación a tratar
b)      El contexto (familia, lugar de trabajo, escuela, barrio, grupos comunitarios, sindicatos, gobierno, etc.) en que se expresa esta dominación.
c)      Los niveles (local, nacional, global, etc.) donde se sitúan, se expresan o tienen su origen estas formas de dominación.

Combinando estos tres ejes, se obtiene el “cubo de Rubik” del esquema adjunto que representa una matriz de lugares de opresión, que nos permite organizar el análisis del poder en la comunidad antes de planear la acción.



 matrix domination
Figura 4: Lugares de la matriz de las formas de opresión (“Loci of oppressions matrix”). Fuente: Margaret Ledwith. Community development. A critical approach. A BSW/Policy Press title. Bristlo, 2008. Pag 167


El cubo o la matriz visualiza las diferentes combinaciones de opresión posibles y organiza la formulación de las siguientes preguntas: ¿Qué dimensiones de la desigualdad (etnia, clase, género, etc.)  existen a nivel local, regional, nacional, y en cada uno de los contextos (familia, trabajo, escuela, etc.)?  ¿Qué formas de dominación y discriminación implican?

¿Os imagináis incluir el análisis del poder y las formas de opresión cómo un epígrafe más (aunque probablemente uno de los centrales) de nuestros “clásicos” diagnósticos de salud comunitaria? ¿Alguien lo ha hecho y se anima a contárnoslo? 
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Este post forma parte de la serie “Desarrollo comunitario”, escrito por Javier Segura del Pozo, que lleva las siguientes entregas publicadas hasta ahora:
  1. Desarrollo comunitario-Community development
  2. Desarrollo comunitario radical, según Margaret Ledwith
  3. Las uniones de crédito (”Credit union”)
  4. Las comunidades compasivas: el bienestar en el  final de la vida
  5. Food mapping: midiendo el acceso a alimentos saludables


[1] Margaret Ledwith. Community development. A critical approach. A BSW/Policy Press title. Bristol, 2008. Desgraciadamente, que yo sepa, no está traducido al castellano, ni a ninguna otra lengua del Estado Español.

Comentaris

Jaume Gatell ha dit…
Tratado para radicales. Manual para revolucionarios pragmáticos

de Saul Alinsky
Jaume Gatell ha dit…
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